EL TIGRE

 

 

Vagaba a paso quedo la energía,

los barrotes fundía con su mirada,

de la cárcel en que estaba encerrada

la entera humanidad que le temía.

 

Un sueño de Blake nos contemplaba.

Yo soñaba a los tigres del Oriente

ver hombres, agazapados sutílmente,

evocando a Shere Khann cuando soñaba.

Y ahí estaba él y sólo él,

ese tigre fatal y delicado,

el único, de todos habitado,

los que tuvieron y tendrán su piel.

La historia y las fauces le hacían fiero,

pero una niña musitó "le quiero".

(Libre reescritura borgiana) Fernando Morago