LA VARIEDAD DIALECTAL CARTAGENERA DENTRO
DEL CONTEXTO DEL ESPAÑOL HABLADO EN MURCIA. A PROPOSITO DE SESEO
Y CECEO.
Dr. César San Nicolás Romera
Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM)
cnicolas@ucam.edu
Si desde un punto de vista diacrónico podemos utilizar el término
dialecto murciano, para designar una situación histórica delimitada
cronológica y geográficamente, y forjada paulatinamente con
la aleación e incorporación de distintos códigos y
normas lingüísticas, tales como el árabe, mozárabe,
aragonés, catalán-valenciano y andaluz sobre una base inicial
castellana, bien es cierto que desde un punto de vista sincrónico
la situación lingüística actual no nos faculta para seguir
empleando dicha denominación. En aras de una mayor precisión
científica y filológica se acuñó por una parte
de la crítica el término hablas murcianas para designar el
conjunto de peculiaridades fonéticas, morfosintácticas y léxicas
que hoy se pueden observar en los actos locutivos de las personas autóctonas,
o largamente enraizadas en esta región» (1). Se recurre, pues,
a la noción de habla regional en su acepción de vestigios
que quedan de un antiguo dialecto, ya en desuso, una vez que han actuado
sobre él los diferentes procesos de regularización, normalización
y sistematización sufridos por el idioma, o lengua general, de la
que depende» (2). Así, el empuje del idioma general ha ido
mermando las posibilidades de generalización de los antiguos dialectos,
tendiendo las peculiaridades dialectales a cobijarse en reductos geográficos
limitados, parcelas de actividades claramente sumidas en la tradición
y, desde el punto de vista social, en segmentos poblacionales alejados de
los circuitos culturales estandarizados. Con todo, ciertas peculiaridades
-o posos dialectales- léxicas han pervivido y algunas de ellas incluso
han sido admitidas por los órganos rectores de la lengua general,
aunque bien es cierto que acudiendo al respaldo oficialista del "testimonio
o datación escrita", donde, como es habitual, sigue latente
el principio de autoridad. Es lo que ocurrió con la aceptación
de la etiqueta murcianismo dentro del DRAE. Independientemente de que la
valoración de las voces murcianas se realice utilizando un rasero
académicamente correcto, el hecho importante es que esa aceptación
e incorporación al repertorio general del idioma abre el camino para
que progresivamente otras voces patrimoniales de nuestro ámbito lingüístico
-el español hablado en Murcia- puedan aspirar a engrosar el listado
de dicho corpus.
Pasando por alto de una forma intencionada el panorama crítico que
ha venido generándose sobre el murciano como dialecto, habla de tránsito
o variedad hablada, vamos a ocuparnos de caracterizar en este breve trabajo
dicho status de lengua, ubicando los fenómenos concretos -compartidos
o no con otros dominios- de nuestra zona de estudio -la variedad dialectal
cartagenera- dentro de unas coordenadas lingüistico-idiomáticas,
útiles a la hora de delimitar las manifestaciones que todo estudio
sincrónico-diacrónico ha de contemplar desde el punto de vista
de la praxis científica.
Podemos establecer, pues, que el ámbito físico de las hablas
murcianas queda delimitado geográficamente por una figura geométrica
en cuyos extremos se situarían los ríos Júcar, Vinalopó
y Almanzora, prolongándose la línea divisoria establecida
por este último hasta las estribaciones de la Sierra del Segura,
quedando definitivamente cerrado el polígono con la Sierra de Alcaraz.
Las tierras que quedan dentro de esas fronteras son las de la cuenca del
río Segura [...] con sus distintas variedades comarcales [...]»
(3).
Como muy bien advertía J. Muñoz Garrigós, desde una
perspectiva extralingüística, cabría apuntar el hecho
de que se trata de una región natural muy fuertemente comarcalizada,
habiendo servido como núcleo aglutinador de estas subzonas la recia
personalidad histórica, social y cultural de algunas ciudades»
(4). Este factor contribuyó de una forma eficaz a que la caracterización
lingüística atendiera a ciertas peculiaridades territoriales
en función de la propia idiosincrasia de cada subdominio comarcal,
no llegando a presentar una variación acusada, pero sí diferencias
específicas sobre todo en los niveles del léxico y en algunos
procesos fonéticos, acaso, de influencia externa, pero profundamente
enraizados dentro del dominio.
En la zona en su conjunto hallamos, pues, una presencia abundante de catalanismos,
aragonesismos y arabismos, en clara coincidencia con algunas zonas de Andalucía
Oriental, aunque algunos de ellos enquistados de tal manera dentro de la
estructura propia del léxico castellano que hacen difícil
en ocasiones determinar su filiación concreta; este es un hecho que
viene a caracterizar específicamente la variedad lingüística
de estas hablas.
Con respecto a la influencia aragonesa y catalano-valenciana está
documentalmente probado el hecho de la intensa repoblación de estas
tierras por gentes procedentes de ambos dominios históricos a partir
del siglo XIII. Desde el punto de vista lingüístico, la confluencia
de normas, su contacto armónico y la posterior extensión del
modelo castellano está perfectamente estudiado (5), como también
lo está el hecho de las fuertes huellas léxicas dejadas por
aquellos sobre la base de estas hablas.
Desde el punto de vista de la evolución fonética existe una
clara concomitancia en sus características comunes con las hablas
meridionales de la Península: pérdida de /-s/ implosiva, desarrollo
-o no- de fenómenos compensatorios y/o alteración del sonido
contiguo, trueque de líquidas en posición implosiva y seseo
en algunas zonas. Con respecto a la influencia oriental, las hablas murcianas
ofrecen puntos de contacto en algunos de sus resultados evolutivos, traducidos
la mayoría de las ocasiones en formas léxicas adoptadas e
incorporadas, fenómenos de seseo y elementos morfológicos
puntuales como los sufijos diminutivos en -ico compartidos con otros dialectos
hispanos e hispánicos.
En suma, el resto de manifestaciones fonético-fonológicas,
morfosintácticas y léxicas son, en su inmensa mayoría,
expresamente comunes al castellano, lo que nos reafirma en la idea de desechar
el término dialecto murciano por su sustituto de hablas murcianas
(abarcando ese aspecto de pluri-variedad comarcal), e incluso el más
descriptivo -y pensamos que más acertado- español hablado
en Murcia» (6).
Intentando aportar una visión más en detalle acerca del español
hablado en Murcia, recurriremos a la división de subzonas propuesta
por Muñoz Garrigós, con el fin de adscribir a cada una de
ellas los fenómenos fonético-fonológicos que le son
propios, aceptando como convencionalismo metodológico dicha división,
en aras de una mayor comprensión de la variedad perceptible en el
conjunto del dominio. No entraremos, pues, en discutir una cuestión
baladí como la propia de establecer lindes tangiblemente exactos,
ya que de alguna manera esto es poco menos que imposible.
a) Vega del Segura (Cieza, Orihuela y Murcia)
Pérdida de /-s/ implosiva, transfonologización de la marca
de pluralidad a la doble abertura de la vocal que queda como final absoluta
incluso con fenómenos de aspiración según el contexto
(Murcia), trueque de líquidas, aspiración de /f-/ inicial,
presencia de seseo de origen valenciano (Vega Baja).
b) Altiplano (Jumilla y Yecla).
Pérdida de /-s/ final de los plurales; el fonema no se ve afectado
en posición implosiva interior, tampoco se observan fenómenos
compensatorios en sonidos vocálicos y consonánticos contiguos.
c) Marquesado de Villena (ámbito administrativo de Alicante).
Seseo de origen valenciano (similar al de la Vega Baja), aspiración
de /j/ castellana.
d) Zona noroccidental o Noroeste murciano.
Pérdida de /-s/ implosiva, ausencia casi total de fenómenos
compensatorios, presencia de sordas intervocálicas sin sonorizar.
e) Valle del Guadalentín.
Zona de clara influencia andaluza, yeísmo típicamente andaluz,
presencia de aspiraciones, sin embargo, ausencia de seseo/ceceo, dominio
de /s/ castellana.
f) Sur de la Mancha (Hellín, Sierra de Alcaraz).
Escasa relajación de -s/ implosiva (nunca pérdida completa),
ausencia de fenómenos compensatorios, ausencia de yeísmo,
trueque de líquidas alternado con distinción de las mismas.
g) Comarca costera de Cartagena (litoral murciano).
Pérdida de /-s/ implosiva, transfonologización sustitutoria
de la marca de pluralidad a la doble abertura de la vocal que queda como
final absoluta incluso con fenómenos de aspiración según
el contexto, trueque de líquidas, seseo de origen andaluz.
Dentro de la caracterización jerárquica del entorno lingüístico
aglutinador -esto es, el español hablado en Murcia- la variedad cartagenera
adquiere una dimensión particular, por cuanto además de compartir
peculiaridades fonético-fonológicas con la mayor parte de
las comarcas de la región natural, es portadora de un rasgo diferencial
que la separa del resto, nos referimos al seseo.
Ciertamente, si examinamos la bibliografía sobre el particular, podemos
concluir que no es mucho lo que se ha escrito sobre este fenómeno,
sin embargo parece que lo existente ha sido tan rotundo como para -a pesar
de no existir una certeza absoluta constatada con datos y documentos históricos
fehacientes- determinar su filiación propiamente andaluza. En ausencia
de otra hipótesis más sólida y veraz, consideramos
dicho origen como válido, a pesar de que consideramos necesario someter
la cuestión a un estudio en profundidad, con el fin de aportar -si
es posible- argumentos más directa y fácilmente constatables.
En cualquier caso no es competencia de este trabajo bucear en el origen
de dicho fenómeno. Por ahora nos limitaremos a su descripción
como peculiaridad propia de la variedad lingüística cartagenera,
atendiendo, dentro del panorama crítico, las opiniones vertidas por
los estudiosos sobre la caracterización de dicho rasgo.
La primera mención expresa sobre el seseo cartagenero nos llega de
la mano de Amado Alonso en un trabajo del año 1951 (7). Allí
recoge el testimonio que el ortógrafo cartagenero Nicolás
Dávila expresa en su Compendio de ortografía de 1631: Cartagena,
otro foco aislado de seseo en la costa murciana; su denunciador el caballero
cartagenero Don Nicolás Dávila, no lo asocia con el andaluz,
sino con el valenciano y quizá por tal vecindad. Pero en 1631 todavía
era en Cartagena "defecto de muchos", no generalizado como en
Valencia, "donde está muy introducido"; menos practicado
también que en Sevilla, a juzgar por el modo de redacción:
Vicio es notable usar la s por la c cedilla, y costumbre de los sevillanos,
aunque también en Cartagena, mi patria he conocido a muchos este
defecto, quizá por la vecindad de Valencia, donde está muy
introducido» (8).
Desde el punto de vista de los estudios lingüísticos sobre el
dominio murciano, uno de las primeras valoraciones sobre el fenómeno
del seseo la encontramos en el Vocabulario de Justo García Soriano,
donde de una forma explícita se nos dice: el seseo valenciano o permuta
del sonido interdental c y z por el alveolar fricativo sordo de s, se conserva
en algunas comarcas de la parte levantina y meridional de la región
(distritos de Elda, Aspe, Monforte y partidos de Orihuela, Dolores y Cartagena)[...]»
(9). No explica nada más; nivela, pues, la presencia y caracterización
del rasgo, vinculándolo directamente al dominio seseante catalán-valenciano.
Un año después de que García Soriano hiciera estas
afirmaciones, Navarro Tomás (junto a Antonio Mª Espinosa -hijo-
y Lorenzo Rodríguez Castellano) publicaría en su célebre
artículo La Frontera del andaluz» un estudio pormenorizado,
planteando el enunciado propiamente dicho del origen andaluz del seseo dentro
de la variante dialectal cartagenera. Las razones de Tomás Navarro
Tomás se basaban en el análisis fonético-articulatorio
de dichos sonidos en posición inicial de sílaba, porque -como
indicaba el autor- la posición final de sílaba o palabra,
por lo que se refiere a la pronunciación de s y z, ofrece en los
ámbitos hispanos e hispánicos, fuera de su reducción
a un solo sonido, otras muchas modificaciones fonéticas: Mientras
la s general en la provincia de Murcia es la apicoalveolar cóncava,
de tipo castellano; [...] en la zona del seseo cartagenero la articulación
de la s es coronopredorsal prealveolar, más o menos convexa, circunstancia
que da a este seseo un carácter más semejante al seseo andaluz
[predorsal, convexa y relativamente aguda] que al valenciano. El que se
oye en los pueblos alicantinos seseantes de habla castellana [...] es de
articulación fundamentalmente apicoalveolar cóncava. El seseo
de Cartagena y de los pueblos de su zona, aunque se considera como vulgar,
conserva aún bastante vitalidad para poderlo oir abundantemente en
esos lugares. En los lugares de dicha zona limítrofes con la distinción
-Las Palas, Albujón y Torre Pacheco- aparece mucho más desvanecido
que en los restantes [...]» (10).
Desde ese momento hasta hoy la descripción propuesta por Navarro
Tomás ha sido matizada en cuanto a la delimitación de fronteras
descrita en el año 1933, pero en lo substancial es la teoría
que sigue considerándose como "oficialmente" aceptada.
En ese sentido, Ginés García Martínez en su trabajo
sobre el habla de Cartagena (11) recoge el testigo de T. Navarro e incorpora
en su trabajo los apuntes efectuados por éste, enriqueciéndolos
con una labor de campo más directa, habida cuenta del carácter
monográfico de dicho estudio y su vinculación físico-afectiva
con la zona de análisis. Por lo demás, nada nuevo se nos dice,
salvo precisar -como indicábamos arriba- ciertas cuestiones sobre
la extensión del rasgo.
Quien sí matiza y mucho la descripción articulatoria del rasgo
es Emilia García Cotorruelo en su Estudio sobre el habla de Cartagena
y su comarca (12). A través del análisis pormenorizado de
distintos palatogramas -similares a los recogidos por Navarro Tomás
en La frontera del andaluz»- la investigadora llega a la siguiente
conclusión: Las experiencias por mí realizadas acerca de las
personas que sesean demuestran que se trata de una s predorsal /s/ en la
que el carácter corono-prealveolar no llega a realizarse. Esta s
tiene la particularidad de ser muy abierta; el dorso de la lengua adopta
una posición casi plana, sin apenas acanalamiento, y toca el paladar
y molares de ambos lados de la boca, permitiendo una zona linguo-palatal
más amplia que en las eses andaluzas» (13). Matizado ésto,
la misma autora establece que la propagación del seseo -a partir
del mar- hacia la zona agrícola se vió facilitada por la convergencia
en Cartagena -núcleo marítimo seseante- de todas las actividades
vitales del término, con cuyo límite coinciden casi exactamente
las fronteras del seseo» (14). No podemos olvidar, en cualquier caso
que estos enunciados fueron hechos en el año 1959 sobre datos recogidos
con anterioridad a esa fecha. A pesar del rigor del planteamiento, basado
ante todo en la observación directa del fenómeno, ha llovido
bastante y es preciso remozar el análisis de la realidad para constatar
su status sincrónico actual y, al mismo tiempo, bucear en la búsqueda
de una explicación diacrónica de su origen y evolución.
Para cerrar este breve repaso dedicado al estado de la cuestión crítica
acerca de la variedad seseante de la zona de Cartagena y aledaños,
nos permitimos recoger una opinión más; la expresada por Muñoz
Garrigós, por ser la última de que tenemos constancia impresa.
Sirva la misma como recapitulación, hasta el momento de disponer
de datos que abriguen una explicación definitiva -y actual- del fenómeno:
La comarca costera de Cartagena [...] presenta como rasgo muy destacado
de su fisonomía lingüística el seseo; pero, a diferencia
del que se registra en la Vega Baja del Segura, éste es de origen
andaluz, como ya advirtió en su día Tomás Navarro Tomás
[...] Si no hubiese constancia de la existencia de otros andalucismos en
tierras murcianas, bastante alejada de estas comarca, o sin solución
de continuidad entre ellas, podríamos pensar que estamos ante un
episodio más de la expansión hacia el norte de los rasgos
del español meridional [...] parece poco probable que sea esa la
única causa del seseo cartagenero, sin que tampoco podamos excluirla
totalmente. Si consideramos el carácter primordialmente costero de
este rasgo, ya que su penetración hacia las tierras interiores, cuya
base económica prioritaria es la agricultura, no sólo es escasa,
sino que también es progresivamente descendente, podemos empezar
a sospechar que la diferencia lingüística no es más que
la manifestación tangible de la presencia de dos modelos económicos
dispares, irradiados cada uno de ellos desde centros distintos: el agrícola
desde Murcia, y cuya frontera habría que situarla en poblaciones
tan cercanas a Cartagena como El Albujón y Pozo Estrecho, y el marítimo-pesquero,
con el aporte de la actividad minera de las actuales municipios de La Unión
y Mazarrón, irradiados desde tierras andaluzas. A la vista de estos
datos, sólo son posibles dos hipótesis a la hora de explicar
la presencia de este rasgo lingüístico en estas tierras: 1)
estamos ante una temprana expansión territorial de las peculiaridades
sureñas, o 2) el proceso es casi coetáneo en ambas zonas.
Sin disponer de razones definitivas que excluyan radicalmente la primera
de ellas, nos parece un poco prematura la posibilidad de la expansión,
debida a exclusivas razones lingüísticas, del español
del sur. Pero si, como ocurrió en el español de allende el
océano, la semilla de la diversificación lingüística
estaba en los propios emigrantes, es la segunda hipótesis la que
adquiere realce. No se han publicado hasta el momento presente, y no parece
que existan, datos sobre la población pesquera de Cartagena, desde
el punto de vista histórico, pero sí que hay, por fortuna,
algún esbozo acerca de las explotaciones mineras de la comarca [...]
y que aporta noticias que pueden ser de interés. En efecto, a mediados
de 1462 las minas de alumbre situadas en esta zona son explotadas por el
consorcio formado entre el marqués de Villena y don Pedro Fajardo,
de la familia de los Vélez, emparentados con los duques de Medina
Sidonia; hasta mediados del XVI fueron arrendadas estas explotaciones a
castellanos y genoveses, pero a partir de entonces fueron los propios concesionarios
quienes aportaron el personal preciso para la producción. No es de
extrañar, pues, que dadas las vinculaciones andaluzas de los Fajardo,
trajesen familias de esta procedencia a trabajar en las minas; mi hipótesis
es que estos andaluces emigrados a tierras cartageneras pudieron ser la
causa del actual seseo, y de su aparición temprana, con independencia
de que ya lo trajeran, o de que se produjera entre ellos una evolución
paralela a la que estaba ocurriendo en Andalucía» (15).
Aunque lógico, lo planteado por Muñoz Garrigós no deja
de ser una hipótesis que sigue suponiendo mucho y verificando poco.
Además, ¿cómo encaja este planteamiento con los centros
de irradiación del fenómeno, la población marítimo-pesquera
concentrada en un punto concreto, uno de los reductos donde mayor intensidad
y vitalidad conserva el rasgo? ¿Acaso influencia de los trabajadores
de la minería sobre los de las pesquerías? ¿Al contario?
¿Interactuando entre sí? La incógnita sigue abierta.
Dado lo antiguo de la documentación existente sobre el seseo (16),
quizás tengamos que buscar su origen en la suma de no uno sino diversos
factores. Es obvio que la s cartagenera desde el punto de vista articulatorio
parece participar más de la andaluza que de la castellana. Sin embargo,
no podemos suponer una derivación directa andaluza, ya que no poseemos
datos concretos y documentales referidos a la presencia de dichos pobladores
en el área pesquera de nuestro litoral. Sí que tuvo que existir
una migración de los pueblos costeros de Andalucía (de hecho
aún hoy existe un importante número de pescadores de origen
andaluz y es lógico pensar en cierta movilidad geográfica
dentro de la profesión marinera dado su carácter no estacionario),
pero ni más ni menos importante que la de pescadores procedentes
del litoral valenciano. Si consideramos desde el punto de vista histórico
la presencia documentada a partir del año 1395 en el litoral de pescadores
procedentes de la costa catalano-valenciana -según hemos podido demostrar
(17)- y la carencia de documentación referida a oleadas migratorias
andaluzas, es lógico pensar que al igual que se presupone un origen
andaluz del fenómeno, ¿por qué no contemplar -con mucho
mayor fundamento- un origen valenciano? Otra cosa distinta es que el rasgo
experimentara un proceso de adaptación o que la confusión
seseante se generara por ambas partes, resultando al final una solución
predorsal -como parece- más propia de la influencia del sustrato
(esto es, unas condiciones propicias a la relajación) que de la pureza
del rasgo tal y como pudieron traerlo los hablantes originales. Como antes
decíamos, teniendo en cuenta la antigüedad del fenómeno
hemos de suponer que el seseo actual no sea más que un vestigio enquistado
de una situación de inestabilidad dialectal en un momento en que
aún no se había fijado la diferenciación entre [s]
y [z]; el castellano materializó la diferencia, sin embargo en el
ámbito de nuestro dominio -quizás por la confluencia de normas
(catalán, aragonés, mozárabe, castellano y andaluz)-
la confusión se haría patente, con independencia de que su
articulación fuera predorsal; eso no haría más que
indicar la semejanza de los rasgos articulatorios de nuestra zona con los
del andaluz (obvio por otra parte), pero al cabo no probaría la teoría
del origen meridional del seseo cartagenero. En última instancia
queda pendiente, pues, realizar múltiples análisis para corroborar
la descripción exacta de ese fonema concreto y sus "diversas"
realizaciones; por ahora éstas -como otras muchas- son cuestiones
sobre las que no podemos pronunciarnos por no poseer datos de rigor al respecto.
Para concluir nuestro recorrido por la caracterización fonético-fonológica
de la variedad dialectal cartagenera, nos restaría efectuar un apunte
más, esta vez referido al fenómeno del ceceo atestiguado de
una manera débil en la zona.
El propio Navarro Tomás en el artículo mencionado con anterioridad
indica que también este fenómeno tiene su representación
en la provincia de Murcia, aunque sea de manera tan escasa que sólo
hemos podido atestiguarlo en la pequeña aldea de Perín, a
unas dos leguas al oeste de Cartagena, cerca de la costa, y esporádicamente,
alternando con el seseo, en Torre Pacheco. Su articulación es más
dental que interdental, no siempre de abertura plenamente alargada, lo cual
da en ocasiones al sonido un timbre intermedio entre s y z» (18).
El propio Ginés García Martínez en su Habla de Cartagena
cita literalmente las anteriores palabras de Navarro Tomás (19),
aunque añade: Respecto a la aldea de Perín, varias circunstancias,
que no he podido fundamentar documentalmente, a entera satisfacción,
inducen a pensar que este núcleo de ceceo -muy reducido, suelto y
aislado-, se deba a la inmigración almeriense [...]» (20).
Por su parte, Emilia García Cotorruelo incluye nuevamente un matiz
oportuno: Correlativamente a la existencia de la s predorsal, se oye en
algunos puntos de nuestro término una pronunciación vacilante
entre s - z, que se da en Andalucía [...] Esta modalidad no es más
dental que interdental [...], sino la misma s predorsal -el ápice
desciende a los incisivos inferiores-, completamente plana y de abertura
un tanto alargada como en la z castellana, lo que le da un carácter
predorsointerdental, a veces con timbre más próximo a s que
a z» (21). Sobre la extensión y vitalidad de este ceceo, basado
en una articulación inestable -más relajada- de la predorsal
propia de la zona, afirma igualmente: En algunas zonas -las más aisladas-
de nuestra comarca, y debido al carácter vacilante de la /s/ predorsal,
ha quedado generalizado el timbre ceceante de aquel sonido; el ceceo entre
los habitantes de estas zonas sólo se conserva puro en los ancianos,
conviviendo con el seseo en los demás habitantes. [...] Su vitalidad
es, pues, escasa; tiende a integrarse en el seseo».(22) En la actualidad
nuestra propia experiencia sobre el tema nos indica que no se puede hablar
propiamente de ceceo en sentido estricto, sino más bien de un alófono
de la articulación seseante. El rasgo es prácticamente imperceptible
hoy por hoy, aunque debería de ser sometido -dentro de un estudio
general del seseo- a revisión de rigor.
NOTAS:
(1) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. Historia de las hablas murcianas»,
en Historia de la lengua española en América y España,
Universidad de Valencia/Tirant lo Blanch, 1995, p. 399
(2) Ibidem.
(3) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. El Murciano», en Lenguas
peninsulares y proyección hispánica. M. Alvar (coord.), fundación
Friedrich Ebert/Instituto de Cooperación Iberoamericana, Madrid,
1986, pp. 152-153. Sobre la consideración particular de los límites
orientales planteados aquí, conviene consultar también ABAD
MERINO, M. Repobladores, mudéjares y moriscos. La presión
lingüística en el oriente del Reino granadino», en MVRGETANA,
96, Murcia, 1996, donde se matiza la necesidad de pasar los límites
del Almanzora y adentrarnos en el territorio almeriense, para fijar los
límites occidentales de este conjunto de hablas», p. 38.
(4) Ibidem, p. 153.
(5) Cfr. DÍEZ DE REVENGA TORRES, P. Estudio lingüístico
de documentos murcianos del siglo XIII (1243-1283), Publicaciones del Departamento
de Gramática Histórica de la Lengua Española, II, Universidad
de Murcia, 1986 y ABAD MERINO, M. El cambio de lengua en Orihuela. Estudio
sociolingüístico-histórico del siglo XVII, Universidad
de Murcia/Caja Rural de Orihuela, 1994.
(6) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. Historia de las hablas murcianas»,
Art. cit., p. 400.
(7) ALONSO, A. Historia del ceceo y seseo españoles», en Thesaurus,
Boletín del Instituto Caro y Cuervo (BICC), VII, Bogotá, 1951,
p. 111-200.
(8) Cfr. Ibidem, p. 133.
(9) Cfr. GARCÍA SORIANO, J. Vocabulario del dialecto murciano, con
un estudio preliminar y un apéndice de documentos regionales, C.
Bermejo Imp., Madrid, 1932 (2º imp. facs, Murcia, 1980)., p. XIV.
(10) Recogido en NAVARRO TOMÁS, T. La frontera del andaluz»,
en Capítulos de Geografía Lingüística de la Península
Ibérica, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, XXXV, Bogotá,
1975, p. 60.
(11) Cfr. GARCÍA MARTÍNEZ, G. El habla de Cartagena. Palabras
y cosas. Notas para el estudio del aragonés y del catalán
por el Sur. Patronato de Cultura de la Excma. Diputación, Murcia
1960 (2ª Reimpresión, Universidad de Murcia/Excmo. Ayuntamiento
de Cartagena, Murcia, 1986).
(12) GARCÍA COTORRUELO, E. Estudio sobre el habla de Cartagena y
su comarca. Anejo III del Boletín de la Real Academia Española
(BRAE), Madrid, 1959.
(13) Ibidem, p. 56.
(14) Ibidem, p. 60.
(15) Cfr. MUÑOZ GARRIGÓS, J. El murciano», Art. cit.,
pp. 155-156.
(16) Según testimonio de G. GARCÍA MARTÍNEZ (1960),
existía en el ARCHIVO MUNICIPAL DE CARTAGENA una serie de documentos
referidos a la pesquera» sin numerar, fechados en 1608, donde aparece
expresamente reflejado el fenómeno. Hemos constatado la existencia
de dicha documentación en los índices de catalogación
(24 de mayo de 1608), sin embargo esos documentos (legajo nº 1, signatura
418 de la actual numeración) no aparecen. Hemos documentado el seseo
en una nota sobre rentas de pesca de 1713 (Pedro Sagasta [...] vesinos desta
ciudad [...]), así como en un Aranzel de Precio de los Pescados»
(legajo 2, signatura 419) donde se dice: [...] que no le dexen ni pueda
Pescar ni haser Bol ninguno en las dichas Pesqueras de escombrera y Azohía
y si alguno quisiere haser Bol sin consentimiento de la compañia
o pescar enella que la compañia mayor [de pesquera, o Cofradía
de Pescadores] le pueda tomar todo el Pescado y pague 600 maravedís».
(17) Emplazo al ciberlector a consultar las conclusiones aportadas en mi
Tesis Doctoral El léxico de los marineros en el litoral de Cartagena,
Departamento de Lengua Española y Lingüística General,
Universidad de Murcia, 1999 (in-édita).
(18) Cfr. NAVARRO TOMÁS, T., Art. cit. p 60.
(19) Cfr. GARCÍA MARTÍNEZ, G. Op. cit., pp. 73-74.
(20) Ibidem, p. 74.
(21) Cfr. GARCÍA COTORRUELO, E. Op. cit., pp. 57-58.
(22) Ibidem, pp. 61-62.