Dr. Inmaculada R. Cunill
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El encuentro del sentido en el cuerpo audiovisual


Desde que el hombre es hombre, se aboca a una reflexión sobre su mismo cuerpo por medio de la imagen. Los avances tecnológicos suponen, dentro de esta dinámica, una veta de cambios fundamental, pues proponen un nuevo modo de abarcar el universo y el cuerpo mismo del hombre. Ante la multiplicación abusiva de mensajes, el ser humano no se muestra como una máquina decodificadora, sino que se ve involucrado y modificado por ellos. Los nuevos soportes electrónicos e informáticos nos hacen contemplar de un modo diferente las imágenes del hombre.

A este respecto, los dos principales retos de la informática en la actualidad pueden ponerse en contacto con las dos dimensiones del cuerpo según Merleau-Ponty:

En cuanto a la emulación de la realidad, las imágenes de síntesis han sido capaces de resolver con éxito la textura de los minerales, como ocurría en Terminator 2, pero por ahora han fracasado en la recreación del cuerpo y, en especial, la cara. Aún no han conseguido sustituir a un actor por un cuerpo generado por la tecnología informática sin que el espectador se dé cuenta de ello.

Dentro de la ciencia ficción, innumerables rostros (por ejemplo, en El cortador de césped) carecen de expresión. A menudo, los movimientos de los cuerpos han sido diseñados con una pulcritud matemática, pero poco convincente; carecen de tics, de retardos, de los ÔfallosÕ y los detalles imprevisibles con los que se mueven nuestros propios cuerpos.

Así que la pregunta tarda poco en aparecer: ¿por qué a la tecnología le resulta tan extremadamente complicada la creación verosímil del cuerpo humano?

Lacan, describía el rostro como el más evanescente de los objetos, como un perpetuum mobile, en el sentido de que la movilidad de un rostro no impide que podamos identificar a una persona. Tal vez ahí radiquen su sacralidad y las razones de los problemas de la informática a este respecto.

Dentro del panorama fílmico, el tratamiento informático de imágenes previamente filmadas (como en Forrest Gump ) ha resultado más exitoso, pero lo ha sido porque se ha respetado el rostro de Tom Hanks, porque aún poseía esa forma inestable, ese perpetuum mobile.

Mientras tanto, una profusión de películas de ciencia-ficción necesita la creación de seres con unos cuerpos que, si bien poseen algunas características de los humanos, se diferencian radicalmente de ellos, por lo que se ha optado por una generación de androides, de seres híbridos que se transmutan, que comparten un conglomerado orgánico y un esqueleto mecánico. Un fuerte dispositivo de efectos especiales, efectos visuales, constructores de maquetas, de maquilladores, etc. se esconde tras la creación de estos personajes, aparte del tratamiento informático de las imágenes, lo que constituye una solución provisional del problema.

Una segunda solución se caracteriza por el añadido de imágenes electrónicas en el mismo filme, imágenes que nos desvelan el modo de ver, el aparato cognitivo del personaje androide. El rostro o la totalidad del cuerpo de este ser híbrido será sustituido por una pantalla electrónica, lo que nos introduce en el concepto de cuerpo audiovisual.

Es necesario establecer ahora algunas precisiones preliminares que se refieren a la introducción de una pantalla electrónica en una escena cinematográfica:

La película Robocop puede considerarse sintomática respecto a la asociación del cuerpo humano con los medios audiovisuales. La escena en el hospital, posterior al momento en que el policía Murphy es abatido a tiros, sirve de entrada a nuestra reflexión.

Nuestra primera apreciación es evidente: unas imágenes electrónicas sustituyen funcionalmente unos órganos del cuerpo humano. Cuando desaparezca el plano de los ojos del policía Murphy, serán las imágenes electrónicas las que se hagan dueñas del desarrollo de la historia. Surge así la primera interacción entre mirada y pantalla.

Una pantalla nos hace ver unas imágenes en el tiempo a un número más o menos elevado de individuos. Sin embargo, unos ojos no. Los ojos de Murphy se han visto relegados a su condición de objetos inmóviles, por lo que ya no es el perpetuum mobile que Lacan atribuía al rostro. No parpadean, y sabemos que los ojos que no parpadean son los de los muertos o los de los seres en estado vegetativo. Así, se une nuestro conocimiento del pasado a nuestra comprensión de la escena.

¿Cómo se consigue que creamos que Murphy y Robocop sean un mismo ser?

La presentación de Robocop no desde su apariencia externa, sino desde su forma misma de ver induce al espectador a compenetrarse con ese cuerpo audiovisual. Después de todo, el deseo compulsivo de atravesar la pantalla ha sido una constante en la historia occidental, y a través de los medios audiovisuales el deseo se hace realidad.

Por otra parte, la conexión de Robocop nos lleva al terreno de un nacer de la imagen electrónica, es decir, a la vida. La yuxtaposición de la muerte (a través de unos ojos inmóviles) con otros planos de una conexión electrónica (las imágenes) que da vida a otro personaje nos induce necesariamente a una identificación de Murphy con Robocop, casi como si se tratara de una resurrección.

Un tercer tipo de identificaciones se une a la de Robocop y Murphy. Se trata de la identificación entre visión y conocimiento.

Este cuerpo (el del espectador y el de Robocop unidos) que conoce a través de la visión se remite a ideas bastante antiguas que proceden de la Edad Media, cuando la pintura no tenía nada vaporoso, y definía pulcramente las figuras. Cuando aparezca la noción de infinito, se irán incluyendo paulatinamente efectos brumosos.

Nuestro conocimiento del mundo, como se puede observar a través de la historia, tiene su símil preferido en la visión.

La conformación de un cuerpo audiovisual se instaura, por fin, con la identificación propugnada entre el cuerpo del espectador y el cuerpo del personaje Robocop. En este caso se nos ha hecho creer que estamos involucrados con Robocop (vía Murphy). Pero esta creencia no se basa tanto en un hacer saber explícito, sino en la adhesión del destinatario, con lo que se nos introduce en el terreno de lo afectivo, en el que influye tanto el saber como el creer como el desear, hasta el punto de que puede más la manipulación de nuestros sentimientos (deseamos que Murphy viva) que el final lógico (no se ha podido hacer nada para salvarlo, y ha de morir). Por tanto, en este sentido vence el desear al saber.

Esta contradicción entre lo que nos indica la lógica del saber y la de nuestros deseos necesita de una coherencia para el desarrollo de la historia, por lo que se crea una dimensión diferente del cuerpo expuesto en la pantalla. Se trata de un cuerpo en que escasean las zonas orgánicas y donde todo se considera prótesis. La palabra prótesis, la adición de un órgano artificial o parte de él, lleva implícita la idea de que la prótesis es parte de un organismo considerado totalidad.

Pero, ¿cómo abarcar esa totalidad? La insistencia en la identificación de visión y conocimiento hace que localicemos el centro de operaciones cognitivas con la zona de su cuerpo que nos hace ver, el cerebro o ciertas partes de su cara. Aunque el brazo permanezca separado, puede moverse y parece ser no sólo observado por el equipo de científicos, sino por la cámara que filtra lo que, en teoría, deberían ver sus propios ojos.

Por tanto, se trata de un ejemplo en el que existe simultaneidad entre la cognición y las relaciones propioceptivas, lo que da huellas para concebir el brazo como parte de una totalidad corporal ¿Y acaso no habíamos partido de las dos dimensiones del cuerpo según Merleau-Ponty, la primera que observaba la cognición y la segunda que se conformaba en la experiencia, que incluía las relaciones propioceptivas?

Provisionalmente podemos hablar de la conformación de un esquema corporal en Robocop . Las prótesis no parecen ser un impedimento, puesto que existen desórdenes patológicos en los que surge la contradicción entre, por un lado, una realidad vivida y creída por vías propioceptivas y, en segundo lugar, una evidencia por medio de los sentidos, sobre todo, de la vista. Por ejemplo, pensemos en la incapacidad para advertir la existencia de lesiones corporales (anosognosia), la incapacidad para localizar y nombrar las partes del cuerpo propio (autotopagnosia), o el curioso fenómeno de los miembros fantasmas.

En el caso de esta escena, este esquema corporal es además común al espectador y al robot, porque comparten un mismo cono de visión. Así, se involucra el cuerpo mismo del espectador, y es lo que da consistencia a la creación de un cuerpo audiovisual. Aunque en Robocop prácticamente todo es prótesis, persiste un esquema corporal que nos viene dado por la localización expresa de visión y conocimiento en la cabeza de este androide.

Pero este esquema corporal carece de referencias al cuerpo orgánico. Su conocimiento se halla mediatizado por entradas y salidas de información audiovisual. El cuerpo como entidad orgánica casi ha desaparecido en el momento en el que la imagen pasa a negro y ningún sonido se puede adivinar desde la pantalla. Aunque Murphy se haya mutado en Robocop , un esquema corporal permanece en ambos, y ello es posible por el milagro de la visión. Si no hay visión, no hay cuerpo. Y si no hay cuerpo, se instala la nada. El cuerpo sólo adquiere su plena vigencia a través de lo audiovisual.

Además, como espectadores, no nos hemos instalado en el umbral mismo de la muerte, en la nada, puesto que la película ha continuado, puesto que hemos renacido a través de la mirada del mismo Robocop. Más bien hemos entrado en una entidad más etérea, la tecnología electrónica. Pero parece que una frialdad glacial asoma a través de esa mirada, que no nos dá noticias de la emotividad de Robocop. ¿Cómo puede relacionarse esto con la sospecha de humanidad en el robot?

Se nos ha hecho tener presente la supervivencia de Murphy, aunque su cuerpo esté destrozado, es decir, nuestro desear ha vencido en cierta manera al saber lógico.

Varias vías nos inducen a tener presente una emotividad, pero por la senda del SECRETO:

El esquema corporal de Robocop, en esta primera escena, se remite a un juego de mirar y tener conciencia de que se es mirado, incluso por uno mismo, lo que nos remite a la idea de Sartre por la cual la mirada es el hecho primario y fundamental del encuentro interindividual. Pero ya no se trata de la existencia de dos sujetos, sino de un enunciado fílmico y una indefinición de los términos, lo que nos vuelve a conectar afectivamente con el robot y a sospechar que éste posee humanidad.

Por un lado, el hacer saber nos hacía concebir a Robocop como un producto, no como una persona. La presentación de Robocop es la presentación de un producto de alta tecnología, lo que nos inclina a olvidar su posible dimensión humana.

Pero han surgido las estrategias del hacer creer, en contradicción con el hacer saber. Y se nos ha hecho creer por varias vías:

En suma, sospechamos y deseamos que Robocop sea humano, pero el problema se plantea en varias direcciones:

Todo ello indica que se nos infunde la sospecha de la humanidad de Robocop a pesar de que sea una pura prótesis, con lo que se pone en evidencia que la humanidad sobrepasa las limitaciones corporales. Este nuevo cuerpo audiovisual ya no es impenetrable, sino que puede ser penetrante y penetrado por la visión.

¿Y por qué intuímos esta humanidad aunque transgreda los límites físicos del organismo?

Esta es nuestra respuesta: el discurso gana en veracidad cuando se nos expone la humanidad de Robocop de forma implícita y velada. Vivimos el secreto de la humanidad de Robocop, aunque el resto de personajes de la escena no lo vivan (y en la pelicula, sólo habrá uno que comparta con nosotros ese desear y creer en la humanidad de Robocop). Como se nos ha hecho creer veladamente en ese secreto, se ha utilizado la estrategia de que ningún personaje lo comparta, menos nosotros. Es esencial para conducirnos a la sensación de verdad de ese creer que sintamos que la humanidad de Robocop es palpable.

Ha sido a través de la estrategia del secreto como se nos ha infundido esa sospecha. El equipo de técnicos nunca lo llama Murphy. Murphy ha desaparecido y con él, su memoria. Se nos ha convencido a través del secreto, pues Robocop es un hombre y no lo parece. Así, que al final, el creer podrá conducirnos a una dimensión ontológica, pues dotar de humanidad a un robot es dotarlo de un ser.

La sospecha de la humanidad de Robocop recae no tanto en una verificación de lo referencial como en la adhesión del destinatario. Y el destinatario desea que Robocop aún tenga un componente humano.

Una segunda escena acapara nuestra atención, puesto que parece un complemento de la primera. En ella se le están haciendo unas pruebas al robot para ponerlo a punto.

En este caso, se introduce no sólo el factor perceptivo (Robocop puede ver), sino que sus 'sensaciones' se configuran cognitivamente. Así lo demuestra la letra impresa sobre la pantalla electrónica. Esta letra es fruto de un reconocimiento, de un análisis, aunque éste se haya conseguido por medios artificiales.

Robocop analiza y graba las voces y los cuerpos de otros. Este cuerpo, por medio de la visión, conoce, pero también -lo que es más importante- memoriza, y su memoria está dispuesta durante las 24 horas del día. Un cuerpo que recuerda es un cuerpo capaz de autogenerarse, un cuerpo que se proyecta más allá de su piel, pues dentro de sí lleva, en forma de recuerdos, todo lo que le rodea. Es el caso del cuerpo humano, pero éste sea consciente o inconscientemente, recuerda selectivamente. Robocop, en cambio, es capaz de memorizarlo todo.

Estas apreciaciones nos inducen a interpretar el esquema corporal de Robocop como un objeto fractal. El comportamiento de un objeto fractal se basa en la repetición de la estructura del objeto, pero a escala más pequeña y formando parte del objeto mismo. Robocop ve, pero además, lo que ve, puede reproducirlo en la misma pantalla, que es el sustituto de sus ojos. Consecuentemente ¿no podría grabar también no sólo lo que ve, sino lo que reproduce en el recuadro que se observa en la parte derecha de la pantalla, para luego volver a reproducir esto mismo en el recuadro, y así hasta el infinito? Robocop, el hombre-máquina fractal podría verse inmerso en una situación sin fin de complejidades. Potencialmente, es un ser fractal, pero en la práctica esta fractalidad se ve limitada. ¿Cuáles son las limitaciones de esa fractalidad?

Estas limitaciones de la fractalidad no impiden que el espectador pueda intuirla, sólamente la determinan en un punto.

A través de esto, podemos llegar a nuestras conclusiones finales.¿Quién decide, en Robocop lo que debe o no grabarse? ¿Dónde está localizada la conciencia? Robocop podría estar memorizando sin fin las reproducciones de grabaciones anteriores. Sin embargo, opta por una posición determinada, por un ojo del observador, pero esto implica una decisión de carácter humano que requiere autonomía. Cuando está con el equipo tecnológico que lo ha creado, la grabación puede estar dictada por los humanos. Pero sólo se comprende que Robocop decida una grabación en un futuro si existe en él una conciencia de cuerpo, si existe una decisión humana alojada en el cerebro de Murphy.

Por consiguiente, a través de la percepción audiovisual, Robocop conoce el mundo como una prolongación de su mismo ser, deduciendo datos que pasan a su disco de memoria. Y puede, asimismo, recrear ese mundo temporalmente. Al introducirnos por medio de la cámara subjetiva en las percepciones de Robocop, compartimos esa corporeidad audiovisual que carece del sentido del tacto.

Robocop es el representante de una inteligencia que utiliza los procesos de retroalimentación, por lo cual su funcionamiento se asemeja al comportamiento del cerebro, más modular que lineal. Robocop se autogenera a través del conocimiento del contexto. La apreciación de Searle con respecto a que conocer es conocer el conocimiento nos remite precisamente a esta característica. Y, ¿acaso no hay en esta frase (conocer es conocer el conocimiento) la estructura fractal de la que hablamos con anterioridad?

Conocer para Robocop era también conocer su propio cuerpo, como se demuestra en el instante en que Robocop examinaba su mano metálica (imagen que, además, aparece mediatizada por la textura electrónica de la pantalla). Otra dimensión del conocer se basaba en la decisión acerca de qué recordar o no.

Con la introducción del monitor en sustitución de un miembro corporal de determinados personajes de ciencia ficción, no sólo se da la posibilidad de crear una máquina interior sino también una máquina que interacciona con el exterior correctamente, porque, entre otras cosas, se sabe conocer. Por eso, el cuerpo de Robocop es un dotador de sentido, que se autocorrige, y que toma el dominio de su vida. De máquina-objeto, máquina exterior, pasa a ser máquina interior e interactiva.

Así que hemos de observar estas dos escenas como punto de arranque de una corporeidad incipiente. Para que Robocop se configure como ser humano ha sido totalmente necesaria la adhesión del destinatario, hasta el punto de que éste no se librará siquiera de las relaciones sentimentales de los productos de Hollywood. Serán unas relaciones incipientes, no explícitas, entre Murphy y el personaje de Lewis, la mujer policía; unas relaciones que se establecerán gracias al artificio de la visión, porque la puntería del robot será corregida por la visión de Lewis en una de las escenas finales. La sexualidad de Robocob estará centrada en la visión compartida, un 'ver con los mismos ojos, aunque seamos dos'; es una sexualidad etérea que va más allá de las profundas limitaciones de su armazón metálico. Pero éste es ya otro tema.

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