CINISMO Y MARGINALIDAD. ANDY WARHOL Y THE VELVET UNDERGROUND EN “EXPLODING PLASTIC INEVITABLE”.
Felip Vidal i Auladell
1) Introducción
Desde sus orígenes en la época de la Revolución Industrial,
las actividades humanas, especialmente la fabricación de mercancías, se han
encontrado sujetas a los nuevos modelos de producción en serie, mientras que el
arte ha seguido en ocasiones empleando la misma tecnología que en el
Renacimiento. Sin embargo, la incorporación de la fotografía, el cine, los
materiales sintéticos, la electrónica, la informática, ha supuesto para muchos
artistas, desde las vanguardias históricas a las últimas tendencias actuales,
la posibilidad de expresar el espíritu de su época por medios contemporáneos.
Debemos situar la obra de Andy Warhol en este contexto.
Además de la utilización de técnicas como la serigrafía, sus afanes culturales
fueron más allá de las artes visuales y el cine, de modo que en 1966 empezó a
hacer de manager del grupo musical The Velvet Underground, produciendo happenings multimedia denominados
"Exploding Plastic Inevitable", que eran una mezcla de actuaciones,
películas, baile y música, y que fueron gravadas en varios cortos.
El presente artículo va a versar sobre el encuentro que se
produjo entre Andy Warhol y Velvet Underground, en la síntesis productiva que
materializó el espectáculo “The Exploding Plastic Inevitable”.
Considerarlo así, como un
encuentro, supone, por una parte, otorgar substantividad propia a ambos
participantes y, en segundo lugar, que en la síntesis del encuentro se genera
un acontecimiento que constituye algo distinto a lo que ambos venían haciendo
hasta entonces.
Así, la música de The Velvet
Underground adquirió una amplificación no solo a nivel mediático, sino también
a nivel artístico que no hubiera sido posible sin la ayuda de Warhol. Además,
el artista pop realizó una incursión por nuevos modos de expresión artística en
un contexto hasta el momento desconocidos para él.
Todo ello se saldó, sin solución
de continuidad, con un resultado efímero, un encuentro, una síntesis momentánea
y fugaz, a partir de la que todos los miembros se desparramaron y siguieron sus
propias trayectorias. Sin embargo, el resultado permaneció y sigue ejerciendo
su influjo hasta nuestros días.
2) Los personajes y el encuentro
2.a) The
Velvet Underground
Lou Reed y John Cale, principales componentes de Velvet
Underground, a los que se unieron Moe Tucker y Sterling Morrison, se conocieron
en las oficinas de la compañía discográfica Pickwick, donde ambos trabajaban
como compositores para grupos de moda. Reed en 1957, como parte del grupo The
Shades, había tenido algún éxito con la canción "So Blue". Estudiaba
literatura en la Universidad de Siracusa, donde fue alumno de Delmore Schwartz.
Cale, por su parte, era un galés radicado en Nueva York, que poseía una sólida
formación musical. Tocaba varios instrumentos y estaba entusiasmado con la
música rock de tres acordes y con la música de vanguardia de John Cage. Juntos,
como compositores ajenos no tuvieron éxito, así que decidieron crear en 1965
una banda que reflejara cabalmente sus inquietudes: The Velvet Underground.
Cale buscaba complementar sus inquietudes musicales en la
propuesta de la Velvet, mientras que Reed unió como compositor sus dos
vertientes, la de escritor y la de músico de rock. Existía el antecedente de
Bob Dylan, pero las influencias literarias y musicales de Lou Reed eran
bastante distintas. A éste no le interesaba "que los tiempos estuvieran cambiando",
sino lo singular y lo perverso, el lado oscuro de lo humano. Sus historias de
drogadictos, traficantes, transexuales, suicidas y sadomasoquistas -que
provenían en parte de la literatura "sucia" de la beat generation-
fueron algo totalmente novedoso en la lírica roquera. Canciones como
"Heroin" plantean una visión de la droga totalmente distinta a la
idealización hecha por el rock de los sesenta. Si se junta eso a la
experimentación musical de Cale, The Velvet Underground era algo nuevo.
Warhol apadrinó al grupo y facilitó la grabación de su
primer disco, incluyendo en él a la cantante alemana Nico. La colaboración con
Warhol reportó a la Velvet un cierto prestigio entre los circuitos
intelectuales, pero la completa indiferencia del público roquero, pues iba en
dirección opuesta a las tendencias de la época. En plena explosión hippie, la
Velvet era estética y compositivamente, lo opuesto.
Por aquel entonces destacaban en la música rock The Beatles,
con su “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club
Band” y los Rollings Stones
con su “Their Satanic Majesties Request”, pero The
Velvet Underground fue realmente una experiencia vanguardista que logró romper
con todo el orden establecido dentro del rock. Se destacó por la fiereza de su
música y por la crudeza de sus letras. Su sonido se basaba en estructuras
redundantes, y sus textos, pretendían dar a la realidad más escabrosa la
categoría de objeto literario. Su contexto eran las ciudades, “optando por
enfrentarse a ellas desde dentro y esgrimiento las
mismas armas: el ruido anárquico del grupo frente al ruido atronador de las
urbes. Ellos eran el reflejo de sus calles y de sus gentes, llegando a
personalizar el más duro y puro sonido de la metrópolis de forma obsesiva y
autodestructiva”[1].
Analizando el contexto en el que aparecieron The Velvet
Underground y el tipo de música que realizaban, se ha señalado que “tal vez
habría que darle la razón a Damián
García Puig cuando en el número 28 de la revista Vibraciones escribía: ‘Después
de oír The Velvet Underground and Nico, y no es más que una opinión personal,
uno se da cuenta que ni los Beatles...ni los Rolling Stones...tenían la menor
idea de lo que podía ser una concepción verdaderamente progresiva, realmente
ácida del rock”[2].
Sin embargo, en una década caracterizada por la
experimentación y la curiosidad, nadie pareció reparar en su importancia salvo
Andy Warhol, que vio actuar a la banda el mismo día en que era despedida como
presencia estable del Café Bizarre.
2.b) Andy Warhol
Warhol encarna un
personaje que se presenta a sí mismo como imagen sustituta de la realidad.
Constituye el inicio, según se ha señalado, de la posmodernidad artística,
tanto en la construcción de su personaje, como en su obra.
Por otra parte,
su vida constituyó una simulación, un artificio, al igual que las imágenes
seriadas que creaba, en las que reproducía los objetos y personajes de la nueva
cultura, de la que él mismo fue su producto principal. Así, señaló, “no sabía
que hacer con todo aquel escenario (la Factory), pero como yo pagaba el alquiler,
supuse que de algún modo se trataba de mi escenario”[3], añadiendo más adelante:
“en aquel momento, 1968, Andy Warhol Enterprises consistía en unas cuantas
personas que trabajaban para mí según un sistema bastante corriente, algo así
como empleados que trabajaban por libre en proyectos específicos, un montón de
superestars o hiperestars, o como quiera que se llame a la gente de mucho
talento, pero cuyas aptitudes son difíciles de definir y casi imposibles de
comercializar[4].
En Warhol se
confunden la noción de arte y de mercancía, presentándose él mismo como la
quintaesencia del artista consumidor. Afirmó: “comprar es mucho más americano
que pensar, y yo soy el colmo de lo americano”[5], a lo que cabría añadir:
“cuando era niño, nunca tuve la fantasía de tener a una criada, lo que sí tenía
era una de caramelos. A medida que fui madurando, esta fantasía pasó a ser ‘haz
dinero para comprar caramelos’, porque a medida que envejeces, por supuesto, te
vuelves más realista”[6]. De modo que “el dinero es
el momento para mí. El dinero es mi estado de ánimo”[7].
Ante tanto
cinismo, no se puede conocer la intención última que alentaba a Warhol para
acoger a unos músicos marginales cuya música versaba sobre la marginalidad.
Pero más en general, atendiendo a su actitud global y a sus declaraciones,
pareciera que cohabitan en Warhol tanto una aquiescencia con los mecanismos de
la producción económica capitalista (“el arte de los negocios es el paso que
sigue al Arte. Empecé como artista comercial y quiero terminar como artista
empresario”[8],
y “es mucho mejor hacer Arte Comercial que Arte por el Arte, porque el Arte por
el Arte no aporta nada al espacio que ocupa, mientras que el Arte Comercial sí”[9]) como una actitud crítica
con su sociedad, el poder y la institución arte, expresada de un modo peculiar,
afirmativo, haciendo uso del cinismo. Trataré de ahondar en este aspecto en
apartados posteriores.
2.c) El encuentro
En The Exploding Plastic Inevitable, mientras los músicos de
The Velvet Underground tocaban, sobre sus cuerpos y sobre el fondo del
escenario, se proyectaban imágenes de películas y luces de colores. Al mismo
tiempo, Gerard Malanga y Mary Woronov ejecutaban la danza del látigo para
ilustrar las letras sadomasoquistas de algunas de las canciones de los Velvet
Underground.
“Era pura psiquedelia, lleno de
danzas, luces, gente disfrazada, acción, música y cine; todo un conjunto de
sensaciones multicolor donde The Velvet Underground eran la parte más dura de
aceptar. Su música de acordes simples era cada vez más fuerte y demoledoramente
ultra. Toda la intelligentzia de Nueva York hablaba
de un verdadero acontecimiento”[10].
Incluso se llegó a afirmar que
“pretendía ser un show completo, que era el primero en la historia del rock en
incorporar a la música bailarines, películas, diseños de luces, diapositivas e
incluso era el primero en considerar al público como parte activa y
significativa del propio espectáculo”[11].
La colaboración
entre Warhol y The Velvet Underground no se limitó únicamente a la creación de
este espectáculo, “Warhol decidió alquilar durante todp
el mes de abril (1965) un centro polaco llamado Dom. Lo convirtió en la disco
más psicodélica de Nueva York. El LSD se acababa de poner de moda. Los Velvet
tocaban con Nico de star, numerosos proyectores tapizaban las paredes con las
películas, las luces estroboscópicas emitían flashes varias veces por segundo y
convertían los movimientos de la gente en una serie de imágenes estáticas.
Gerard Malanga bailaba la danza del látigo en el escenario e Ingrid Superestar
se contorneaba como la esposa de Satanás”[12].
En “The Exploding Plastic Inevitable”, del que se conservan
documentos en vídeo, encontramos presentes elementos comunes al videoarte de
los 60 y 70, excepto su espíritu transgresor orientado hacia un compromiso social
y político transformador. No nos encontramos con la noción de aleatoriedad y
las nuevas relaciones con la audiencia investigadas por el Surrealismo, ni la
introducción del azar y la provocación en un sentido dadaísta, como tampoco con
un rotundo compromiso social y político. Sin embargo, como veremos, ello no
excluye la presencia de elementos valorativo-subversivos.
3) Cinismo y
marginalidad
3.1) Sobre la
ausencia de crítica en el Pop Art
Destaca en Warhol
su faceta de artista pop de élite que, como señala Marchán, “tiene como base la
apropiación de los aspectos más comunes y banales del horizonte cotidiano de la
sociedad industrial de consumo”.[13] De este modo no se podría
hablar de una inspiración o de una huella dadaísta en el pop, sino que “el pop
ha tenido poco que ver con el nihilismo y la negatividad dadaísta. No ha
conferido valor trascendental alguno a la imagen descontextualizada, sino que
acentúa su vulgaridad y atiende a su contexto sociológico explícito. Ha
existido una relación al dadaísmo, pero con matizaciones decisivas, incluso en
los momentos más dadaístas”[14]. Existen pues diferencias
significativas entre el dada y el pop art, siendo éste último una adaptación
conformista.
Sin embargo, la ausencia de elementos críticos a nivel
social y político tendentes a una transformación social, no es sinónimo de la
inexistencia de elementos valorativo-subversivos en Exploding Plastic
Inevitable. Debe tenerse presente en este sentido que “el pop nunca fue un
movimiento congruente, ni mucho menos programático. Surge por una serie de
afinidades estructurales sintácticas, pero sobre todo semánticas, como
consecuencia a nivel de lenguaje de la introducción de técnicas y mitologías de
la imagen popular” [15].
Pero además, “en
el pop art se ha silenciado una tendencia subterránea que se oponía desde su
aparición al optimismo del mismo...este movimiento se ha apropiado de las
técnicas ‘assemblage’ del pop optimista, pero con una finalidad de destrucción
y agitación. Por este motivo se le ha denominado ’shocker o acid pop’ y
manifiesta unas relaciones reales y personales con el underground[16].
En espectáculos
como Exploding Plastic Inevitable, se ponen de manifiesto elementos del Shocker
Pop que son claramente valorativo-subversivos. Que, en este sentido, serán
apropiables por parte de movimientos que pretendan llevar a cabo una tarea
crítico-social transformadora. Es decir, aunque ni en Exploding Plastic
Inevitable, ni en Andy Warhol, ni en The Velvet Undergound podamos encontrar
presente una labor orientada hacia la emancipación, existen elementos, los
caracteres de cinismo y marginalidad, que traen a la superficie y vacían de
fundamento relaciones económicas y sociales propias del capitalismo avanzado.
3.2) Cinismo y estética de la superficialidad
Warhol, en su
cinismo, muestra la vaciedad de todo constructo social que “detrás no hay
nada”, que toda realidad social carece de fundamento. Así, quiere conocer
famosos con el único objetivo de reconocerlos luego en las revistas: “una buena
razón para ser famoso es la de que puedes leer todas las grandes revistas y
conocer a todos los que salen allí. Página tras página encuentras a gente
conocida. Me encanta esa clase de experiencia lectora y es la mejor razón para
ser famoso”[17].
La peculiaridad
de este cinismo consiste en que trata de mostrar la realidad como
representación no sustancialista, como simulacro carente de fundamento. En este
sentido, las palabras de Warhol contienen un potencial valorativo-subversivo al
traer a la superficie la ausencia de valor de los valores, mediante la
afirmación cínica de los mismos.
Una tarea
semejante en su pretensión de mostrar la vaciedad y de las representaciones fue
llevada a cabo por Nietzsche para quien,
según la lectura de Lynch, “no existe más mundo que aquél que nos llega
figurado ya, por y en nuestros propios
antropomorfismos. O sea, no hay más mundo que aquel que podemos representar
mediante palabras y el hecho de que lo sepamos compuesto exclusivamente de
palabras, representaciones ilusorias, imágenes construidas sobre la superficie
del espejo, no prueba nada contra su realidad, como no dice nada acerca de su
valor de verdad”[18].
En este sentido,
al igual que Nietzsche, Warhol no establece una diferencia entre una naturaleza
auténtica de las cosas y su versión figurada. Tratan ambos de mostrar la
figuración que constituye la realidad y la falta de fundamento de la misma .
De todos modos,
existe entre ambos una doble diferencia fundamental. Mientras Nietzsche se
sitúa en el ámbito de la metafísica y la
teoría del conocimiento y el lenguaje, Warhol solo muestra la vaciedad de
nuestras representaciones en el capitalismo mercantilizado. Este “mostrar” de
Warhol consiste en una especie de defensa del simulacro en su nivel social. La
segunda diferencia aparece en la lectura de otro intérprete de Nietzsche. Según
Foucault, “hay en Nietzsche una crítica de la profundidad ideal...es necesario,
por consiguiente, que el intérprete descienda, que sea, como dice Nietzsche,
‘el buen escudriñador de los bajos fondos’. Pero no se puede en realidad recorrer
esta línea descendente, cuando se interpreta, más que para restituir la
exterioridad brillante que ha sido disimulada y escondida”[19]. La noción de
“escudriñador” está totalmente ausente en Warhol. Éste acepta y se afirma
cínicamente en la superficialidad.
En este sentido
creo que Warhol puede ser entendido como personaje posmoderno, entendiendo “la
posmodernidad como el light, lo suave, lo no
profundo, lo superficial. Y la superficialidad como imagen, lo que parece ser
al margen de lo que es el fondo. Lo posmoderno como ‘imagen de posmoderno’ y la
extraordinaria importancia de lo visual en este movimiento. Unido al hecho
inseparable de ‘venta de esa imagen’”[20]. Warhol, pues, vacía de
fundamento la apariencia al mostrarla como tal, como imagen que no es sino
simulacro que no remite a ninguna realidad donde pueda encontrar una
referencia.
3.3) La marginalidad como exterioridad del límite
Encontramos en la
producción musical de The Velvet Underground, como veremos, las características
señaladas por Marchán como definitorias del Shocker Pop. Son las siguientes: en
primer lugar, “la agudización de las contradicciones sociales locales e
internacionales ha derivado a nivel superestructural artístico a una posición
abiertamente irreverente, anarquista”[21]. En segundo lugar, “se
enfrenta a los puramente estético en una eliminación de todo lo que es
considerado bello, configurado”[22]. Sin embargo, no se trata
de “una critica en función de las fuerzas contradictorias de la dinámica
social, sino que se lleva a sus últimas consecuencias hechos de la misma, e
incluso a practicarlos hasta su agotamiento”[23].
Los elementos del
Shocker Pop antes mentados se encuentran presentes tanto en la letra como en la
música de The Velvet Underground. Así, sus constantes son el sexo y las drogas,
llevándolo siempre al límite, mucho más allá de lo razonable e incidiendo en
sus aspectos más descarnados, generando una especie de repetición obsesiva. Su
temática es pues irreverente, elimina todo lo bello, llevando las situaciones y
hechos más escabrosos hasta sus últimas consecuencias. En este contexto, los
personajes que aparecen son el yonki, la prostituta, el travestido...nada más
lejos de ideales románticos de belleza, y nada más cerca de una muestra simple
y directa, sin artificios, de situaciones urbanas marginales que adoptan tintes
anarquizantes.
En este sentido, no se puede encontrar en The Velvet
Underground, al contrario de en la música de The Beatles y The Doors, unos
contenidos emancipatorios explícitos que permiten relacionarlos con "movimientos
de liberación estudiantiles de carácter fundamentalmente urbano que
contribuyeron con sus pintadas, sus carteles, la colocación, construcción de
nuevos elementos y levantamiento de barricadas, etc. A una intervención en la
ciudad de consecuencias interesantes para la estética"[24].
En los textos de
The Velvet Underground se crea un espacio de exterioridad, más allá de lo
razonable y más acá de límite físico que no tiene nada que ver con los límites
característicos del neobarroco, donde se “usa el límite haciéndolo parecer
exceso porque las salidas de las fronteras acaecen solo en el plano formal; o
bien se usa el exceso, pero lo llama límite haciéndolo para hacer aceptable la
revolución solo del contenido, o, en fin, hace indistinguible y confusa una operación en el límite o por
exceso”[25]. Por el contrario, para
los personajes marginales protagonistas de los textos de The Velvet
Underground, el límite es más una frontera de la que nunca regresan, sino en
cuyas lindes habitan. Dentro de este ámbito marginal, destaca la exclusividad
de ciertos valores, concretamente los
que en la película de David Lynch “Blue Velvet” aparecen como negativos. Desde
un punto de vista formal, moral, del gusto, y de la pasión, nos encontraríamos
con los valores negativos deforme, malo, feo y disfórico,
en contraposición a los valores positivos conforme, bueno, bello y eufórico[26]. Pues bien, en las lindes
del espacio donde habitan los personajes velvetianos,
encontramos únicamente referencias a estos valores, a un mundo cerrado,
autónomo, y anarquizante, que afirma lo negativo.
4) Otra vuelta sobre “Exploding Plastic
Inevitable”
Es lugar común
considerar a The Velvet Underground como uno de los “mejores tempranos ejemplos
de la vanguardia posmodernista”[27]. Así mientras Bob Dylan y
los Beatles, utilizaron técnicas, en sus álbumes más experimentales, para
alcanzar objetivos modernos, la Velvet Underground, en sus trabajos, contiene
los verdaderos orígenes posmodernos.
Empezaron a
examinar y a desechar sistemáticamente las asunciones convencionales de su
género sobre la unidad formal y la belleza.
Y es a eso a lo que Lyotard llama posmodernismo, a “aquello que alega lo
impresentable en lo moderno y en la presentación misma, aquello que se niega a
la consolidación de las formas bellas, al consenso de un gusto que permitiría
experimentar en común la nostalgia de lo imposible, aquello que indaga por
presentaciones nuevas, no para gozar de ellas sino para hacer sentir mejor que
hay algo que es impresentable”[28]. De este modo,
presentaron el funcionamiento de lo multimedia, mezclando estilos musicales y
mensajes que expresan las texturas contradictorias de la vida postindustrial
urbana, y ello tanto en sus letras como en la puesta en escena de “Exploding
Plastic Inevitable”.
Así, en lo referente
a la música, utilizaron las nociones de disonancia y armonía experimentaron los
efectos de la repetición hasta llegar a una crudeza extrema de modo que la
tensión se desarrollara entre la estructura apretada, monótona y formal de la
música.
Tal como se ha
señalado, en la película Blue Velvet, “la palabra hablada de esta película es
más un complemento del movimiento que una verdadera guía por los vericuetos del
contenido del texto”[29]. Algo parecido ocurre con
las letras y la música de The Velvet Underground. Así, “pocas veces se puede
encontrar una música tal acomodada a los textos. En ‘Heroin’ y ‘Waiting for the man’
todo se va saliendo del carril a medida que la droga empieza a hacer su
efecto...Los cinco minutos de ‘Venus in furs’
constituyen los momentos más deliciosamente morbosos del disco. Un ritmo lento,
casi inalterable, un golpe de pandereta, dos de bombo, el violín de John Cale
es el látigo que golpea, sadomasoquismo en Do mayor. ‘Run run
run’ es un rock and roll
desesperado, la guitarra es chirriante, parece comprender la angustia del yonqui que tiene que conseguir como sea la ración de
heroína capaz de reanimar a su compañera”[30]
Pero la cuestión
realmente interesante es, ¿cómo se produce el encuentro entre Warhol y The
Velvet Underground? O, dicho de otro modo, ¿cuáles fueron las condiciones de
posibilidad de que ese encuentro se produjera?, ¿cuáles son sus puntos de
conexión?.
Sea como fuere, Warhol manifestó su interés por realizar un
espectáculo multidisciplinar y, de todos modos, “el sonido estridente, duro,
monótono y atronador se correspondía perfectamente con lo que Andy hacía con
las imágenes. Repetían, repetían y repetían la misma palabra o la misma grase
hasta que alguien dice ‘basta’””[31].
Exploding Plastic Inevitable representa la invasión mundial
del modelo americano, mostrando el poder de la imagen en la sociedad al
transformarla y multiplicarla. Así, al igual que los productos publicitarios,
el fondo se repite sobre diferentes colores, los rostros se repiten como un eco
en una repetición metódica de la misma imagen que es una parábola de la
producción en masa, de la cadena industrial de montaje. Pero al reproducirla,
la imagen se vuelve superficial. Además, esta repetición provoca una especie de
vértigo, dispersando la mirada, se produce una reproducción de imágenes que no
supone ninguna metáfora ni conlleva ningún mensaje, sino que solo las muestra,
pero este mostrar jamás podrá ser neutro.
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[1] Arnaiz, J.L. y Mendoza, J.L. The Velvet Underground, ed. Cátedra, Madrid, 1989, p. 11.
[2] Arnaiz, J. y Mendoza, J.L., The
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[3] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 33.
[4] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 99.
[5] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 253.
[6] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 114.
[7] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 148.
[8] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 100.
[9] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 154.
[10] Arnaiz, J.L. y Mendoza, J.L. The
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[11] Arnaiz, J.L. y Mendoza, J.L. The
Velvet Underground, p. 38.
[12] Ribas, J Andy Warhol. Comprar es más
americano que pensar. Ajoblanco, 21 – 22, p. 41.
[13] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. Akal, Madrid, 1997, p. 33.
[14] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 37.
[15] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 35.
[16] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 36 – 37.
[17] Warhol, A, Mi filosofía de A a B y de B a A, ed. cit. p. 86.
[18] Lynch, E, Dioniso dormido sobre un tigre, ed. Destino, Barcelona, 1993. p. 202.
[19] Foucault, M, Marx, Nietzsche, Freud, ed. Anagrama, Barcelona, 1981. P. 186.
[20] Peiró, A, Prácticas de la postmodernidad, en AAVV, Encuentros sobre modernidad y postmodernidad, FIM, Madrid, 1989. p. 197.
[21] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 67.
[22] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 67.
[23] Marchán Fiz, S, De arte objetual al arte del concepto, ed. cit. p. 68.
[24] Lucas, A, La cultura del rock, los movimientos juveniles de los años sesenta y las manifestaciones plurales y ecl{ecticas de los años setenta al noventa, A Distancia, UNED, Madrid, 1995, pp. 143 a 153, p. 147.
[25] Calabrese, O, La era neobarroca, ed. Cátedra, Madrid, 1994. P. 83.
[26] Charo Lacalle, Blue Velvet, ed. Paidós, Barcelona, 1998, p. 115 (El sistema axiológico de Terciopelo azul)
[27] Dorson, Van A.S. Postmodernist
music: the culture of ‘cool’ vs. Commodity (Shop as usual...and avoid panic bying). http://www.fastnbulbous.com/index/html
[28] Lyotard, J.F. La posmodernidad (explicada a los niños), ed. Gedisa, Barcelona, 1990, p. 25.
[29] Lacalle, C. David Lynch. Terciopelo azul, ed. cit. p. 110.
[30]
Arnaiz, J y Mendoza, J.L. The Velvet Underground, ed. cit. p. 56.
[31] Ribas, J Andy Warhol. Comprar es más americano que
pensar. Ajoblanco 21-22, dic.-enero 1990, pp.
34-43, p. 41.