Cernuda verso a verso

 

 Taller de Análisis Poético y Creación Literaria

Carolina Cebrino

Textos para el taller

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EL TODO POR EL TODO 

                   Como lloran las luces de la calle

su soledad de ciprés artificial sobre el asfalto,

enhiesto surtidor de sombra y sueño,

como las huellas de los cuerpos que se buscan

en la oscuridad silvestre de la ausencia

permanecen en la piel y en las miradas,

en el eco lejano de un recuerdo,

así se anuncia mi descenso silencioso a la memoria,

esa patria a la que regresamos siempre

debajo de las sábanas.

 

Desmantelada noche repleta de nostalgia,

cierra los ojos, acércame tu mano.

No me sostienen más que unas piernas

apenas sugeridas que parecen las mías,

un cuarto piso que regresa de las tierras lejanas

con esa misma lluvia que humedece

mis pasos y mi fe cuando suena en la noche

una voz retrospectiva y sin rostro,

que sin embargo está junto a mí.

Pero cómo extraviarse

en el abismo merecido de los años,

perdida yo en mi frío cotidiano.

 

Si alguna vez hubiese renunciado a entregarte

los días que me quedan por vivir,

si al cerrar los ojos no sintiese

el rojo trémulo de tu pecho como un fuego

en el que fueron ardiendo, lentamente, mis temores...

quédate igual conmigo.

Quizás nos acercamos demasiado

a las corrientes submarinas del deseo.

Aún estamos a tiempo.

 

Porque la noche se detiene en los rascacielos

con murmullo constante de hojas secas,

tú apareciste un día en el andén,

yo me vuelvo a jugar hoy el todo por el todo.

Si consigo rescatar las tardes

de abrazos desnudos bajo las mantas,

el cielo de Granada, la humedad compartida

de tu cuerpo en habitaciones extrañas,

habremos vencido. Si no es así...

 

Desmantelada noche repleta de nostalgia,

                       devuélveme sus ojos, acércame su mano.

 

 Nubes Rotas

 Siempre los encontraba a mitad de camino, detenidos en las badolsas del Callejón del Agua. Qué prestos ellos refugiados, eternamente de mi caida, en la oscuridad de las caricias. Confundidos en los rumores de los pasos de otros cuerpos. Definiéndose entre pieles erizadas de sielncios, vaciándose las manos de batallas perdidas, buscando entre mi cuerpo derramando un nuevo rincón sin nubes rotas.

 No quise saber... pero sucedió la otra noche. Apenas habían comenzado a formularse tímidos reproches cuando me acerqué a ellos con el estrépito acostumbrado de las mañanas de verano en el levante. Se miraban despacio, latían dispuestos a esgrimir el filo al menor descuido del enemigo del porvenir soñado.

 Quise alejarme de ellos, que me buscaban esta vez. Empeñados en ahogar sus palabras en mis descensos, eligiendo derrumbarse, formar parte de mi eterno llanto; rendirse en la desidia, el regocijo de las conversaciones aprendidas de memoria.

 No es fácil contemplar cómo el amor crece, brota en mitad de la calle, como ese chopo junto al río; y acabn tan hundidas sus raíces en el asfalto que terminan por introducir a empellones al tronco dentro de la tierra... Fue entonces cuando vi el miedo a regresar al arduo peregrinaje de los pasos de cebra en soledad, de un lado a otro de la acera. Ese miedo es el más cruel de todos los adioses.

 No quise saber... pero supe, y fue mirarse por última vez con ese brillo en los ojos de haber perdido el norte, y desgarrar la esquina con pasos azorados y sombras púrpuras bajo los párpados. Y así, sin más, se fueron.

.Maga.