•  Alberto MANGUEL (1998): Una Historia de la Lectura. Madrid. Alianza Editorial, Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Traducción del original inglés a cargo de José Luis López Muñoz. 396 págs..


  • José Manuel Trigo Cutiño.
    Universidad de Sevilla


 

 

Alberto MANGUEL nos presenta ahora un estudio, en forma de ensayo, una amena y verdadera obra histórica sobre los avatares de la lectura y los lectores, desde los primeros indicios gráficos trazados por el hombre hasta los momentos actuales dominados por los ordenadores, con todo lo que ello significa.

Es un tratado de gran trascendencia para el mundo de la docencia y de la investigación en el ámbito del lenguaje escrito. Y de ello no nos cabe la menor duda, al contemplar la amplitud del tema, a través del cual se sigue el apasionante laberinto de seis mil años de existencia de textos escritos.

A través de ellos vamos descubriendo los roles, las actitudes, las dificultades y vicisitudes de los hombres de todos los tiempos, y eso, ampliamente documentado, desde las tablillas de arcilla sumerias hasta el actual CD-Rom. En definitiva, cuando leemos las sugerentes páginas de este libro, lo que hacemos es viajar, acompañado de continuas y deslumbrantes sorpresas, por los verdaderos caminos de la especie humana.

Esta interesante y compleja obra consta de cuatro partes, cada una de las cuales complementa a las demás, pero sin tener que seguir el orden expuesto para su comprensión y estudio. En la primera, curiosamente y en simetría con la última parte, incluye un solo capítulo titulado "La última página", para abordar sus experiencias como lector y algunos conceptos sobre lo que significa leer. En este sentido afirma:

"Pronto aprendí que la lectura es acumulativa y que procede por progresión geométrica: cada nueva lectura edifica sobre lo que el lector ha leído previamente" (pág.35)

Defiende y proclama los valores de la lectura como algo trascendente y reflexiona profundamente sobre la relación casi misteriosa entre el lector y el libro. Por eso inserta afirmaciones como estas : "El que lee no está solo nunca"; "Leer es una manera para el alma de zambullirse en la vida"; "Leer es casi tanto como respirar, es nuestra función esencial" Termina con unas consideraciones sobre el poder de la lectura y, por consiguiente, se refiere al miedo que los gobiernos totalitarios tienen a los lectores, porque éstos son siempre subversivos.

La segunda parte, bajo el título genérico de "Lecturas", trata ampliamente de los diversos procesos, fonéticos, cognitivos o psicolingüísticos, que entran en juego en el acto lector. Por ello, estudia la lectura en voz alta y la lectura silenciosa, así como la lectura de imágenes, con todas las dificultades que entrañan sus dominios : "La visión de las letras de tinta negra -dice- se convertía, gracias a ese proceso, en el oro del conocimiento. Leer, por tanto, es un acto de asombrosa complejidad que exige, para realizarla con éxito, la coordinación de cien habilidades distintas".

En la parte tercera nos adentra A. Manguel en todo lo que él engloba bajo el subtítulo de "Los Poderes del Lector". Comienza con una apasionante narración sobre el origen de la escritura y, por consiguiente, de la lectura que, con toda probabilidad nacieron ambas por razones comerciales. Y manifiesta lo siguiente: "Mientras el primer escritor ideaba un arte nuevo haciendo señales en un trozo de arcilla (Mesopotamia), otro arte se hacía tácitamente presente, un arte sin el cual las señales habrían carecido de significado".
Aquí se incluyen capítulos tan atrayentes como "Ordenadores del universo", "Leer el futuro", "Robar libros" o "Lecturas prohibidas". En este último, al tratar las dificultades que tenían, por ejemplo, los esclavos para leer, se dice: "Saber leer no era, para los esclavos, pasaporte inmediato para la libertad, sino más bien la forma de acceder a uno de los instrumentos más poderosos de sus opresores: el libro. Porque, como lo han sabido siglos de dictaduras, una multitud analfabeta es más fácil de gobernar".

Se dedican muchas páginas a lo que nuestro autor llama "la invención del lector". Porque como se dice en el último capítulo, todo texto supone un lector, ya que "cuando Cervantes comienza su introducción a la 1ª. parte del Quijote dirigiéndose al "desocupado lector", soy yo quien desde las primeras palabras de la obra me convierto en personaje de la novela.

Finalmente, como se dijo más arriba, la cuarta parte se compone de un único y amplio capítulo llamado "Las guardas del libro", en el que se logra una admirable síntesis de todo el trabajo, pero implicando al lector en el propio análisis, de tal forma que ,de manera hipotética, se hace exclamar a éste: Al final de la lectura del libro, "entenderé mejor quién soy yo, el lector".
Esto es para mí, al menos, quizá lo más importante del amplísimo y complejo material que atesora el libro que reseñamos: que podemos valorar con más fundamento el valor de la lectura y el rol del lector para poder llegar al mejor conocimiento del mundo y de los hombres.

Puede ser realidad la anterior afirmación porque A. Manguel ha consultado y estudiado cientos y cientos de libros en las bibliotecas más importantes del mundo, para llegar a componer una obra de tal embergadura como la presente. Se trata, sin duda, de un libro imprescindible para todo el que desee estudiar e investigar cualquier aspecto relacionado con la lecto-escritura.

La temática de la lectura, en todos sus aspectos y en su gran complejidad, necesitaba ya en nuestra lengua española, un estudio histórico y un tratamiento explorador tan amplio y profundo a la vez, como el que nos ha ofrecido A. Manguel "tras los siete años que ha dedicado a la redacción del libro".

Por último, se completa el volumen con una detallada y abundantísima relación de notas bibliográficas, por capítulos y con un copioso y actualizado índice onomástico de gran ayuda y fácil consulta para el lector.

Contenido, ilustraciones, formato, encuadernación, textura, etc., todo en este libro nos invita a introducirnos de lleno en la multiplicidad de aspectos y significados del mundo de la lectura, orientado por la magnitud de conocimientos del autor sobre esta materia.