LA VARIEDAD DIALECTAL CARTAGENERA DENTRO DEL CONTEXTO DEL ESPAÑOL HABLADO EN MURCIA. A PROPOSITO DE SESEO Y CECEO.

Dr. César San Nicolás Romera
Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM)
cnicolas@ucam.edu


Si desde un punto de vista diacrónico podemos utilizar el término dialecto murciano, para designar una situación histórica delimitada cronológica y geográficamente, y forjada paulatinamente con la aleación e incorporación de distintos códigos y normas lingüísticas, tales como el árabe, mozárabe, aragonés, catalán-valenciano y andaluz sobre una base inicial castellana, bien es cierto que desde un punto de vista sincrónico la situación lingüística actual no nos faculta para seguir empleando dicha denominación. En aras de una mayor precisión científica y filológica se acuñó por una parte de la crítica el término hablas murcianas para designar el conjunto de peculiaridades fonéticas, morfosintácticas y léxicas que hoy se pueden observar en los actos locutivos de las personas autóctonas, o largamente enraizadas en esta región» (1). Se recurre, pues, a la noción de habla regional en su acepción de vestigios que quedan de un antiguo dialecto, ya en desuso, una vez que han actuado sobre él los diferentes procesos de regularización, normalización y sistematización sufridos por el idioma, o lengua general, de la que depende» (2). Así, el empuje del idioma general ha ido mermando las posibilidades de generalización de los antiguos dialectos, tendiendo las peculiaridades dialectales a cobijarse en reductos geográficos limitados, parcelas de actividades claramente sumidas en la tradición y, desde el punto de vista social, en segmentos poblacionales alejados de los circuitos culturales estandarizados. Con todo, ciertas peculiaridades -o posos dialectales- léxicas han pervivido y algunas de ellas incluso han sido admitidas por los órganos rectores de la lengua general, aunque bien es cierto que acudiendo al respaldo oficialista del "testimonio o datación escrita", donde, como es habitual, sigue latente el principio de autoridad. Es lo que ocurrió con la aceptación de la etiqueta murcianismo dentro del DRAE. Independientemente de que la valoración de las voces murcianas se realice utilizando un rasero académicamente correcto, el hecho importante es que esa aceptación e incorporación al repertorio general del idioma abre el camino para que progresivamente otras voces patrimoniales de nuestro ámbito lingüístico -el español hablado en Murcia- puedan aspirar a engrosar el listado de dicho corpus.

Pasando por alto de una forma intencionada el panorama crítico que ha venido generándose sobre el murciano como dialecto, habla de tránsito o variedad hablada, vamos a ocuparnos de caracterizar en este breve trabajo dicho status de lengua, ubicando los fenómenos concretos -compartidos o no con otros dominios- de nuestra zona de estudio -la variedad dialectal cartagenera- dentro de unas coordenadas lingüistico-idiomáticas, útiles a la hora de delimitar las manifestaciones que todo estudio sincrónico-diacrónico ha de contemplar desde el punto de vista de la praxis científica.
Podemos establecer, pues, que el ámbito físico de las hablas murcianas queda delimitado geográficamente por una figura geométrica en cuyos extremos se situarían los ríos Júcar, Vinalopó y Almanzora, prolongándose la línea divisoria establecida por este último hasta las estribaciones de la Sierra del Segura, quedando definitivamente cerrado el polígono con la Sierra de Alcaraz. Las tierras que quedan dentro de esas fronteras son las de la cuenca del río Segura [...] con sus distintas variedades comarcales [...]» (3).

Como muy bien advertía J. Muñoz Garrigós, desde una perspectiva extralingüística, cabría apuntar el hecho de que se trata de una región natural muy fuertemente comarcalizada, habiendo servido como núcleo aglutinador de estas subzonas la recia personalidad histórica, social y cultural de algunas ciudades» (4). Este factor contribuyó de una forma eficaz a que la caracterización lingüística atendiera a ciertas peculiaridades territoriales en función de la propia idiosincrasia de cada subdominio comarcal, no llegando a presentar una variación acusada, pero sí diferencias específicas sobre todo en los niveles del léxico y en algunos procesos fonéticos, acaso, de influencia externa, pero profundamente enraizados dentro del dominio.

En la zona en su conjunto hallamos, pues, una presencia abundante de catalanismos, aragonesismos y arabismos, en clara coincidencia con algunas zonas de Andalucía Oriental, aunque algunos de ellos enquistados de tal manera dentro de la estructura propia del léxico castellano que hacen difícil en ocasiones determinar su filiación concreta; este es un hecho que viene a caracterizar específicamente la variedad lingüística de estas hablas.

Con respecto a la influencia aragonesa y catalano-valenciana está documentalmente probado el hecho de la intensa repoblación de estas tierras por gentes procedentes de ambos dominios históricos a partir del siglo XIII. Desde el punto de vista lingüístico, la confluencia de normas, su contacto armónico y la posterior extensión del modelo castellano está perfectamente estudiado (5), como también lo está el hecho de las fuertes huellas léxicas dejadas por aquellos sobre la base de estas hablas.

Desde el punto de vista de la evolución fonética existe una clara concomitancia en sus características comunes con las hablas meridionales de la Península: pérdida de /-s/ implosiva, desarrollo -o no- de fenómenos compensatorios y/o alteración del sonido contiguo, trueque de líquidas en posición implosiva y seseo en algunas zonas. Con respecto a la influencia oriental, las hablas murcianas ofrecen puntos de contacto en algunos de sus resultados evolutivos, traducidos la mayoría de las ocasiones en formas léxicas adoptadas e incorporadas, fenómenos de seseo y elementos morfológicos puntuales como los sufijos diminutivos en -ico compartidos con otros dialectos hispanos e hispánicos.
En suma, el resto de manifestaciones fonético-fonológicas, morfosintácticas y léxicas son, en su inmensa mayoría, expresamente comunes al castellano, lo que nos reafirma en la idea de desechar el término dialecto murciano por su sustituto de hablas murcianas (abarcando ese aspecto de pluri-variedad comarcal), e incluso el más descriptivo -y pensamos que más acertado- español hablado en Murcia» (6).

Intentando aportar una visión más en detalle acerca del español hablado en Murcia, recurriremos a la división de subzonas propuesta por Muñoz Garrigós, con el fin de adscribir a cada una de ellas los fenómenos fonético-fonológicos que le son propios, aceptando como convencionalismo metodológico dicha división, en aras de una mayor comprensión de la variedad perceptible en el conjunto del dominio. No entraremos, pues, en discutir una cuestión baladí como la propia de establecer lindes tangiblemente exactos, ya que de alguna manera esto es poco menos que imposible.

a) Vega del Segura (Cieza, Orihuela y Murcia)
Pérdida de /-s/ implosiva, transfonologización de la marca de pluralidad a la doble abertura de la vocal que queda como final absoluta incluso con fenómenos de aspiración según el contexto (Murcia), trueque de líquidas, aspiración de /f-/ inicial, presencia de seseo de origen valenciano (Vega Baja).
b) Altiplano (Jumilla y Yecla).
Pérdida de /-s/ final de los plurales; el fonema no se ve afectado en posición implosiva interior, tampoco se observan fenómenos compensatorios en sonidos vocálicos y consonánticos contiguos.
c) Marquesado de Villena (ámbito administrativo de Alicante).
Seseo de origen valenciano (similar al de la Vega Baja), aspiración de /j/ castellana.
d) Zona noroccidental o Noroeste murciano.
Pérdida de /-s/ implosiva, ausencia casi total de fenómenos compensatorios, presencia de sordas intervocálicas sin sonorizar.
e) Valle del Guadalentín.
Zona de clara influencia andaluza, yeísmo típicamente andaluz, presencia de aspiraciones, sin embargo, ausencia de seseo/ceceo, dominio de /s/ castellana.
f) Sur de la Mancha (Hellín, Sierra de Alcaraz).
Escasa relajación de -s/ implosiva (nunca pérdida completa), ausencia de fenómenos compensatorios, ausencia de yeísmo, trueque de líquidas alternado con distinción de las mismas.
g) Comarca costera de Cartagena (litoral murciano).
Pérdida de /-s/ implosiva, transfonologización sustitutoria de la marca de pluralidad a la doble abertura de la vocal que queda como final absoluta incluso con fenómenos de aspiración según el contexto, trueque de líquidas, seseo de origen andaluz.

Dentro de la caracterización jerárquica del entorno lingüístico aglutinador -esto es, el español hablado en Murcia- la variedad cartagenera adquiere una dimensión particular, por cuanto además de compartir peculiaridades fonético-fonológicas con la mayor parte de las comarcas de la región natural, es portadora de un rasgo diferencial que la separa del resto, nos referimos al seseo.

Ciertamente, si examinamos la bibliografía sobre el particular, podemos concluir que no es mucho lo que se ha escrito sobre este fenómeno, sin embargo parece que lo existente ha sido tan rotundo como para -a pesar de no existir una certeza absoluta constatada con datos y documentos históricos fehacientes- determinar su filiación propiamente andaluza. En ausencia de otra hipótesis más sólida y veraz, consideramos dicho origen como válido, a pesar de que consideramos necesario someter la cuestión a un estudio en profundidad, con el fin de aportar -si es posible- argumentos más directa y fácilmente constatables. En cualquier caso no es competencia de este trabajo bucear en el origen de dicho fenómeno. Por ahora nos limitaremos a su descripción como peculiaridad propia de la variedad lingüística cartagenera, atendiendo, dentro del panorama crítico, las opiniones vertidas por los estudiosos sobre la caracterización de dicho rasgo.

La primera mención expresa sobre el seseo cartagenero nos llega de la mano de Amado Alonso en un trabajo del año 1951 (7). Allí recoge el testimonio que el ortógrafo cartagenero Nicolás Dávila expresa en su Compendio de ortografía de 1631: Cartagena, otro foco aislado de seseo en la costa murciana; su denunciador el caballero cartagenero Don Nicolás Dávila, no lo asocia con el andaluz, sino con el valenciano y quizá por tal vecindad. Pero en 1631 todavía era en Cartagena "defecto de muchos", no generalizado como en Valencia, "donde está muy introducido"; menos practicado también que en Sevilla, a juzgar por el modo de redacción:

Vicio es notable usar la s por la c cedilla, y costumbre de los sevillanos, aunque también en Cartagena, mi patria he conocido a muchos este defecto, quizá por la vecindad de Valencia, donde está muy introducido» (8).

Desde el punto de vista de los estudios lingüísticos sobre el dominio murciano, uno de las primeras valoraciones sobre el fenómeno del seseo la encontramos en el Vocabulario de Justo García Soriano, donde de una forma explícita se nos dice: el seseo valenciano o permuta del sonido interdental c y z por el alveolar fricativo sordo de s, se conserva en algunas comarcas de la parte levantina y meridional de la región (distritos de Elda, Aspe, Monforte y partidos de Orihuela, Dolores y Cartagena)[...]» (9). No explica nada más; nivela, pues, la presencia y caracterización del rasgo, vinculándolo directamente al dominio seseante catalán-valenciano.

Un año después de que García Soriano hiciera estas afirmaciones, Navarro Tomás (junto a Antonio Mª Espinosa -hijo- y Lorenzo Rodríguez Castellano) publicaría en su célebre artículo La Frontera del andaluz» un estudio pormenorizado, planteando el enunciado propiamente dicho del origen andaluz del seseo dentro de la variante dialectal cartagenera. Las razones de Tomás Navarro Tomás se basaban en el análisis fonético-articulatorio de dichos sonidos en posición inicial de sílaba, porque -como indicaba el autor- la posición final de sílaba o palabra, por lo que se refiere a la pronunciación de s y z, ofrece en los ámbitos hispanos e hispánicos, fuera de su reducción a un solo sonido, otras muchas modificaciones fonéticas: Mientras la s general en la provincia de Murcia es la apicoalveolar cóncava, de tipo castellano; [...] en la zona del seseo cartagenero la articulación de la s es coronopredorsal prealveolar, más o menos convexa, circunstancia que da a este seseo un carácter más semejante al seseo andaluz [predorsal, convexa y relativamente aguda] que al valenciano. El que se oye en los pueblos alicantinos seseantes de habla castellana [...] es de articulación fundamentalmente apicoalveolar cóncava. El seseo de Cartagena y de los pueblos de su zona, aunque se considera como vulgar, conserva aún bastante vitalidad para poderlo oir abundantemente en esos lugares. En los lugares de dicha zona limítrofes con la distinción -Las Palas, Albujón y Torre Pacheco- aparece mucho más desvanecido que en los restantes [...]» (10).

Desde ese momento hasta hoy la descripción propuesta por Navarro Tomás ha sido matizada en cuanto a la delimitación de fronteras descrita en el año 1933, pero en lo substancial es la teoría que sigue considerándose como "oficialmente" aceptada. En ese sentido, Ginés García Martínez en su trabajo sobre el habla de Cartagena (11) recoge el testigo de T. Navarro e incorpora en su trabajo los apuntes efectuados por éste, enriqueciéndolos con una labor de campo más directa, habida cuenta del carácter monográfico de dicho estudio y su vinculación físico-afectiva con la zona de análisis. Por lo demás, nada nuevo se nos dice, salvo precisar -como indicábamos arriba- ciertas cuestiones sobre la extensión del rasgo.

Quien sí matiza y mucho la descripción articulatoria del rasgo es Emilia García Cotorruelo en su Estudio sobre el habla de Cartagena y su comarca (12). A través del análisis pormenorizado de distintos palatogramas -similares a los recogidos por Navarro Tomás en La frontera del andaluz»- la investigadora llega a la siguiente conclusión: Las experiencias por mí realizadas acerca de las personas que sesean demuestran que se trata de una s predorsal /s/ en la que el carácter corono-prealveolar no llega a realizarse. Esta s tiene la particularidad de ser muy abierta; el dorso de la lengua adopta una posición casi plana, sin apenas acanalamiento, y toca el paladar y molares de ambos lados de la boca, permitiendo una zona linguo-palatal más amplia que en las eses andaluzas» (13). Matizado ésto, la misma autora establece que la propagación del seseo -a partir del mar- hacia la zona agrícola se vió facilitada por la convergencia en Cartagena -núcleo marítimo seseante- de todas las actividades vitales del término, con cuyo límite coinciden casi exactamente las fronteras del seseo» (14). No podemos olvidar, en cualquier caso que estos enunciados fueron hechos en el año 1959 sobre datos recogidos con anterioridad a esa fecha. A pesar del rigor del planteamiento, basado ante todo en la observación directa del fenómeno, ha llovido bastante y es preciso remozar el análisis de la realidad para constatar su status sincrónico actual y, al mismo tiempo, bucear en la búsqueda de una explicación diacrónica de su origen y evolución.

Para cerrar este breve repaso dedicado al estado de la cuestión crítica acerca de la variedad seseante de la zona de Cartagena y aledaños, nos permitimos recoger una opinión más; la expresada por Muñoz Garrigós, por ser la última de que tenemos constancia impresa. Sirva la misma como recapitulación, hasta el momento de disponer de datos que abriguen una explicación definitiva -y actual- del fenómeno: La comarca costera de Cartagena [...] presenta como rasgo muy destacado de su fisonomía lingüística el seseo; pero, a diferencia del que se registra en la Vega Baja del Segura, éste es de origen andaluz, como ya advirtió en su día Tomás Navarro Tomás [...] Si no hubiese constancia de la existencia de otros andalucismos en tierras murcianas, bastante alejada de estas comarca, o sin solución de continuidad entre ellas, podríamos pensar que estamos ante un episodio más de la expansión hacia el norte de los rasgos del español meridional [...] parece poco probable que sea esa la única causa del seseo cartagenero, sin que tampoco podamos excluirla totalmente. Si consideramos el carácter primordialmente costero de este rasgo, ya que su penetración hacia las tierras interiores, cuya base económica prioritaria es la agricultura, no sólo es escasa, sino que también es progresivamente descendente, podemos empezar a sospechar que la diferencia lingüística no es más que la manifestación tangible de la presencia de dos modelos económicos dispares, irradiados cada uno de ellos desde centros distintos: el agrícola desde Murcia, y cuya frontera habría que situarla en poblaciones tan cercanas a Cartagena como El Albujón y Pozo Estrecho, y el marítimo-pesquero, con el aporte de la actividad minera de las actuales municipios de La Unión y Mazarrón, irradiados desde tierras andaluzas. A la vista de estos datos, sólo son posibles dos hipótesis a la hora de explicar la presencia de este rasgo lingüístico en estas tierras: 1) estamos ante una temprana expansión territorial de las peculiaridades sureñas, o 2) el proceso es casi coetáneo en ambas zonas. Sin disponer de razones definitivas que excluyan radicalmente la primera de ellas, nos parece un poco prematura la posibilidad de la expansión, debida a exclusivas razones lingüísticas, del español del sur. Pero si, como ocurrió en el español de allende el océano, la semilla de la diversificación lingüística estaba en los propios emigrantes, es la segunda hipótesis la que adquiere realce. No se han publicado hasta el momento presente, y no parece que existan, datos sobre la población pesquera de Cartagena, desde el punto de vista histórico, pero sí que hay, por fortuna, algún esbozo acerca de las explotaciones mineras de la comarca [...] y que aporta noticias que pueden ser de interés. En efecto, a mediados de 1462 las minas de alumbre situadas en esta zona son explotadas por el consorcio formado entre el marqués de Villena y don Pedro Fajardo, de la familia de los Vélez, emparentados con los duques de Medina Sidonia; hasta mediados del XVI fueron arrendadas estas explotaciones a castellanos y genoveses, pero a partir de entonces fueron los propios concesionarios quienes aportaron el personal preciso para la producción. No es de extrañar, pues, que dadas las vinculaciones andaluzas de los Fajardo, trajesen familias de esta procedencia a trabajar en las minas; mi hipótesis es que estos andaluces emigrados a tierras cartageneras pudieron ser la causa del actual seseo, y de su aparición temprana, con independencia de que ya lo trajeran, o de que se produjera entre ellos una evolución paralela a la que estaba ocurriendo en Andalucía» (15).

Aunque lógico, lo planteado por Muñoz Garrigós no deja de ser una hipótesis que sigue suponiendo mucho y verificando poco. Además, ¿cómo encaja este planteamiento con los centros de irradiación del fenómeno, la población marítimo-pesquera concentrada en un punto concreto, uno de los reductos donde mayor intensidad y vitalidad conserva el rasgo? ¿Acaso influencia de los trabajadores de la minería sobre los de las pesquerías? ¿Al contario? ¿Interactuando entre sí? La incógnita sigue abierta. Dado lo antiguo de la documentación existente sobre el seseo (16), quizás tengamos que buscar su origen en la suma de no uno sino diversos factores. Es obvio que la s cartagenera desde el punto de vista articulatorio parece participar más de la andaluza que de la castellana. Sin embargo, no podemos suponer una derivación directa andaluza, ya que no poseemos datos concretos y documentales referidos a la presencia de dichos pobladores en el área pesquera de nuestro litoral. Sí que tuvo que existir una migración de los pueblos costeros de Andalucía (de hecho aún hoy existe un importante número de pescadores de origen andaluz y es lógico pensar en cierta movilidad geográfica dentro de la profesión marinera dado su carácter no estacionario), pero ni más ni menos importante que la de pescadores procedentes del litoral valenciano. Si consideramos desde el punto de vista histórico la presencia documentada a partir del año 1395 en el litoral de pescadores procedentes de la costa catalano-valenciana -según hemos podido demostrar (17)- y la carencia de documentación referida a oleadas migratorias andaluzas, es lógico pensar que al igual que se presupone un origen andaluz del fenómeno, ¿por qué no contemplar -con mucho mayor fundamento- un origen valenciano? Otra cosa distinta es que el rasgo experimentara un proceso de adaptación o que la confusión seseante se generara por ambas partes, resultando al final una solución predorsal -como parece- más propia de la influencia del sustrato (esto es, unas condiciones propicias a la relajación) que de la pureza del rasgo tal y como pudieron traerlo los hablantes originales. Como antes decíamos, teniendo en cuenta la antigüedad del fenómeno hemos de suponer que el seseo actual no sea más que un vestigio enquistado de una situación de inestabilidad dialectal en un momento en que aún no se había fijado la diferenciación entre [s] y [z]; el castellano materializó la diferencia, sin embargo en el ámbito de nuestro dominio -quizás por la confluencia de normas (catalán, aragonés, mozárabe, castellano y andaluz)- la confusión se haría patente, con independencia de que su articulación fuera predorsal; eso no haría más que indicar la semejanza de los rasgos articulatorios de nuestra zona con los del andaluz (obvio por otra parte), pero al cabo no probaría la teoría del origen meridional del seseo cartagenero. En última instancia queda pendiente, pues, realizar múltiples análisis para corroborar la descripción exacta de ese fonema concreto y sus "diversas" realizaciones; por ahora éstas -como otras muchas- son cuestiones sobre las que no podemos pronunciarnos por no poseer datos de rigor al respecto.

Para concluir nuestro recorrido por la caracterización fonético-fonológica de la variedad dialectal cartagenera, nos restaría efectuar un apunte más, esta vez referido al fenómeno del ceceo atestiguado de una manera débil en la zona.
El propio Navarro Tomás en el artículo mencionado con anterioridad indica que también este fenómeno tiene su representación en la provincia de Murcia, aunque sea de manera tan escasa que sólo hemos podido atestiguarlo en la pequeña aldea de Perín, a unas dos leguas al oeste de Cartagena, cerca de la costa, y esporádicamente, alternando con el seseo, en Torre Pacheco. Su articulación es más dental que interdental, no siempre de abertura plenamente alargada, lo cual da en ocasiones al sonido un timbre intermedio entre s y z» (18).
El propio Ginés García Martínez en su Habla de Cartagena cita literalmente las anteriores palabras de Navarro Tomás (19), aunque añade: Respecto a la aldea de Perín, varias circunstancias, que no he podido fundamentar documentalmente, a entera satisfacción, inducen a pensar que este núcleo de ceceo -muy reducido, suelto y aislado-, se deba a la inmigración almeriense [...]» (20).

Por su parte, Emilia García Cotorruelo incluye nuevamente un matiz oportuno: Correlativamente a la existencia de la s predorsal, se oye en algunos puntos de nuestro término una pronunciación vacilante entre s - z, que se da en Andalucía [...] Esta modalidad no es más dental que interdental [...], sino la misma s predorsal -el ápice desciende a los incisivos inferiores-, completamente plana y de abertura un tanto alargada como en la z castellana, lo que le da un carácter predorsointerdental, a veces con timbre más próximo a s que a z» (21). Sobre la extensión y vitalidad de este ceceo, basado en una articulación inestable -más relajada- de la predorsal propia de la zona, afirma igualmente: En algunas zonas -las más aisladas- de nuestra comarca, y debido al carácter vacilante de la /s/ predorsal, ha quedado generalizado el timbre ceceante de aquel sonido; el ceceo entre los habitantes de estas zonas sólo se conserva puro en los ancianos, conviviendo con el seseo en los demás habitantes. [...] Su vitalidad es, pues, escasa; tiende a integrarse en el seseo».(22) En la actualidad nuestra propia experiencia sobre el tema nos indica que no se puede hablar propiamente de ceceo en sentido estricto, sino más bien de un alófono de la articulación seseante. El rasgo es prácticamente imperceptible hoy por hoy, aunque debería de ser sometido -dentro de un estudio general del seseo- a revisión de rigor.


NOTAS:

(1) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. Historia de las hablas murcianas», en Historia de la lengua española en América y España, Universidad de Valencia/Tirant lo Blanch, 1995, p. 399
(2) Ibidem.
(3) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. El Murciano», en Lenguas peninsulares y proyección hispánica. M. Alvar (coord.), fundación Friedrich Ebert/Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid, 1986, pp. 152-153. Sobre la consideración particular de los límites orientales planteados aquí, conviene consultar también ABAD MERINO, M. Repobladores, mudéjares y moriscos. La presión lingüística en el oriente del Reino granadino», en MVRGETANA, 96, Murcia, 1996, donde se matiza la necesidad de pasar los límites del Almanzora y adentrarnos en el territorio almeriense, para fijar los límites occidentales de este conjunto de hablas», p. 38.
(4) Ibidem, p. 153.
(5) Cfr. DÍEZ DE REVENGA TORRES, P. Estudio lingüístico de documentos murcianos del siglo XIII (1243-1283), Publicaciones del Departamento de Gramática Histórica de la Lengua Española, II, Universidad de Murcia, 1986 y ABAD MERINO, M. El cambio de lengua en Orihuela. Estudio sociolingüístico-histórico del siglo XVII, Universidad de Murcia/Caja Rural de Orihuela, 1994.
(6) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. Historia de las hablas murcianas», Art. cit., p. 400.
(7) ALONSO, A. Historia del ceceo y seseo españoles», en Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo (BICC), VII, Bogotá, 1951, p. 111-200.
(8) Cfr. Ibidem, p. 133.
(9) Cfr. GARCÍA SORIANO, J. Vocabulario del dialecto murciano, con un estudio preliminar y un apéndice de documentos regionales, C. Bermejo Imp., Madrid, 1932 (2º imp. facs, Murcia, 1980)., p. XIV.
(10) Recogido en NAVARRO TOMÁS, T. La frontera del andaluz», en Capítulos de Geografía Lingüística de la Península Ibérica, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, XXXV, Bogotá, 1975, p. 60.
(11) Cfr. GARCÍA MARTÍNEZ, G. El habla de Cartagena. Palabras y cosas. Notas para el estudio del aragonés y del catalán por el Sur. Patronato de Cultura de la Excma. Diputación, Murcia 1960 (2ª Reimpresión, Universidad de Murcia/Excmo. Ayuntamiento de Cartagena, Murcia, 1986).
(12) GARCÍA COTORRUELO, E. Estudio sobre el habla de Cartagena y su comarca. Anejo III del Boletín de la Real Academia Española (BRAE), Madrid, 1959.
(13) Ibidem, p. 56.
(14) Ibidem, p. 60.
(15) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. El murciano», Art. cit., pp. 155-156.
(16) Según testimonio de G. GARCÍA MARTÍNEZ (1960), existía en el ARCHIVO MUNICIPAL DE CARTAGENA una serie de documentos referidos a la pesquera» sin numerar, fechados en 1608, donde aparece expresamente reflejado el fenómeno. Hemos constatado la existencia de dicha documentación en los índices de catalogación (24 de mayo de 1608), sin embargo esos documentos (legajo nº 1, signatura 418 de la actual numeración) no aparecen. Hemos documentado el seseo en una nota sobre rentas de pesca de 1713 (Pedro Sagasta [...] vesinos desta ciudad [...]), así como en un Aranzel de Precio de los Pescados» (legajo 2, signatura 419) donde se dice: [...] que no le dexen ni pueda Pescar ni haser Bol ninguno en las dichas Pesqueras de escombrera y Azohía y si alguno quisiere haser Bol sin consentimiento de la compañia o pescar enella que la compañia mayor [de pesquera, o Cofradía de Pescadores] le pueda tomar todo el Pescado y pague 600 maravedís».
(17) Emplazo al ciberlector a consultar las conclusiones aportadas en mi Tesis Doctoral El léxico de los marineros en el litoral de Cartagena, Departamento de Lengua Española y Lingüística General, Universidad de Murcia, 1999 (in-édita).
(18) Cfr. NAVARRO TOMÁS, T., Art. cit. p 60.
(19) Cfr. GARCÍA MARTÍNEZ, G. Op. cit., pp. 73-74.
(20) Ibidem, p. 74.
(21) Cfr. GARCÍA COTORRUELO, E. Op. cit., pp. 57-58.
(22) Ibidem, pp. 61-62.