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Taller de Análisis Poético y Creación Literaria |
| Mª José
Aguilar Orozco
Textos para el taller |
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LOS
OJOS Y LA VOZ
-Por codicia, por vanidad…
¿Acaso
por ambición
Puedes
perderte?
-Hasta el infierno… Por
unos ojos, Por
su mirada; Por
una voz, Por
su palabra.
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DESPEDIDA Era
medianoche. Él y tú, amantes
de la mano caminabais. A la
vuelta de la esquina de no importa qué calle llegó el momento: un
espacio cruel y oscuro os aguardaba para robaros el eco de vuestro caminar
acompasado. Triste,
desnudo ya del cuerpo amigo, por la acera de enfrente tus pasos te
alejaban.
A modo de Haikus (5-7-5- / 7-5-7) Chopos de seco alambre. Calima azul. Otoño impermeable.
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Al
azar Levanta
entre las hojas, Los
muros nada más. Una
noche que finja En
el aire vacío. Quiero
como horizonte Nuestra
nada divina, Pero
escapa el deseo El
sueño entre sus plumas. La
noche a la ventana En
vano dichas busca, Sobre
su verde espuma Huye
el aire en volandas.
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Creación Espacios
de una historia, Escenarios
descritos; Plegados
en mi mesa Aguardando
mi voz. Sus
voces a mi lado Hablan
tan ágil lengua Que
mis palabra, mudas, Se
pierden en su red. Focalización - ¿Quién, qué, cómo,…? ¿Cuenta
lo que sabe, más o menos? - ¿Urge contestar estas cuestiones? Si focalizar es el asunto: No hay más remedio, no te demores. |
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VIII Tampoco Albanio había olvidado
aquellos días. En cierta ocasión, volvió al pueblo ya sin Isabela. Su
historia de amor no resistió el paso del tiempo. Se acabó a finales de
aquel verano, cuando él decidió que el próximo estío volvería para
asentarse allí definitivamente y ella se negó a abandonar para siempre
la ciudad. Eso pensaba Anastasia, la guardesa,
para sus adentros: 'Nadie puede atar a nadie con las sogas del amor cuando
a una le están pidiendo a gritos que le dejen seguir su camino'.
Y es que Benito y ella habían tenido mucha suerte en la vida. Para
ella Benito lo había sido todo: su marido, su amante, su hijo,… Si uno
quería judías, al otro… ¡mira por donde!, las judías le apetecían
muchísimo; si uno aborrecía las repapalillas, todo se rodeaba para que
los buñuelos dejaran paso a otra cosa. Y es que, como le decía su madre
"en la vida todo es más que cuestión de poderes, cuestión de
suerte". A ver de qué le había servido a Isabela tanto paseo por la
huerta y a Albanio tanta caminata a la colina. Parecía que fuera ayer
cuando, Benito y ella, casi escondidos en aquel cuartucho al fondo de la
casa, habían de atender, sin entrometerse, sus más insignificantes
deseos. Ahora el señor estaba más
comunicativo. Les había hecho trasladarse a la habitación de huéspedes,
una alcoba pequeña pero acogedora y cálida; y les había ordenado que
buscaran a una cuadrilla de obreros para que remozaran la casa y la
huerta. Y es que el señor había comprado la finca en propiedad y pensaba
habitarla durante todo el año. Un joven jardinero había recuperado
el que fuera un día jardín cortesano: rosas fragantes y de gran colorido
decoraban ahora las restauradas tapias; los setos se hallaban coronados de
campanillas azules y rosas; y el agua del surtidor repiqueteaba desde sus
finísimos chorros. Albanio ya no subía más que de
tarde en tarde a la colina. El viento parecía haberse olvidado de su
antiguo amigo y éste, por su parte, indiferente, parecía no percatarse
de su existencia. Ahora gustaba de pasear con lentos pasos por las
callejas estrechas del pueblo, y a la vuelta, de
sentarse en el banco de piedra junto al ciprés, para gozar de ese olor
denso a tierra, que despertaba en él sus más tiernos recuerdos de antaño.
Al público lector: Este relato
encierra no una historia: innumerables historias. Sus personajes y el
lugar en el que transcurre pudieran ser cualquier pareja y no importa qué
lugar del mundo, en el que dos amantes vivieran el uno para el otro en la
pasión primera de su relación y, para quienes el tiempo -despiadado
verdugo- llevara por sus intrincadas sentencias a dirigir sus pasos por
senderos distantes.
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