T.S.ELIOT

El viento saltó a las cuatro

El viento saltó a las cuatro

el viento saltó y rompió las campanas

meciendose entre vida y muerte

aquí, en el reino de sueño de la muerte

el eco que despierta de un choque confuso

¿es un sueño o algo diferente

cuando la superficie del río ennegrecido

es una cara que suda con lágrimas?

Vi a través del río ennegrecido

la hoguera del campamento agitarse con lanzas extranjeras.

Aquí, a través del otro río de la muerte

los jinetes tártaros agitan sus lanzas.


Mezcla adúltera de todo

En América, profesor;

en Inglaterra, periodista,

sólo a zancadas y sudando

seguiréis apenas mi pista.

En Yorkshire, conferenciante;

en Londres, un poco banquero,

me pagaréis a tocateja.

En París es donde me pongo

casco negro de a-mí-qué.

En Alemania, filósofo

superexcitado por Emporheben

al aire libre en Bergsteigleben;

siempre yerro de aquí para allá

a golpes variados de tralalá

desde Damasco hasta Omaha.

Celebré mi día de fiesta

en un oasis africano

vestido con piel de jirafa.

 

Enseñarán mi cenotafio

en las ardientes costas de Mozambique.


Rapsodia de una noche de viento

Las doce.

A lo largo de los cauces de la calle

sostenidos en síntesis lunar,

susurrando encantamientos lunares,

se disuelven los suelos de la memoria

y todas sus claras relaciones,

sus divisiones y precisiones,

cada farol que dejo atrás

resuena como un tambor fatalista,

y a través de los espacios de lo oscuro

la medianoche sacude la memoria

como un loco agitando un geranio muerto.

La una y media,

el farol espurreaba,

el farol mascullaba,

el farol decía: "Observa a esa mujer

que vacila hacia ti en la luz de la puerta

que se abre hacia ella como una mueca.

Ves que el borde de su vestido

está desgarrado y sucio de arena,

y ves que el rabillo del ojo

se le retuerce como un alfiler torcido".

La memoria arroja y deja en seco

una multitud de cosas retorcidas;

una rama retorcida en la playa,

devorada, lisa, y pulida

como si el mundo rindiera

el secreto de su esqueleto,

rígido y blanco.

Un muelle roto en el solar de una fábrica,

óxido que se agarra a la forma que la fuerza ha dejado

dura y enroscada y dispuesta a dispararse.

Las dos y media.

El farol dijo:

"Observa al gato que se aplana en el arroyo,

saca la lengua furtiva

y devora un bocado de manteca rancia".

Así la mano del niño, automática,

salió furtiva y se embolsó un juguete que corría por el

muelle.

No vi nada tras los ojos de ese niño.

He visto ojos en la calle

tratando de escudriñar a través de postigos con luz,

y un cangrejo una tarde en un charco,

un viejo cangrejo con lapas en la espalda,

agarró el extremo de un palo que le tendí.

Las tres y media,

el farol espurreaba,

el farol mascullaba en lo oscuro.

El farol canturreaba:

"Observa la luna,

la lune ne garde aucune rancune,

guiña un débil ojo,

sonríe a los rincones.

Alisa el pelo de la hierba.

La luna ha perdido la memoria.

Una desvaída viruela le agrieta la cara,

su mano retuerce una rosa de papel,

que huele a polvo y agua de colonia.

Está sola

con todos los viejos olores nocturnos

que cruzan y cruzan por su cerebro".

Viene la reminiscencia

de secos geranios sin sol

y polvo en grietas,

olores de castañas en las calles,

y olores femeninos en cuartos de ventanas cerradas,

y cigarrillos en pasillos

y olores de cócteles en bares.

El farol dijo:

"Las cuatro.

Aquí está el número en la puerta.

¡Memoria!

Tienes la llave,

la lamparilla extiende un círculo en la escalera.

Sube.

La cama está abierta: el cepillo de dientes cuelga en la

pared,

deja los zapatos a la puerta, duerme, prepárate para la

vida."

El último retorcimiento del cuchillo.


El Entierro de los Muertos

 

Abril es el mes más cruel, criando

lilas de la tierra muerta, mezclando

memoria y deseo, removiendo

turbias raíces con lluvia de primavera.

El invierno nos mantenía calientes, cubriendo

tierra con nieve olvidadiza, nutriendo

un poco de vida con tubérculos secos.

El verano nos sorprendió, llegando por encima del Starnbergersee

con un chaparrón; nos detuvimos en la columnata,

y seguimos a la luz del sol, hasta el Hofgarten,

y tomamos café y hablamos un buen rato.

Bin gar keine Russin, stammí aus Litauen, echt deutsch.

Y cuando éramos niños, estando con el archiduque,

mi primo, me sacó en un trineo,

y tuve miedo. El dijo, Marie,

Marie, agárrate fuerte. Y allá que bajamos.

En las montañas, una se siente libre.

Yo leo, buena parte de la noche, y en invierno me voy

al sur.

 

¿Cuáles son las raíces que se aferran, qué ramas crecen

de esta pétrea basura? Hijo de hombre,

no lo puedes decir, ni adivinar, pues conoces sólo

un montón de imágenes rotas, en que da el sol,

y el árbol muerto no da cobijo, ni el grillo da alivio,

ni la piedra seca da ruido de agua. Sólo

hay sombra bajo esta roca roja,

(entra bajo la sombra de esta roca roja),

y te enseñaré algo diferente, tanto

de tu sombra por la mañana caminando detrás de ti

como de tu sombra por la tarde subiendo a tu encuentro;

te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.

 

Frisch weht der Wind

der Heimat zu

Mein Irisch Kind

Wo weilest du?

 

"Me diste jacintos por primera vez hace un año;

me llamaron la chica de los jacintos."

-Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los jacintos,

tus brazos llenos y tu pelo mojado, no podía

hablar y me fallaban los ojos, no estaba ni

vivo ni muerto, ni sabía nada,

mirando en el corazón de la luz, el silencio.

Oedí und leer das Meer.

Madame Sosostris, famosa vidente,

tenía un fuerte resfriado, sin embargo

es conocida como la mujer más sabia de Europa,

con una perversa baraja. Aquí, dijo,

está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,

(perlas son estos que fueron sus ojos. ¡Mirad!)

Aquí está Belladonna, la Señora de las Piedras,

la dama de las situaciones.

Aquí está el Hombre de los Tres Bastos, y aquí la Rueda,

y aquí el mercader tuerto, y esta carta,

que está en blanco, es algo que lleva él a la espalda,

que me está prohibido ver. No encuentro

al Hombre Ahorcado. Tema la muerte por agua.

Veo multitudes de gente, dando vueltas en un círculo.

Gracias. Si ve a mi querida Mrs. Equitone

dígale que y misma le llevaré el horóscopo:

en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

 

Ciudad irreal,

bajo la niebla parda de un amanecer de invierno,

una multitud fluía por el Puente de Londres, tantos,

no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.

Se exhalaban suspiros, breves y poco frecuentes,

y cada cual llevaba los ojos fijos ante los pies.

Fluían cuesta arriba y bajando King William Street,

a donde Santa María Woolnoth daba las horas

con un sonido muerto en la campanada final de las

nueve.

Allí vi a uno que conocía y le paré, gritando: "¡Stetson!

¡Tú que estabas conmigo en las naves en Mylae!

Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,

¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?

¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho?

¡Ah, mantén lejos de aquí al Perro, que es amigo del

hombre,

o lo volverá a desenterrar con las uñas!

¡Tú! Hypocrite lecteur! mon semblable, -mon frère!"