Table of Contents


Comunicación y técnicas de la virtualidad: los desafíos de la Teoría del Emplazamiento 

"Es aquí donde los grandes guías, los Dantes de nuestra era, los supermarginados como Genet, surgen para conducirnos al mundo subterráneo. Pues, debido a su desubicación estructural, están dotados de visión"

Michel Taussig 

En la actualidad la virtualización deslocalizadora del espacio de Comunicación requiere nuevas formulaciones teóricas sobre esos objetos tan difusos y ambivalentes que conforman las Ciencias de la Comunicación. Entre las concepciones que hay que replantearse se encuentran las espacio-temporales, porque el creciente impacto de los ejes que conforman la virtualidad y la simulación nos emplazan o des-emplazan en un inédito proceso que cambia el ritmo y acelera, dromológicamente (por utilizar la pertinente terminología de Paul Virilio), la experiencia espacio-temporal.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la virtualización no es un proceso novedoso o inédito, porque "desde el momento en que hay una huella, está en marcha alguna virtualización: éste es el abc de la deconstrucción" (Derrida, 2001, 2002: 23). Lo inédito es "cuantitativamente, la aceleración del ritmo, la amplitud y los poderes de capitalización de semejante virtualidad espectralizadora" (Ibidem). En los  Espectros de Marx, Jacques Derrida, debate con los textos de Marx y orienta el debate en torno a la cuestión del espectro, vinculándolo con los conceptos de repetición, duelo, herencia1, acontecimiento, superando las oposiciones ontológicas entre la ausencia y la presencia, lo visible y lo invisible, lo vivo y lo muerto y, en consecuencia lo que adquiere más actualidad, la prótesis “como miembro fantasma”, la técnica, el simulacro teletecnológico, la imagen de síntesis, el espacio virtual, a los que se le pueden sumar dos conceptos trabajados posteriormente por el filósofo francés, la artefactualidad y la virtuactualidad. Derrida trata de descifrar la lógica espectral en la obra de Marx y propone hacerlo frente a lo que pasa actualmente en el mundo, “en un nuevo espacio público transformado tanto por lo que se denomina con ligereza el ‘retorno de lo religioso’ como por las teletecnologías” (1996, 1999: 40).

Esa aceleración en el ritmo de las tecnologías de la Comunicación, que se presenta como novedad hoy en día, ha sido considerada en los últimos años por teóricos tan disímiles como Pierre Bourdieu y Jacques Derrida. Mientras el primero considera que un medio como la televisión no resulta muy favorable para la expresión del pensamiento, ya que este último requiere de un tiempo suficiente como para desarrollarse, es decir, necesita tomarse su tiempo. Jacques Derrida, por su parte, plantea que la aceleración en los hechos históricos (el filósofo destaca la caída del Muro de Berlín, el apretón de manos entre Arafat y Rabin o el fin del apartheid en Sudáfrica) está vinculada “de manera esencial, y en todo caso en gran parte, con la transformación telemediática, teletécnica, con lo que se denomina habitualmente el viaje o la autopista de la información” (1996, 1998: 92). En consecuencia la aceleración de todos los procesos políticos o económicos serían indisociables de una nueva temporalidad de la técnica, “de otra rítmica” (ibidem: 93).

De esta forma algunos autores señalan como hipótesis que los nuevos hábitos mediáticos pueden afectar incluso el concepto de ciudadanía, situación que afecta directamente a la Teoría del Emplazamiento. Como señala Beatriz Sarlo, la escena televisiva es “rápida y parece transparente”, en cambio la institucional “es lenta y sus formas (precisamente las formas que hacen posible la existencia de instituciones)” son complicadas hasta la “opacidad que engendra la desesperanza”. De esta forma se produce una nueva topología de lo virtual, una deconstrucción práctica de los conceptos tradicionales del Estado y el ciudadano, es decir, de lo político, en su vínculo con la actualidad de un territorio.  

El intercambio imposible y el plano de inmanencia

En ese contexto cronotopico es que se inscriben las teorías del intercambio, de acuerdo a como las formularon Marcel Mauss y Claude Lévi-Strauss. Jean Baudrillard, por su parte, debatiendo con esos autores señala un hecho de interés de las actuales técnicas de la comunicación,  como es la “incompatibilidad profunda entre el tiempo real y la regla simbólica del intercambio. Lo que rige la esfera de la comunicación (interface, inmediatez, abolición del tiempo y la distancia) no tiene ningún sentido en la del intercambio, donde la regla exige que lo que se da jamás sea devuelto inmediatamente" (1995, 1996: 49). Esta síntesis da cuenta de la necesaria distancia que debe existir -tanto espacial como temporalmente- en la antigua regla simbólica del intercambio, porque -como escribía Mauss- "se puede probar que las cosas objeto de cambio...tienen una virtud que les obliga a circular, a ser entregadas y devueltas"2. Sin embargo, las características de las reglas simbólicas del intercambio se han desvanecido y en esta nueva etapa técnica de la virtualización presenciamos la desestabilización  del hábitat terrestre.  Jean Baudrillard se refiere al sueño antropológico del estatuto del objeto más allá del cambio y el uso, del valor y de la equivalencia, al "sueño de la lógica sacrificial: don, gasto, potlach3, parte maldita, consumación, cambio simbólico", y considera que todo ello sigue existiendo, pero simultáneamente está desapareciendo (1987, 1988: 9). "La descripción de tal universo proyectivo, imaginario y simbólico, siempre fue la del objeto como espejo del sujeto". La oposición del sujeto y el objeto siempre fue significativa, "al igual que el imaginario profundo del espejo y la escena". No obstante hoy pantalla y red suplantan la escena y el espejo. Tampoco puede considerarse la trascendencia ni la profundidad, sino la superficie inmanente del desarrollo de las operaciones. La superficie lisa y operativa de la comunicación. Una superficialidad -como plantea Jameson- en el sentido más literal del término, es decir: la profundidad y la trascendencia (o mejor dicho la ilusión de trascendencia, como plantean Gilles Deleuze y Félix Guattari) desaparecen en un mismo movimiento y adquiere importancia el plano de la inmanencia, tal como fue propuesto por Deleuze y Guattari.

La naturaleza de esos planos es fractal y es lo que hace que el planómeno sea un infinito siempre distinto de cualquier superficie o volumen asignable como concepto4. "Cada movimiento recorre la totalidad del plano efectuando un retorno inmediato sobre sí mismo, plegándose, pero también plegando a otros o dejándose plegar, engendrando retroacciones, conexiones, proliferaciones, en la fractalización de esta infinidad infinitamente plegada una y otra vez (curvatura variable del plano)" (Deleuze y Guattari, 1991, 1993: 43). Los cambios que se producen en la historia de los planos de la inmanencia se suceden, rivalizan, según los movimientos infinitos conservados y seleccionados. El plano no es el mismo en la época de los griegos, en el siglo XVII o en la actualidad, “y aún esos términos son vagos y generales” (ibidem). De lo que se trata es de las imágenes del pensamiento5 que van cambiando, al igual que la materia del ser. El plano es, por lo tanto, objeto de una especificación infinita, que hace que tan sólo parezca ser el UNO-TODO en cada caso específico “por la selección del movimiento”. Es decir: es un plano que relaciona lo singular con lo plural en su permanente movilidad, no permite la estabilidad, sino que desterritorializa permanentemente los territorios. Es como la tierra que procede sin cesar “a un movimiento de desterritorialización in situ a través del cual supera cualquier territorio”, porque es desterritorializante y desterritorializada. “Se confunde ella misma con el movimiento de los que abandonan en masa su propio territorio, langostas que se ponen en marcha en fila en el fondo del agua, peregrinos o caballeros que cabalgan sobre una línea de fuga celeste” (ibidem, 86). La tierra no es un elemento cualquiera entre los demás, sino que aúna todos los elementos en un mismo vínculo, aunque utiliza uno u otro para desterritorializar el territorio. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los movimientos de desterritorialización no son separables de los territorios que se abren sobre otro lado, un lado ajeno, mientras que los procesos de reterritorialización no son separables de la tierra que vuelve a proporcionar territorios. Los dos componentes: tierra y territorio, presentan dos zonas de “indiscernibilidad”: la desterritorialización (del territorio a la tierra) y la reterritorialización (de la tierra al territorio). De esa forma no puede decirse cuál de ellos va primero.

El plano de la inmanencia toma del caos las determinaciones que convierte en sus movimientos infinitos o en sus rasgos diagramáticos. Por otra parte, el plano es hojaldrado, y en este sentido, resulta difícil valorar en cada caso comparado si hay un único y mismo plano o varios diferentes.

Las actuales características de esta época: informatización, numerización, "mundialización virtualmente inmediata de la legibilidad”, como escribe Derrida, teletrabajo, cibermundo y pasaje de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control, trastorna los lugares y elimina cualquier límite territorial. De esta forma, según Derrida, "lo que queda así trastocado es la topología del acontecimiento, la experiencia del tener-lugar singular" (2001, 2002: 24). Ese tener-lugar, analizado desde la deconstrucción, afecta la experiencia misma del lugar “y el registro (sintomático, científico o filosófico) de esa ‘cosa’”, el trazo que traza (inscribe, guarda6, lleva, refiere o difiere) la differánce de ese acontecimiento que llega al lugar, que llega al tener lugar.

                 Toda la preocupación espacial de gran parte del pensamiento posestructuralista7: desde el pensamiento marginal de la deconstrucción, al afuera tan caro a Blanchot y Foucault, los agenciamientos desterritorializantes de Deleuze y Guattari o las fronteras como apertura y no como cierre, se han desestabilizado por una lógica del simulacro que ya no tiene límites, fronteras, ni afueras. Esta vez la técnica sustituye en prótesis a lo real, por el tanto desde ese momento, al predicado de existencia se suma el de perfección (cosa enteramente formalizada).

Es que deviene una voracidad posmediática y virtual que desvanece las huellas de la representación y elimina toda posibilidad de intercambio y de la lógica que permitía que los valores (dones en palabras de Mauss) simbólicos circularan y tuvieran la necesaria separación entre tiempo y espacio (plazo y plaza, escribiría Vázquez Medel) como para intercambiarse.  

Los desafíos de la Teoría del Emplazamiento

A la Teoría del Emplazamiento se le presentan numerosos desafíos en el actual escenario dominado por una lógica comunicativa, donde prevalece el signo de la superficialidad, sin consistencia ni profundidad o trascendencia. Es que mientras el espacio público se desvanece y se acelera la historia, las tecnologías contemporáneas de la virtualidad se transparentan, aceleran su pasaje por los (no) espacios, transformándose más en in-mediáticos que en mediáticos. Por otra parte se vulnera la materialidad, en una creciente inmaterialidad, implosionando los tiempos y los espacios, al mismo instante en que se produce la abolición del tiempo y la distancia. Estas características de la actualidad tecnológica tienen graves consecuencias políticas, ya que afecta directamente los espacios institucionales de diálogo e intercambio.

Frente a instituciones lentas (lo que es también una ilusión) y a la mediación material con tiempos medidos y meditados, se produce la “aparición de un tiempo mundial susceptible de eliminar la importancia concreta de ese tiempo local de la geografía que ha hecho la historia” (Virilio, 1995, 1997: 163). Es como plantea Virilio, la sustitución del tiempo cíclico y lineal de la historia por el tiempo dromosférico. El urbanista y pensador francés en ese contexto formula las siguientes preguntas: “¿Deberemos en lo sucesivo, ‘tener piedad por el mundo’, como lo sugiere la ecología? ¿Pedir gracia por la reducida medida de su extensión? Si la localización se ha vuelto de pronto tan despreciable para el navegante inmóvil en un lugar, en este fin de milenio, ¿debemos por ello tener piedad por ese espacio real ya desacreditado en beneficio exclusivo del tiempo real de los intercambios instantáneos o, por el contrario, luchar a pie firme contra esa desacreditación?” (ibidem, 166). Estas interrogantes deberían de formularse en el marco de la Teoría del Emplazamiento, porque ésta apela a Estar-emplazados, es decir, ha “ocupar en cada instante un espacio (tanto real como simbólico)” (Vázquez Medel, 2002: 10). La pregunta que surge es si es posible actualmente ocupar un lugar, más cuando –como escribe Virilio- “la ‘trayectografía’ reemplaza a la geografía” (op. cit.: 171). Frente a esa interrogante es sugerente la afirmación de Vázquez Medel: “Nuestra vida es un discurrir, un movernos, caminar, fluir (pánta rei: todo fluye)”, frente a ese fluir o movimiento nómada es que hay reformular la Teoría del Emplazamiento. Porque hay que recordar que el nómada no deambula sin ton ni son sino que tiene un territorio, sigue trayectos habituales, va de un punto a otro, no ignora los puntos.

Si la Teoría del Emplazamiento considera las dimensiones de tiempo y espacio no como ámbitos externos, sino como formantes internos de la realidad, tendría que preguntarse, junto con Paul Virilio, ¿de qué espacialidad puede tratarse cuando no subsiste más que el ser del trayecto, “de un trayecto que se identifica íntegramente con el sujeto y el objeto en movimiento”, sin otra referencia que él mismo? Ahí estriba la cuestión “de un ser no tanto en el mundo" sino más bien fuera del mundo, “ingeniándose, no obstante, ese ‘fuera del mundo’ para dar la apariencia de habitar el mundo real...” (op. cit. 172).

En definitiva, la espacialidad no puede confundirse con la necesidad de la “atmósfera metereológica de un espacio habitable”, sin embargo, está condicionada por la naturaleza de “nuestra posición en el movimiento de desplazamiento y en su orientación, porque no podría haber velocidad vectorial sin dirección" (ibidem). En vez de espacios sedentarios deberían proponerse los espacios nómadas, frente a la concentración arborescente de los órganos de poder, los grupos de tipo rizoma (bandas, nómadas, manadas).

Como propuesta para tanta desorientación espacio-temporal, proponemos seguir un modelo ambulante que en su proceso de desterritorialización constituya y amplíe el territorio. 

Vete a tu primera planta y observa atentamente cómo circula el agua de lluvia a partir de ese punto. La lluvia ha debido transportar los granos lejos. Sigue los surcos que ha trazado el agua, así conocerás la dirección de circulación. Busca entonces la planta que en esa dirección está más alejada de la tuya. Todas las que crecen entre esas dos te pertenecen. Más tarde podrás ampliar tu territorio. (Castaneda, citado por Deleuze y Guattari en Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia, 1980, 2000: 378).

Bibliografía

BAUDRILLARD, Jean (1987) El otro por sí mismo. Barcelona, Anagrama. 1988.

____________________1995) El crimen perfecto. Barcelona, Anagrama. 1996

BOURDIEU, Pierre (1999) Sobre la televisión. Barcelona, Anagrama.

DELEUZE, Gilles (1990) “Pos-scriptum sobre las sociedades de control”, Conversaciones, 1996.

DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix (1980) Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 2000.

----------------------------------------------------------(1991) ¿Qué es la filosofía?, Barcelona, Anagrama, 1993.

DERRIDA, Jacques (2001) Universidad sin condición. Madrid, Trotta, 2002.

DERRIDA, Jacques y STIEGLER, Bernard (1996) Ecografías de la televisión. Buenos Aires, EUDEBA. 1998.

JAMESON, Fredric (1991) Teoría de la posmodernidad, Madrid, Trotta, 1996.

FERNÁNDEZ SERRATO, Carlos (2000) “Márgenes de la estética y estética al margen (cuestiones axiológicas desde una “Teoría del Emplazamiento”). Revista digital TTC.

LÉVI STRAUSS (1971) “Introducción a la obra de Marcel Mauss”, en Sociología y Antropología. Madrid, Tecnos. 1979.

MAUSS, Marcel (1923-1924) “Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas” en (1971) Sociología y Antropología. Madrid, Tecnos. 1979.

TAUSSIG, Michael (1992) Un gigante en convulsiones. El mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente. Barcelona, Gedisa. 1995.

VÁZQUEZ MEDEL, Manuel Ángel (2000) “Del escenario espacial al emplazamiento”. Sphera Publica, Departamento de Comunicación de la Universidad Católica de Murcia, Murcia, 0, pp. 119-135

----------------------------------------(2002) “Los efectos de la propaganda: una aproximación desde la teoría del emplazamiento”, conferencia dictada en la Sala de Actos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, el 25 de octubre de 2002.

VIRILIO, Paul: (1995) La velocidad de liberación. Buenos Aires, Manantial, 1997.

ZIBECHI, Raúl (1998) “Televisión y sociedad. Esa inteligente ‘caja boba’” en Brecha, 23 de octubre. Montevideo.


1 “Sólo hay herencia allí donde los emplazamientos son múltiples y contradictorios, bastante secretos para desafiar la interpretación, para exigir el riesgo sin límites de la interpretación activa (...) Si heredar es reafirmar una conminación, no sólo un haber sino un emplazamiento a descifrar, no somos más que lo que heredamos. Nuestro ser es herencia, la lengua que hablamos es herencia (...) Lo que somos, lo heredamos. Y heredamos el lenguaje que nos sirve para atestiguar el hecho de que somos lo que heredamos” (Derrida y Stiegler, 1996, 1998: 41).


2 Para profundizar el estudio sobre la regla simbólica del intercambio ver: Claude Lévi-Strauss, "Introducción a la Obra de Marcel Mauss", 1971, pág. 32-42. "Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas" en Sociología y Antropología, 1971, 1979, Editorial Tecnos


3 El potlach es una fiesta religiosa de los indios de América que consiste en un intercambio de dones. Las tribus de Vancuver en Alaska–según los estudios de  Mauss- viven en las islas, en la costa y entre la cadena y la costa, pasan el invierno en una fiesta continua. En el marco de esas fiestas lo que hay que tomar en cuenta de esas tribus es el principio de rivalidad y antagonismo. “Proponemos reservar el nombre de potlatch a ese tipo de institución que se podría, con menos peligro y más precisión, pero también en frase más larga, denominar prestaciones totales de tipo agonístico" (Mauss, 1923-1924, 1971, 1979: 161).


4 No puede confundirse el plano de la inmanencia con los conceptos que lo ocupan. Los elementos del plano son características diagramáticas, en cambio los conceptos presentan características intensivas. Los elementos del plano son movimientos del infinito, mientras que los segundos “son las ordenadas intensivas de estos movimientos, como secciones originales o posiciones diferenciales: movimientos finitos, cuyo infinito tan sólo es ya de velocidad, y que constituyen cada vez una superficie o volúmenes siempre fragmentarios, definidas intensivamente”. Los elementos del plano son intuiciones, mientras que los conceptos son intensiones (Deleuze y Guattari, 1991, 1993: 44-ss.)


5 Deleuze y Guattari escriben: “La noología, que no se confunde con la ideología, es precisamente el estudio de las imágenes del pensamiento y de su historicidad” (1980, 2000: 381). Sobre este tema ver en Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia la meseta: “Tratado de nomadología: la máquina de guerra”, 368-391 y en ¿Qué es la filosofía? el capítulo: “¿Qué es un concepto?” 21-85


6 Con referencia al mal de archivo que guarda y, al mismo tiempo, suprime, ver Mal de archivo. Una experiencia freudiana, 1995 Trota.


7 “Pensar se hace más bien en la relación entre el territorio y la tierra” (Deleuze y Guattari, 1991, 1993: 86).