PROPUESTA FORMAL DE CANDIDATURA AL

VIII PREMIO DE LITERATURA LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE JUAN RULFO, 1998

EN FAVOR DEL EXCMO. SR. D. FRANCISCO AYALA Y GARCÍA DUARTE

 

 

Manuel Ángel Vázquez Medel, Profesor de Literatura Española y Presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla , en nombre propio, de todas las Universidades de Andalucía (Sevilla, Granada, Huelva, Cádiz, Málaga, Córdoba, Jaén, Almería, Pablo de Olavide e Internacional), del Centro Andaluz de las Letras, de la Junta de Andalucía y de acreditadas instituciones y personalidades de nuestra Comunidad, de Europa y de América, formalmente

Propone como candidato al VIII Premio de Literatura Iberoamericana y del Caribe Juan Rulfo, 1998 al Excmo. Sr. D. Francisco Ayala y García Duarte por entender que su obra -que abarca casi todos los tiempos de la narrativa de nuestro siglo- expresa, en la más alta prosa creativa, las inquietudes y las angustias, el desconcierto y las esperanzas de los hombres del siglo XX, a la vez que indaga, más allá de la coyuntura histórica, los rasgos esenciales de la condición humana.

La concesión del Premio Cervantes 1991 le convirtió en el símbolo de las letras de España y América en el acto de entrega, en el marco del V Centenario. S.M. El Rey Juan Carlos I destacó así su verdadera dimensión iberoamericana: "Precisamente la obra de Francisco Ayala se ha desarrollado en las dos orillas del idioma y ha bebido en su origen y en su crecimiento la identidad plural de la cultura hispánica, mientras se remansaba en los últimos años en la realidad gozosa de la España del reencuentro (...) Porque tras la guerra civil vendrá el exilio, la continuidad de la vida y de la obra en la América de habla hispana que con tanta generosidad acogió a esa España peregrina de la que formaron parte tantos hombres y mujeres de nuestras artes y nuestras letras (...) Nunca consideró el exilio Francisco Ayala como un destierro cultural. Para él, la creación desarrollada en aquellos tiempos pertenece a la integridad de la cultura española, y posee con la que se siguió haciendo dentro de nuestras fronteras el rasgo unificador del uso común del idioma castellano. Ayala ha puesto así el acento en una cultura no diferenciada, sino enriquecida por los hechos históricos".

La aportación de Francisco Ayala, de dimensiones y alcance verdaderamente universales, adquiere un especial sentido en el marco de la comunidad iberoamericana: ofrece una muestra única de la mejor prosa en nuestro idioma, desde sus primeros tanteos formativos -que entroncan con las generaciones precedentes- y pasando por la creación de nuestra mejor prosa vanguardista, de una escritura llena de gravedad que evolucionará hacia el humor sarcástico, se matizará con profunda interioridad y lirismo, hasta llegar a la intuición de una escritura ya posmoderna que propone, a través de la reconstrucción del fragmento en una nueva totalidad, atisbos inexplorados de una nueva fase histórica en gestación.

Francisco Ayala, a la vez fiel expresión del tiempo que le ha tocado vivir -escritor en su siglo- y creador de indudable cuño estilístico propio, de estirpe cervantina, aúna en su figura las dimensiones más notables de la creación artística iberoamericana del siglo XX. Diversos avatares históricos hicieron que, tempranamente, se abriera a una Europa en ebullición, aún inmersa en el optimismo y la alegría vanguardista que trajo la paz tras la Gran Guerra, pero cuyo sombrío destino inmediato intuye. Fiel al destino de su pueblo, vivió la realidad del exilio difundiendo su saber sobre lo humano en Universidades de Argentina, Brasil, México, Puerto Rico y Estados Unidos, pero acompañando siempre, a una indagación social que hoy aparece como verdaderamente profética, escrita con prosa de calidad desconocida en el ámbito de las Ciencias Sociales, escritos perdurables que hacen de él no sólo un gran novelista sino, y sobre todo, un narrador que eleva el relato breve al lugar de honor al que también han contribuido nuestros mejores narradores iberoamericanos.

 

Francisco Ayala (Granada, España, 1906), como todo gran creador, se inició en el ejercicio de la emulación de los mejores, para llegar a formar parte de ellos por la impregnación de lo más cumplido de la tradición literaria universal, resuelto en una cosmovisión y en un estilo indudablemente irrepetibles. Rara vez podemos encontrar en la Literatura contemporánea una tensión tan equilibrada entre la búsqueda de lo permanente, y la fidelidad al momento histórico desde el que tal indagación adquiere sentido. Por ello, ya atisbamos anticipos de los rasgos esenciales del mejor Ayala en sus dos primeros ejercicios literarios, dos novelas de corte tradicional, Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926). Pero su voz es ya claramente reconocible en los relatos de El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930), escritos en ese momento único de la experiencia de la modernidad que protagonizan las vanguardias históricas. Suponen una singular aportación, al tiempo que la sensibilidad simpatética de Ayala logra prefigurar una dimensión trágica de la existencia en algún relato de la época como "Erika ante el invierno", que encontrará su natural continuidad en narraciones como "El Hechizado", a decir de J.L.Borges, "uno de los cuentos más memorable de las literaturas hispánicas".

 

En Los usurpadores (1949), conjunto de relatos en que se integra, el principio "el poder ejercido por un hombre sobre su prójimo es siempre una usurpación" toma cuerpo en diferentes ilustraciones de inspiración histórica, ahora ficcionalizadas y proyectadas, por tanto, hacia la esencial realidad que revelan. La narrativa de Ayala tiene la virtud de aproximarnos a situaciones cuya construcción hace perfectamente verosímiles, pero cuya dimensión imaginaria apunta a una realidad más profunda. Así ocurre con La cabeza del cordero (1949), narraciones que tienen como referente la guerra civil española, pero, que en el fondo, vuelven a referirse a la condición del hombre degradado o sometido a circunstancias extremas, por causa de la confrontación intransigente y la violencia. Por ello se trata de una obra cuya lectura se enriquece cuando se hace paralelamente a Los usurpadores.

 

Los tres lustros que van desde 1950 a 1976, años de dedicación docente en distintas universidades norteamericanas no le alejaron en absoluto de la construcción de su universo ficcional, cada vez más trabado, complejo y completo. De estos años son la colección de relatos breves Historia de macacos (1955), las novelas complementarias Muertes de perro (1958) y En el fondo del vaso (1962), que revelan las luces y sombras, tanto de la dictadura como de la democracia formal, y las recopilaciones El as de bastos (1963) y De raptos, violaciones y otras inconveniencias (1966). Ayala, que había adquirido la libertad de la escritura (tanto temática como estilística) en su etapa de experimentación vanguardista, y que tiñe -signo de los tiempos- de sombría gravedad sus escritos de posguerra, va incorporando a su escritura otros procedimientos que acentúan la distancia irónica y hasta sarcástica, a través de un humor inteligente, que se va transformando en una lírica melancolía sin concesiones.

 

Pero, cuando todos pensábamos ya en una carrera literaria hecha y que admitía pocas modificaciones, Ayala nos sorprende con un nuevo modo de relacionar el fragmento y la totalidad -El jardín de las delicias (1971, 1978, 1990, 1993), obra en la que las fronteras entre realidad y ficción se desvanecen casi, dado el peso real de la fabulación narrativa, a la vez que las delimitaciones genéricas (los marcos del ensayo, la narración, los materiales autobiográficos o la digresión libre y espontánea) han caído en favor de una nueva escritura. La obra de Ayala, siempre abierta a otras manifestaciones culturales y estéticas como el cine, la pintura o la música, acentúa en El jardín de las delicias ese diálogo con otros textos y manifestaciones artísticas, y nos descubre, a casa paso, nuevas potencialidades de significados.

 

Al mismo tiempo, con su aportación mayor al género literario de las memorias en el siglo XX, Recuerdos y olvidos (1982, 1983, 1988), Premio Nacional de Narración, de nuevo cuestiona los límites entre ficción y realidad, dado el alto valor literario de su escritura y la extrema capacidad de transcender la anécdota y dar entrada a reflexiones fulgurantes.

 

Francisco Ayala ha sabido transitar, a lo largo de su dilatada existencia territorios terribles y territorios gozosos. Ciudadano de una única Humanidad ha percibido las luces y sombras de la vida en los años infantiles en su Granada natal; en el Madrid republicano; en el Berlín en ebullición de los incipientes años treinta; en Argentina, México, Brasil o Puerto Rico en el exilio; en Estados Unidos o de nuevo en España...

 

Es esa la dialéctica de El jardín de las delicias, en el que se opone el "Diablo mundo" a los "Días felices". Y ha sabido hacerlo, escritor en su siglo, con el rigor de los mejores intelectuales y la sensibilidad de nuestros mejores creadores. Ni necesitó en sus días más difíciles de elogios que no le llegaron, ni ha cambiado la rectitud de su curso por los reconocimientos que justísimamente, le han ido llegando. Entre ellos, su elección como miembro de la Real Academia Española (1983), el Premio Nacional de Literatura (1983), la medalla de Oro de su ciudad de Granada (1987), el Doctorado honoris causa por la Northwestern University (1977), Complutense (1988), la Universidad de Sevilla y la de Granada (1994), la Universidad de Toulouse-Le Mirail (1997) y la UNED (1997), el Premio Nacional de las Letras Españolas (1988), el de las Letras Andaluzas (1989) o el Ibn Jaldún de la Junta de Andalucía (1994), que le proclamara Hijo Predilecto en 1990. Como culminación de todos, el Premio Cervantes de Literatura, en 1991, que destaca en su obra creativa un autor de estirpe cervantina y, como Cervantes, de alcance universal. Las numerosas traducciones de su obra a los principales idiomas así lo acreditan.

 

Ayala, además de estos excepcionales méritos ha sido uno de los mayores teóricos y críticos literarios contemporáneos, con una perspicacia que no ha precisado de términos abstrusos para iluminar de modo imperecedero algunas páginas mayores de nuestras literatura, al tiempo que indagaba los territorios de la poética; traductor del alemán, el inglés o el francés y teórico de la traducción... Y un ensayista que une a su espléndida formación sociológica -acreditadas en el Tratado de Sociología o su Introducción a las Ciencias Sociales- un permanente interés por las innovaciones tecnológicas y la evolución de las sociedades (Hoy ya es ayer; Contra el poder y otros ensayos; El escritor en su siglo, etc.) así como la transparencia y calidad de su palabra justa y equilibrada con una visión profética acerca de la crisis de la modernidad y las claves para un futuro humano y realista cimentado en la libertad y en el cultivo del espíritu de los hombres y los pueblos.

 

Su intensa defensa de una nueva organización planetaria que dé respuesta de modo razonable a las necesidades humanas, más allá de escisiones y fronteras, es paralela a su comprensión de la función histórica que el iberismo hubiera representado para los pueblos de nuestro más estrecho ámbito cultural, en el más amplio marco de Europa.

 

Por todo ello entendemos que en el presente año 1998, de tan especial significado para las Letras iberoamericanas, pocas figuras podemos encontrar que mejor expresen la realidad de nuestro siglo, con proyección universal, que Francisco Ayala, a quien proponemos como candidato al VIII Premio de Literatura Iberoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

Puede enviar su adhesión a:

amedel@cica.es

VER CONCESIÓN PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS 1988