Los discursos de raíz marxista que encontramos en muchos autores de la primera Escuela de Frankfurt tratan de integrar a los medios de comunicación en la teoría social definiéndolos como instrumentos ideológicos, que cosifican la coinciencia de los individuos, como mecanismos capaces de reproducir una lógica de dominación... Es la perspectiva que encontramos en los escritos de Adorno, Horkheimer, Marcuse o Althusser. Pese al tiempo transcurrido, muchos de los análisis que aparecen en la prensa o en publicaciones especializadas, especialmente en lo referido al estudio de la televisión, muestran una clara vinculación con esos presupuestos.
La teoría crítica, sin renunciar a su compromiso, parece avocada a superar la interpretación simplificadora por la que los medios son meros instrumentos de control social, de manipulación y de reproducción de las desigualdades. Esta perspectiva tiende a ocultar las complejidad de las conexiones que existen desde hace siglos entre los medios de comunicación, los diversos grupos sociales y los poderes políticos y económicos. La temprana investigación de Habermas recogida en su Historia y crítica de la opinión pública nos muestra las relaciones múltiples de las organizaciones de comunicación pública con la organización política de la sociedad burguesa. El desarrollo de los medios impresos en Europa desde el siglo XVI propició el tránsito de los regímenes absolutistas a los sistemas de democracia liberal. La maduración de una opinión pública capaz de actuar críticamente a través de los medios impresos es una pieza clave de la democracia moderna. Los medios de comunicación de masas han terminado convirtiéndose en las pricipales instituciones gestoras del poder simbólico en las sociedades modernas. Las aspiraciones de Habermas de construir una teoría de la acción comunicativa como forma ideal, ahistórica, en vez de tratar de proseguir en el estudio de la categoría burguesa de la opinión púbica parece dejar abierta la cuestión de cómo se desarrolla la comunicación como intersubjetividad en un contexto de comunicación sistemática industrializada. A nuestro juicio, precisamente esa supersimplificación del problema de la comunicación abre las puertas a un estudio de las vías históricas de la emancipación desde las categorías habermasianas de la acción comunicativa, sistema y mundo de la vida.
Por otra parte, la puesta al día de la teoría crítica debe pasar por una mayor atención por la apropiación, en las esferas de sentido de la vida cotidiana, de los textos de los medios de comunicación. Se debe ampliar la investigación centrada en los mensajes (sin duda estereotipados a raíz del carácter industrial de los medios) con la investigación centrada en la producción de sentido en el plano de la recepción. En el mundo de la investigacion, ya desde la década de los 80, se empezó a trasladar el interés a las audiencias y a su carácter activo, por oposición al modelo estructuralista centrado en el texto: el problema era la audiencia real o empírica (por ejemplo, a través de la etnografía), no la implícita en el texto. En definitiva se percibe un cambio de atención desde el texto hacia el acto de lectura.
En el caso de la televisión hay un interés por la investigación fenomenológica de la experiencia de la visión, por las operaciones de construcción del mundo de lo cotidiano. En cierto modo, se sustituye la cuestión: ¿qué hacen los medios con sus audiencias? por otro enfoque: ¿qué hacen las audiencias con los medios?. Siguiendo la teoría de Kuhn, podemos hablar de un cambio de paradigma: se trata del paso de las teorías metodológicas (sociología, psicología, semiótica, psicoanálisis) dentro del paradigma empírico-analítico a las teorías de campo en un nuevo paradigma interpretativo. De todos modos, la atención al carácter activo y a la diversidad de las audiencias no debe ocultarnos la función estratégica de los medios en la reproducción de las relaciones sociales: el hecho de que se rechace el determinismo de la estructura no implica que el ciudadano-consumidor sea autónomo respecto a cualquier determinación social: la metáfora del laberinto ideada por A. Moles nos puede servir para entender esa "libertad condicionada" del consumidor
En relación con el problema de las complejas relaciones entre mediaciones y poder político disponemos de otra fuente de conocimientos que son los escritos de teóricos de la infuencia medios tecnológicos como Harold Innis y Marshall McLuhan. En relación con el problema de la apropiación antes apuntado disponemos de un bagaje teórico muy valioso aportado por la hermenéutica. Que la teoría crítica se nutra de estas aportaciones no significa que deba perder su rigor crítico ni metodológico. Se trata más bien de una necesaria puesta al día de sus formulaciones, dejando atrás la negatividad dialéctica que bloquea todo horizonte histórico real. Podemos tomar como caso paradigmático la perspectiva de Adorno y Horkheimer en Dialéctica del Iluminismo. Aquí las tradiciones democráticas se ven avocadas a un proceso de diferenciación sistémica, de diferenciación de esferas de validez y de cosificación de los individuos. Desde este enfoque no hay posibilidad de regreso a la sociedad preindustrial y no quedan alternativas: la modernidad es una situación histórica sin salidas (el horizonte utópico desplaza cualquier perspectia histórica real). Esto se explica por el concepto de unidad del sistema que exponen Adorno y Horkheimer (y que puede criticarse desde una relectura de Benjamin) y a la unidimensionalidad de su teoría. Habermas, por el contrario, propone un "horizonte de posibilidad histórica real" gracias, sobre todo, a la recuperación del universalismo moral de Kant, el realismo de la teoría social de Hegel y el empirismo postmetafísico de Weber.
A juicio de Albretch Wellmer, uno de los últimos exponentes de la teoría crítica, el planteamiento de Adorno y Horkheimer presente en Dialéctica de la ilustración se volvió tan cerrado en su explicación de los efectos estructurales del proceso de racionalización técnica que de hecho impidió, al menos en sus formulaciones más radicales, que se planteasen formas de praxis emancipatoria que puedieran liberarse de los rasgos unificadores del sistema.
Recogemos a continuación algunas las propuestas de actualización, superación o ampliación de los horizontes de la teoría crítica. La recuperación de textos fuertemente asentados (quizás en exceso) puede contribuir a este propósito. Por ello nos referiremos en primer lugar a Walter Benjamin, un pensador clave en la propia tradición "frankfurtiana".
1. El pensamiento de Walter Benjamin permite abrir una línea de aproximación a los medios de masas opuesta a la que Adorno deriva del logos mercantil. La crítica de esa racionalidad es, para Adorno, el camino para una estética del extrañamiento. En contraposición, Benjamin opone la técnica como acercamiento frente al arte como extrañamiento de Adorno. En Adorno es el sujeto el que debe sumergirse en la obra (es la forma burguesa de experiencia estética), mientras que en Benjamin es la obra la que debe introducirse en la masa, que la usa.
Como marxista, concibe las transformaciones del arte en el siglo XIX como parte de las transformaciones de la superestructura derivadas de los cambios en las condiciones de producción. Sin embargo, difiere de la sistematización que realizan otros marxistas. Coincide con Adorno y Horkheimer en que la masa no es un problema cuantitativo sino cualitativo; para Benjamin: "La cantidad se ha convertido en calidad: el crecimiento masivo del número de participantes ha modificado la índole de su participación". Coincide en situar en el centro la irrupción del logos mercantil y la razón instrumental, pero, en vez de constatar la coherencia del sistema y su exclusión de toda posibilidad de experiencia estética, Benjamin apunta a la transformación que el nuevo modo de producción ejerce sobre la propia noción de arte y sus posibilidades de incidir sobre un sensorium radicalmente nuevo. Para ello, trabaja en los márgenes, en la periferia de la cultura: la ciudad, la fábrica, la fotografía.... Benjamin fue pionero en plantear la relación entre las condiciones de producción y las formas de la experiencia social; habla de las "tendencias evolutivas del arte bajo las actuales condiciones de producción" (en Curran, J., Gurevitch, M y Woolacot, J. (eds.): Sociedad y comunicación de masas, FCE, México, 1981., p.434). En el texto sobre E. Fuchs Benjamin habla de la necesidad de una "historia de la recepción". Se trata de conocer cómo se producen las transformaciones en la experiencia y no sólo en la estética. "Dentro de grandes espacios históricos de tiempo se modifican, junto con toda la existencia de las colectividades, el modo y manera de su percepción sensorial" (en Discursos interrumpidos, I, p. 23); debemos "poner de manifiesto las transformaciones sociales que hallaron expresión en esos cambios de sensibilidad" (op.cit., p. 24). Mientras que para la razón ilustrada la experiencia es lo opaco, para Benjamin el pensar la experiencia es el modo de acceso a la cultura de masas. Para Benjamin la nueva sensibilidad de las masas es la del acercamiento, el sentido de lo igual en el mundo; el nuevo sensorium manifestado por el cine y la fotografía, que borra el aura, y hace posible un modo diferente de existencia de las cosas. La operación de acercamiento hace entrar en declive el viejo modo de recepción , que correspondía al valor cultural de la obra, oponiendo dispersión a recogimiento (la novela, frente a la narración, para Benjamin). Se necesita una sensibilidad alejada del etnocentrismo de clase para afirmar a la masa como matriz de un nuevo modo positivo de percepción en el que se conjuga la actitud crítica y el goce. Benjamin encuentra en la poesía y la figura de Baudelaire la expresión de un nuevo modo de sentir.
Si la modernidad en el arte se manifiesta en una reacción negativa contra el paradigma de la producción, Walter Benjamin parece querer encontrar una superación de esa negatividad buscando las pruebas que anticipan el comienzo de una historia de salvación que está por llegar (que se puede relacionar con la escatología judía y con la concepción marxista de la historia...).
Desde la perspectiva de Habermas, la experiencia que desesperadamente trata de resguardar Adorno es la que viene de "la lectura solitaria y la escucha contemplativa, es decir, la vía regia de una formación burguesa del individuo". Al descubrir la fractura histórica de esa cultura, Adorno piensa que todo está perdido. Sólo el arte más puro, más abstracto, podría escapar a la manipulación y a la caida en la mercantilización y el totalitarismo. Por el contrario, Benjamin no acepta que el sentido haya sido absorbido por el valor, ya que para él "el sentido no es algo que se acreciente como el valor", no es producido, aunque sí transformado, pues depende del proceso de producción. La experiencia social puede empobrecerse y al mismo tiempo no perder su capacidad creativa.
La relectura de Benjamin, de su método, de su mirada heterodoxa, se vuelve hacia nosotros como una alternativa de reconciliación con los supuestos de la modernidad
2. Como forma de comprender ese sensorium que cambia en la historia debemos hacer referencia a las investigaciones de Harold Innis y Marshall McLuhan. Ellos reflexionaron sobre las transformaciones en la organización y la percepciónl del espacio y el tiempo social y sobre la mutación del espacio público en relación con el cambio tecnológico. El desarrollo de los medios ha propiciado al menos tres tipos de espacio público:
1) E.P. de interacción en co-presencia. Se trata de una relación dialógica. Fue dominante en la época pre-moderna.
2) E.P. de interacción en presencia mediada. La carta o el teléfono permiten relaciones entre individuos distantes espacial y temporalmente. Esta clase de interacción se popularizó con la alfabetización, la cultura de la imprenta y el desarrollo del servicio postal.
3) E.P. de semi-interacción. Los mensajes se dirigen a un grupo indeterminado de receptores. El vehículo son el libro, la prensa, la radio, la televisión, etc. El flujo de información es mayoritariamente unidireccional. Se populariza desde mitad del siglo XIX, paralelamente al nacimiento de la sociedad de masas.
Hoy podemos hablar de un nuevo espacio público propiciado por la integración tecnológica. Las redes informáticas descentralizadas sintetizan los modos de interacción que acabamos de citar. Permiten muchas de las posibilidades de la copresencia (de ahí la noción de "ciberespacio"), diversifican los canales de interacción mediada y ofrecen contenidos a grandes grupos de forma similar a los espacios públicos de semi-interacción. En ningún caso podemos decir que se trate de sucesivas revoluciones que borren los anteriores espacios públicos. En todo caso se produce una asimilación dentro de las nuevas formas de relación social, de modo que coexisten y van alternando su posición de dominio, por ejemplo en el establecimiento de la agenda: los medios de comunicación de masas dictan los temas de actualidad que luego se reinterpretan en el espacio familiar o laboral de copresencia.
El nuevo espacio público propiciado por la revolución tecnocomunicativa presenta algunos rasgos novedosos, en muchos casos contradictorios, que exponemos como propueta abierta a ulteriores sistematizaciones:
1) Las grandes instituciones de la comunicación social difícilmente pueden desarrollar el tipo de control sobre los contenidos de las redes si lo comparamos con el control que tradicionalmente han desarrollado sobre el ecosistema de masas. El control del software, de los principales proveedores de acceso y de los portales no es suficiente para controlar las pautas de acticidad comunicativa de los usuarios.
2) los ciudadanos pueden participar de una forma mucho más ágil y directa en los debates políticos y en la formación de la voluntad. El acceso a información que antes estaba restringida por dificultades de distribución y el contacto directo con los representantes propician este cambio. La dimensión productiva, renovadora, de la comunicación primaria puede transformar una comunicación pública que venía funcionando como instancia reproductora de sus propias condiciones. Los elementos utópicos de la cultura se ven desligados de sus exigencias sistémicas de integración, ocultación y legitimación.
3) Los representantes políticos disponen de una serie de instrumentos de contacto con los ciudadanos que estimulan las dinámicas de democratización en la comunidades. La noción de representación democrática no se reduce a una simple aplicación de la proporcionalidad en los tiempos de aparición de los representantes políticos: la presencia de vuelve compleja, ya que la oferta de contenidos no se configura como flujo limitado temporalmente en la programación. Los rituales de participación no se pueden deterninar desde el plano de la producción, sino desde las propias comunidades.
4) Se rompe el circuito cerrado por el que los medios de masas devueven al público sus orientaciones de opinión como resultado de sondeos que representan, a la vez que producen, un clima de opinión. Es el ciudadano el que explora las orientaciones de la opinión en los marcos de producción comunitaria del consenso. Este fenómeno es tan poderoso que los medios tradicionales se hace eco de forma habitual de corrientes de opinión que surgen desde el ecosistema ampliado de la comunicación postmasiva. Por ejemplo, la apropiación de la imagen de los representantes políticos se empieza a objetivar de formas nuevas. En paralelo con la tendencia general al redescubrimiento de lo cotidiano, la imagen pública ya no puede ser controlada siguiendo las técnicas tradicionales.
5) La recuperación de los principios democráticos de la sociedad civil coincide con una ampliación de los criterios de selección y tematización. Surgen nuevos ámbitos tematizables en la órbita de lo cotidiano. Lo ordinario convive en la selección temática con lo extraordinario. De hecho, la cultura popular se considera cada vez más como una cultura del presente y no como ese "paraiso perdido" de las culturas originales (véase Michel de Certeau en L'Invention du quotidien).
4) La tecnología descentralizada de las redes informáticas globales permite que la comunicación pública se oriente hacia la creación de comunidades especializadas apoyadas en intereses comunes antes que de grandes grupos heterogéneos que no son sino agregados de consumidores. Estas comunidades, por primera vez, son fuertemente autónomas respecto a la localización espacial de sus integrantes. Las barreras son, en este marco deslocalizado, más relativas a la cultura o al idioma (en cualquier caso el inglés funciona como lengua universal en internet). Esta dinámica conduce al fenómeno creciente de las comunidades virtuales en las que cada vez se integran más elementos de la vida cotidiana. De todas formas, ello no resuelve los problemas derivados de la actuación social en contextos localizados donde las comunidades no comparten intereses y donde los conflictos deben ser resueltos. Dicho de otra forma, la evasión a espacios no problemáticos no constituye una solución a los problemas de convivencia en sociedades multiculturales.
5) El modelo de unidireccionalidad de la comunicación medidada de masas es sustituído por un modelo reticular. En cuanto al análisis de los procesos podríamos hablar de "postlinealidad": se critica la linealidad de los modelos de inspiración técnica y crecanos a la teoría matemática de la información. Se recupera a los pancomunicacionistas de Palo Alto: la investigación sobre la comunicación ha de concebirse en términos de niveles de complejidad, contextos múltiples y sistemas circulares. Siguiendo a George Landow, podríamos decir que existe una convergencia entre los desarrollos tecnológicos actuales y la crítica contemporánea de la comunicación.
5) Los diferentes grupos sociales pueden exponer sus reivindicaciones más facilmente en internet que en cualquier otro medio. Esto asigna mayor capacidad de presencia a comunidades que antes no tenían voz. El problema se desplaza desde el acceso a los medios de comunicación a los problemas relacionados directamente con las dinámicas comunicativas: estrategias, reflexividad, autorepresentación, interpretación, construcción del sentido, etc.
6) A diferencia de la comunicación masiva, dependiente cada vez más de la financiación publicitaria por los altísimos costes de producción y distribución, las actividades en el medio Internet son potencialmente independientes de la publicidad de reclamo comercial y de sus influencias en los contenidos. Esto entra en contradicción con el creciente fenómeno de mercantilización que afecta a Internet (si lo comparamos con sus orígenes en el mundo universitario y científico). Existe un fuerte movimiento en la red para recuperar su autonomía inicial respecto a la comercialización de los contenidos. Se intenta desde numerosas instancias la preservación del estatuto de ciudadano de la red (net citizens) respecto a la figura del simple consumidor. El incremento de ofertas comerciales hace que disminuya proporcionalmente el número de accesos potenciales a los contenidos no comerciales portadores de los impulsos democratizadores (páginas individuales, de grupos culturales, asociaciones, partidos, organismos públicos, etc.) Además, el desarrollo tecnológico está propiciando que los usuarios particulares tengan que competir con ofertas cada vez más sofisticadas de contenidos elaborados con amplios recursos técnicos y humanos, lo cual obliga a que los particulares deban realizar esfuerzos suplementarios para elaborar materiales atractivos.
7) La comunicación en internet resitúa la interacción en el ámbito de las relaciones comunicativas y reequilibra una esfera pública cada vez más volcada en lo espectacular. Si la televisión como medio hegemónico ha potenciado el consumo como entretenimiento gestionado desde los medios, se abre un nuevo margen de reconciliación de lo público con las relaciones dialogicas.
8) La progresiva simplificación del acceso neutraliza la importancia de las cuestiones de estatus en la comunicación pública. No obstante, el perfil del usuario de internet se acerca sobre todo al de un hombre blanco, joven, con nivel de ingresos alto y con formación universitaria, que habla inglés y que probablemente es norteamericano. Se ha repetido hasta la saciedad que pese a su estructura distribuída, internet es una red con centro: su centro está, en términos históricos, organizativos, lingüísticos y cuantitativos en los Estados Unidos. Esto afecta decisivamente a la selección de valores desde los que se construyen las comunidades virtuales. Cuando se supere la fase de acceso a estas tecnologías de los consumidores iniciales, los llamados "innovadores", y se difunda entre grupos con menor nivel de ingresos, entre las mujeres, personas mayores y grupos sin educación en informática (la llamada "computer literacy") podremos hablar de un verdadero potencial democratizador de las redes informáticas.
La aproximación al nuevo espacio público desde la teoría crítica busca evaluar su sentido desde el principio normativo de la participación democrática. De hecho, el desarrollo de las democracia de masas en los países occidentales ha coincidido históricamente con el auge de los medios de comunicación masiva concebidos como instituciones dominantes del espacio público. La idea de espacio público posee en nuestras democracias un valor normativo: es una aspiración democrática que existan lugares institucionales en los que tome forma una política popular en virtud de la participación activa de los ciudadanos.
Los principios de efectividad comunicativa, de racionalidad estratégica, implícitos en gran parte de la teoría y la práctica de la comunicación pública han de ser integrados en un modelo teórico capaz de integrar las dimensiones de sistema y mundo de la vida. En cuanto a la evolución de lo público, el nuevo ecosistema presenta aspectos "post-masivos" que merecen ser dilucidados: los conceptos habermasianos del espacio público y los desarrollos de la teoría de la acción comunicativa ofrecen un marco teórico para desarrollar este proyecto.
En cualquier caso, Albrecht Wellmer nos recuerda que los planteamientos
de la teoría crítica no conducen a un saber predictivo
técnicamente utilizable, "valorativamente neutral", sino, en
todo caso, a la autoilustración de los individuos agentes
acerca del significado y las posibilidades de su praxis social.
Referencias bibliográficas
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