AFORISMOS
de Manuel Ángel Vázquez Medel

Toda nuestra vida es un peregrinar hacia el centro del Laberinto, donde tememos ser destruidos por el Minotauro.
Pero sabemos que allí está la clave, allí la respuesta.


El tacto es tan primitivo y hermoso...
Es el más material y primigenio de todos los sentidos:
Roce puro de materia con materia.

La hermosura de lo imperfecto radica en nuestra capacidad imaginativa para completar la Belleza que aún le falta.
Nada de lo que me amenaza me amenaza tanto y tan radicalmente como el peligro de no logral, al finar, ser yo-mismo.
Hemos de buscar el sentido a cada tiempo de espera en sí mismo, independientemente de lo que advenga.
Hemos de amar cada nuevo día con la intensidad salvaje de los orígenes.
Ser persona es saber elegir la máscara adecuada en cada representación.
¿Y si no hubiera ni causa ni razón ni nada que justificar...?
El perfecto viajero no sabe adonde va. Para él el viaje es su modo de existencia y su destino.

Esperar siempre. Incluso aquello que, tal vez, no llegue nunca.
Verba volant: las palabras vuelan. En ocasiones, como flechas o dardos afilados, al centro del corazón. Hacen daño. Y pueden, incluso, matar.
Música sin palabras. Sonido puro que restaña las heridas.
Materia, energía, espacio-tiempo... Y conciencia. He aquí las realidades que constituyen el Universo (al menos, nuestro universo).
La duda siempres es necesaria. Pero hasta cierto punto. El dogmatismo esclerotiza y violenta, pero el relativismo fragmenta y destruye.
El tiempo nos constituye, como nuestra espacialidad y nuestra materialidad: no es algo exterior y ajeno a nosotros, sino interior a nuestra conciencia.
A veces una tenue vibración nos recuerda que también nuestro silencio está poblado de sonidos.
Párate... pre-párate: siéntate a percibirte y a percibir todo en torno sin pensamientos ni juicios.
La vida es anterior al pensamiento, y por ello se resiste a ser pensada

AFORISMOS SOBRE LA ESCRITURA CON LUZ (FOTO-GRAFÍA)

Para escribir con luz, la imagen de la mente ha de ser más poderosa que la de la retina; y la imagen retiniana más intensa que la que capta el objetivo de la cámara.


La buena fotografía es -como la buena música- arte de cámara.
La escritura con luz es siempre reveladora. Juego de la escritura con luz: mostrar lo que se oculta, ocultar lo que se muestra.
La fotografía que agota su objeto y lo exhibe sin misterio ante nuestros ojos es -independientemente de su contenido- obscena.
El primer acto de fotografía, de escritura con luz, fue el Big-Bang, la explosión originaria. Por ello el fotógrafo es un demiurgo de los orígenes o, cuando se rebela contra la luz, un Lucifer (luci-ferens, portador de la luz).
¿También estará la luz al final?
La inventio (el tema, el contenido, el hallazgo) es, en fotografía, dispositio y elocutio: composición y estilo.
El buen fotógrafo es un alquimista radical: es capaz, como el rey Midas, de transmutar en oro el vil metal de las imágenes cotidianas.
La fotografía radical y auténtica revela algo que estuvo en el instante y que los ojos comunes no alcanzaron a ver.
Como todo gran arte (aunque ars sea, en griego, téchne) la fotografía impone el latido humano sobre la técnica instrumental.
También la escritura con luz -y tal vez más que otras- es cuestión de Gracia.
La fotografía no es, en primera instancia, documento de lo que refleja, sino testimonio de una mirada.
Paradojas: hay instantáneas capaces de albergar, en su instante, toda una eternidad.
Por ello las grandes instantáneas revelan un instante que parece elegido desde la eternidad.
La grafía (del indoeuropeo gerbh-) es, también en fotografía, rascar, arañar la superficie de las cosas.
Fotografía se-ductora: la que nos conduce hacia el otro lado, al más allá del papel.
La fotografía es siempre, y por definición, arte de un tiempo pasado. También, arte de un tiempo que se re-presenta: que se hace presente -aquí y ahora- en la mirada.
A veces, entre los granos de una foto, se desliza tremens et fascinans, lo real.
La buena fotografía nos hace percibir lo limitado de su representación como algo suficiente: como un mundo pleno, cerrado.
La luz escinde, hiere, separa; las sombras difuminan, restañan y unifican: en la luz puede estar lo diabólico y en las sombras lo simbólico.
Simetrías: sólo desde la luz de la conciencia podemos alcanzar la plena conciencia de la luz.
Sólo la imagen que se hace Palabra puede valer más que mil palabras. Sólo la palabra que se hace Imagen puede valer más que mil imágenes.