ESTUDIOS  

ANÁLISIS DE LA INESTABILIDAD ECOLÓGICA DESDE
LA TEORÍA DE SISTEMAS DE JÜRGEN HABERMAS

   


Javier Romero Muñoz [*]


A mi maestro intelectual José María García Gómez-Heras


 

1. Introducción

El final de la segunda Guerra Mundial trajo consigo un periodo de gran prosperidad para el mundo occidental. La teoría económica keynesiana, no tanto desde la ortodoxia neoclásica sino a partir de la publicación de Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936), incentivó un rápido crecimiento que precisaba de un coste mayor de energía y materias primas. El crudo se situó por delante del carbón como fuente de energía global, abriendo paso a una nueva era que se mantendría estable hasta las crisis del petróleo de los años setenta. Se sabía (por medio de la comunidad científica y de algunos intelectuales) que los combustibles fósiles eran un recurso finito, pero apenas afectó al optimismo general. El Estado del bienestar -como premisa keynesiana- junto con la expansión de la riqueza a través de los combustibles baratos obtenidos del petróleo y el carbón, hacían posible, después de dos guerras mundiales, una estabilidad que imposibilitaba prever una crisis ecológica mundial. Solo unos pocos autores, como Rachel L. Carson en su obra Primavera silenciosa (1962), empezaron en los primeros años de la década de los sesenta a denunciar la problemática ambiental mediante escritos divulgativos[1]. A partir de las primeras denuncias se empezaron a formular investigaciones sobre el impacto del ser humano en el medio ambiente que dieron lugar a varios informes, a partir de estudios empíricos, sobre el deterioro ambiental. Así surgió, entre otros, Los límites del crecimiento (1972), informe pionero que no pasará inadvertido para el pensador alemán Jürgen Habermas (1929- ) a la hora de estudiar la lógica interna del capitalismo en su obra Problemas de legitimación en el capitalismo tardío (1973). Hay que señalar que el capitalismo analizado corresponde a un capitalismo controlado que se detuvo bruscamente ante las graves crisis económicas de los años setenta, posibilitando el ascenso del paradigma económico neoliberal.

 

2. Los límites del crecimiento. Un informe del Club de Roma

En medio del optimismo del crecimiento económico, Aurelio Peccei se preguntaba cómo es posible que solamente el 20% de la humanidad pudiera vivir en condiciones de vida digna tras una economía de producción como la desarrollada en los últimos años. Para dar respuesta a su pregunta, este empresario italiano reunió a una serie de científicos, filósofos, sociólogos y economistas a finales de los años sesenta en la Accademia dei Lincei de Roma para analizar profundamente la realidad. Se estaba fraguando el conocido posteriormente como Club de Roma[2]. Al mismo tiempo que Peccei analizaba cuestiones de índole económica y política, otros autores analizaban el mismo problema desde otra perspectiva. La explotación de los recursos naturales había sido estudiada anteriormente tanto desde el análisis empírico de los límites de la producción (M. King Hubbert: Energy from Fossil Fuels, 1949) como desde el modelo cualitativo a partir de la teoría de juegos (G. Hardin: The Tragedy of the Commons, 1968). Sin embargo, estas primeras aproximaciones no tuvieron la solvencia necesaria para alarmar a la Comunidad Internacional. Mientras tanto, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), J. W. Forrester –a partir de las primeras computadoras digitales- empezó a desarrollar un método que facilitaba simular situaciones socioeconómicas nacionales, e incluso simular todo el sistema económico mundial. A partir de aquí desarrolló la «dinámica de sistemas» cuya metodología incluía, en la misma simulación, elementos de la economía, la ecología y el ecosistema. El encuentro entre Peccei y Forrester años después dio lugar a un trabajo conjunto entre los intelectuales del Club de Roma y los científicos del MIT (especialmente Forrester y Meadows) que se plasmará en el primero de los informes al Club de Roma publicado en 1972, Los límites del crecimiento[3]. Dicho informe incorporaba el modelo matemático de Forrester (World3) donde interaccionaban cinco variables –industrialización, población, contaminación, recursos naturales y alimentos- que reflejaban la complejidad de dichas interacciones, por una parte, a la vez que los riesgos asociados con los crecimientos exponenciales de algunas magnitudes, por otra. La conclusión general del informe sostuvo que si el actual incremento de la población mundial -junto con la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales- se mantenía como hasta ahora, alcanzaría unos límites absolutos que colapsarían. Es «la profecía del colapso» señalada por Donella H. Meadows y su equipo como resultado de una combinación explosiva entre una disminución de la disponibilidad de los recursos naturales junto con la sobrepoblación, el exceso de contaminación y el aumento del CO2 en la atmósfera como causa principal del cambio climático. Esta conclusión no solo tenía un carácter predictivo sino que suponía una advertencia para la humanidad: a más crecimiento, mayor posibilidad de colapso en la economía, el medio ambiente y la población. Era necesario reestructurar el crecimiento para equilibrar el modelo de Forrester y evitar así el colapso -señalaba Meadows.

 

3. Desequilibrio ecológico analizado desde la Teoría de sistemas de Jürgen Habermas

Enlazando con los primeros trabajos sobre la transformación estructural de la opinión pública (recordar al respecto Historia y crítica de la opinión pública , 1962), Jürgen Habermas emprende el estudio de comprender la lógica interna del (neo)capitalismo tardío en su fase contemporánea presentado como capitalismo regulado por el Estado donde los desarrollos sociales están sujetos a crisis y contradicciones. El despliegue analítico sobre la sociedad neocapitalista tiene en primer lugar que abandonar -en palabras del propio Habermas- la teoría de la crisis de Marx por la insuficiencia metodológica de ésta ante la complejidad contemporánea[4] . Para ello, Habermas acepta el paradigma de la «teoría de sistemas» (siguiendo a Claus Offe en su interpretación de N. Luhmann) donde el sistema de sociedad (como conjunto de sistema de sistemas sociales) y el sistema social (sistema socio-cultural, sistema político, sistema económico) amplían el horizonte analítico de las crisis capitalistas acaecidas cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que lo requerido para su conservación, a la vez que el sentimiento de amenaza, por parte de los miembros de la sociedad, sobre su identidad social e individual. Dentro de este modelo se realiza una distinción a partir de los principios de organización de las sociedades: integración social e integración sistémica (o mundo-de- vida y sistema o interacción y sistema). Estos responderían a las estructuras normativas (valores e instituciones) de autogobierno y a los componentes normativos (Estado y economía) del sistema político. A su vez, todo sistema social estaría constituido por tres propiedades universales[5]:

a) Intercambio de los sistemas sociales con el medio ambiente (mediante la producción como apropiación de la naturaleza exterior y la socialización como apropiación de la naturaleza interior).

b) Alteración de los patrones (la normalidad de los sistemas de sociedad varían a partir de las fuerzas productivas y el grado de autonomía sistémica, dependiendo de las imágenes del mundo).

c) Capacidad de aprendizaje institucional (posibilidad de diferenciar, en el desarrollo de la sociedad, entre cuestiones teórico-técnicas y cuestiones prácticas ligadas a procesos discursivos).

En la caracterización sistemática de los principios de organización de las sociedades[6], el capitalismo tardío puede entrar por su propia lógica –según Habermas- en un proceso de crisis sistémicas donde una crisis económica puede conducir hacia una crisis de legitimación y motivación que hace posible, a través de la desintegración de las instituciones sociales, un estado social de anomia, esto es, ausencia de normas o «colapso de gobernabilidad», que puede generar reacciones patológicas (criminalidad, delincuencia, guerra, suicidio...) como señaló E. Durkheim. Los cambios propios del capitalismo tardío, donde su principio de organización es el trabajo asalariado y el capital junto con una relación no-política de clases y de laissez faire regulado por el Estado, tienen que ver principalmente con el papel que asume el mercado, tanto en la función integradora del sistema como en la integración social, permitiendo que las estructuras normativas de autogobierno sean ejercidas desde la autoridad económica y no desde la autoridad ciudadana. Una vez más desde la tecnocracia y no desde la democracia.

Presentar una prognosis de crisis en el capitalismo tardío no responde solamente a una crisis económica. Para ello Habermas distingue entre cuatro tipos de crisis que actúan como imperativos contradictorios amenazando la integración sistémica: crisis económica, crisis de racionalidad, crisis de legitimación y crisis de motivación[7]. Si bien primeramente en el capitalismo tardío las crisis se presentan en forma de problemas económicos de autogobierno (al ser el sistema económico la base donde se sustenta el capitalismo liberal), su prognosis se desplaza hacia el sistema político o administración estatal donde el Estado asume la dirección del mercado y de la sociedad. Si el Estado deja de ser eficiente en el proceso de producción y distribución, se hablaría de crisis de racionalidad o desorganización estatal que conduciría hacia una crisis de legitimación y de motivación como prognosis fundada de crisis. La legitimación, como lealtad de los ciudadanos respecto a un Estado, entra en una crisis de identidad (y no identificación) por su ineficacia o por su falta de motivación que produce una «crisis socio-cultural» (siempre desde fuera del sistema político y el sistema económico) que conduce o bien hacia un estado social de anomia o a la exigencia de un cambio en el sistema político-administrativo. Aquí Habermas observa cómo la sociedad está sumida en una democracia formal (constitución, partidos, elecciones) de ciudadanos pasivos que no tienen la posibilidad de influir en el sistema económico-político. A ello hay que sumar, además, una objetividad única hasta ahora: mientras que en las sociedades tradicionales los conflictos entre clases eran mediados por formas ideológicas de la conciencia, en el capitalismo tardío esta oposición de clases se traduce «...desde la intersubjetividad del mundo-de-la-vida al sustrato de ese mundo de la vida»[8]. Las crisis económicas pierden el aura fatal que Marx analizó desde la autorreflexión y alcanzan la objetividad de acontecimientos naturales contingentes e inexplicables, irrumpiendo en medio del sistema a través de catástrofes naturales que atentan sobre las bases del mundo-de-la- vida. El rápido proceso de crecimiento de las sociedades de posguerra, que ya el Club de Roma analizaba, sitúa a la sociedad mundial frente a problemas que pueden considerarse fenómenos de crisis específicas del sistema y que actúan desde fuera del sistema por medio de catástrofes naturales aunque sí están limitadas por la índole del sistema. Como problemas principales derivados del crecimiento en el capitalismo tardío, Habermas distingue: un peligro de autodestrucción del sistema mundial a través del empleo de armas termonucleares, así como el proceso de apropiación de la interioridad junto con el desequilibrio ecológico. Veamos éste último detalladamente.

Para nuestro autor, la crisis ecológica responde principalmente a un incremento de la población y de la producción a escala planetaria. El crecimiento económico ha precisado en los últimos tiempos de una mayor cantidad de energía, favoreciendo el incremento de la productividad del trabajo. Con la acumulación del capital, el proceso de crecimiento económico se institucionaliza de forma pasiva, espontáneamente y sin consenso discursivo, actuando nomológicamente sobre la población e imponiendo un modelo de explotación productiva de la naturaleza a nivel global. Habermas observa que el modelo de crecimiento de la población y de la producción choca con ciertos límites naturales como son la finitud de los recursos naturales (una superficie terrestre acondicionable para la vida humana, la provisión de agua potable y de medios de alimentación... sumando a ello las materias primas no renovables, como los minerales y los combustibles fósiles) y los sistemas ecológicos no reemplazables (desechos industriales en los ríos, basuras en cantidad excesiva, insecticidas, productos petrolíferos arrojados en los océanos, subproductos de la industria nuclear que generan desechos radiactivos o aumento del CO2 en la atmósfera, entre otros) cuyos efectos se traducen para Habermas- en un límite absoluto del crecimiento y en el recalentamiento del ambiente natural[9]. Respecto a los límites del crecimiento absoluto, Habermas cita los trabajos de Forrester y Meadows –concretamente Los límites del crecimiento en su versión alemana- con cierto escepticismo y cautela a la hora de predecir los límites del crecimiento exponencial de la población en una fecha exacta. Igual de importante que señalar un límite absoluto al crecimiento es situar al recalentamiento del ambiente natural, a consecuencia del consumo de energía, como problema ecológico. Siguiendo los trabajos del físico alemán Klaus Michael Meyer-Abich, observa Habermas que el crecimiento económico implica un consumo creciente de energía que a la hora de aplicar la energía natural como energía económicamente útil, libera calor, incrementando la temperatura de la atmósfera y, como consecuencia del creciente consumo de energía, un recalentamiento global de la Tierra[10]. No es fácil predecir y averiguar empíricamente los plazos críticos al tener que determinar el consumo de energía en relación con el crecimiento económico y la influencia de éste sobre el clima. Aún así, Habermas entiende que tanto las reflexiones del Club de Roma sobre los límites del crecimiento como los análisis del recalentamiento global, demuestran que un crecimiento exponencial de la población y la producción «...ha de chocar un día con los límites de la capacidad biológica del ambiente» [11].

La problemática ecológica afectará a todos los sistemas complejos de la sociedad según Meadows y Habermas. El problema está una vez más en la dicotomía entre democracia y tecnocracia a la hora de tomar decisiones. Siguiendo la lógica del sistema, las sociedades capitalistas no pueden responder a los imperativos de la limitación del crecimiento desde sus imperativos de crecimiento económico. Solo desde la sociedad y la opinión pública como proceso de un movimiento evolutivo de la sociedad que tienda a exigir, desde la legitimación discursiva y el consenso, una «voluntad racional», se podrán solucionar los problemas ecológicos incluyendo a todos los afectados a través de la deliberación práctica. Solo desde una lógica de la evolución social libre del dominio instrumental de mecanismos pasivos de legitimación es posible evitar la anomia como «colapso de gobernabilidad», además de evitar el «colapso ecológico», si la sociedad civil asume funciones de legitimidad. La función principal de los sistemas es procurar la estabilización del mundo, evitando el caos, y dominando las contingencias desde la racionalidad discursiva. La toma de partido a favor de la razón, como reza el último capítulo del libro, se postula en contra de un retroceso de la razón a favor de una tecnología social y en contra, además, de teorías del marxismo ortodoxo que se muestran insuficientes en la era del capitalismo tardío a la hora de presentar una teoría de la sociedad.

Habermas, con Husserl, Rawls o Apel, sería un teórico de la «neoilustración» como proyecto crítico-racional de un nuevo humanismo en el que se dan cita la filosofía de la intersubjetividad, la coexistencia democrática, el consenso comunicativo, el progresismo con cautelas, la integración de las diferencias mantenidas, la historia que avanza sin revoluciones traumáticas y una Europa que mantiene su liderazgo teórico, perdiendo en cambio, su protagonismo científico-técnico. Este humanismo neoilustrado se posiciona en contra de una racionalidad dogmática que deviene monoculturalmente desde la modernidad como ha señalado José María García Gómez-Heras[12], Catedrático emérito de la Universidad de Salamanca que hizo de dicha ciudad la cuna de la ética ecológica en España cuando los problemas ambientales apenas se vislumbraban en los discursos académicos y políticos del país.

 

Referencias bibliográficas

BARDI, U. Los límites del crecimiento retomados. Madrid: Los libros de la catarata. 2014.

GÓMEZ HERAS, J. M. El a priori del mundo de la vida: fundamentación fenomenológica de una ética de la ciencia y de la técnica. Barcelona: Anthropos. 1989.

HABERMAS, J. Problemas de legitimación del capitalismo tardío. Madrid: Cátedra. 1999.

MEADOWS, D.H. RANDERS, J. y MEADOWS, D. Los límites del crecimiento 30 años después. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 2006.

SOSA, N. Ética ecológica. Madrid: Ediciones libertarias. 1994.

VELAYOS, C. Ética y cambio climático. Bilbao. Desclée De Brouwer. 2008.

 

 

 

NOTAS
[*] Facultad de Filosofía. Universidad de Salamanca. España. jromero@usal.es . Este trabajo de investigación está financiado con una beca predoctoral en Medioambiente de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.
[1] SOSA, N. Ética ecológica. Madrid: Ediciones libertarias. 1994, pp. 38.
[2] La bibliografía sobre la historia del Club de Roma es extensa. Para una aproximación, ver: BARDI, U. Los límites del crecimiento retomados. Madrid: Los libros de la catarata. 2014, pp. 31-46.
[3] Esta obra pionera será revisada y actualizada en dos ocasiones: 1992 y 2004. Cf. MEADOWS, D.H. RANDERS, J. y MEADOWS, D. Los límites del crecimiento 30 años después. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. 2006.
[4] El capitalismo de mediados del siglo XX se presenta más complejo que el capitalismo analizado por Marx donde las crisis sistémicas eran solo crisis sociales y económicas.
[5] HABERMAS, J. Problemas de legitimación del capitalismo tardío. Madrid: Cátedra. 1999, pp. 30 y ss.
[6] Habermas distingue, en el desarrollo social, cuatro formaciones sociales: la anterior a las altas culturas, la tradicional, la capitalista y la poscapitalista.
[7] HABERMAS, J. Problemas de legitimación del capitalismo tardío. Madrid: Cátedra. 1999, pp. 94 y ss.
[8] HABERMAS, J. Íbim, pp. 64.
[9] HABERMAS, J. Íbim, pp. 82.
[10] La temperatura media de la tierra oscila en unos 14,5 °C. La tendencia lineal al calentamiento es de 0,3 °C por década (según el IPPC, Intergovernmental Panel on Climate Change). Cf. VELAYOS, C. Ética y cambio climático. Bilbao. Desclée De Brouwer. 2008, pp. 20.
[11] HABERMAS, J. Op. Cit., pp. 83.
[12] GÓMEZ HERAS, J. M. El a priori del mundo de la vida: fundamentación fenomenológica de una ética de la ciencia y de la técnica. Barcelona: Anthropos. 1989, pp. 359.