Jorge D. Fernández Gómez y Antonio Pineda Cachero: La belleza embriagadora. El mito de Dioniso en la publicidad, Sevilla, Alfar, 2002. 183 pp.

 

 

 

 

 

 

 

Jorge D. Fernández Gómez y Antonio Pineda Cachero: La belleza embriagadora. El

mito de Dioniso en la publicidad, Sevilla, Alfar, 2002. 183 pp.

 

En junio de este año 2002, cuando toda actividad académica, e incluso mercantil

se diría, parece ya imposible, pues la llegada de la canícula paraliza hasta los

relojes en este “bendito” Sur, salía a la luz una obra de sugerente título: La

belleza embriagadora. El mito de Dioniso en la publicidad, publicada por la

sevillana editorial Alfar. Ahora, reiniciada la actividad en todos sus ámbitos,

es hora ya de presentar al público este prometedor ensayo. Prometedores son

también sus autores: Jorge D. Fernández Gómez y Antonio Pineda Cachero, dos

jóvenes licenciados en Publicidad y Relaciones Públicas a punto de doctorarse,

con diversos ensayos y artículos ya en su haber, quienes desarrollan una

importante labor investigadora y docente en la Facultad de Comunicación de la

Universidad de Sevilla (ambos son miembros del Grupo de Investigación “Métodos,

Análisis y Estrategias de la Comunicación Empresarial e Institucional”, MAECEI).

 

Tal y como expresa el subtítulo de la obra, La belleza embriagadora aborda un

mito concreto, el mito de Dioniso, circunscrito al imaginario heleno de la

Grecia antigua, trasladando su significación o mitemas al ámbito del mensaje

publicitario persuasivo, más en concreto, a la publicidad de bebidas alcohólicas

aparecida en campañas recientes a través de prensa diaria y revistas. Sin

embargo, lejos de quedar la obra en la mera aplicación de un constructo

conceptual a un corpus publicitario concreto, lo que sería ya de por sí un logro

por las razones que enseguida diremos, los autores de este ensayo muestran desde

los primeros capítulos el verdadero alcance de su obra: una profusa indagación

en las complejas y sustanciosas relaciones entre Mito y Publicidad, dos

discursos aparentemente distanciados (en el tiempo y en las formas). Ello supone

verdaderamente toda una novedad en el joven panorama de los estudios

publicitarios, pues hoy por hoy son pocos, por no decir escasísimos, los

trabajos existentes dedicados al tema en cuestión.

Que la publicidad no conforma un lenguaje autosuficiente es algo que, desde

luego, nadie es capaz de dudar en la actualidad, rehusando por ello toda

investigación per se. En este sentido, es mucho el esfuerzo realizado en el

campo de los estudios interdisciplinares que conjugan la publicidad con otros

ámbitos diversos: música, retórica, cine, política, sociedad, etc., discursos y

planos todos ellos que la publicidad incorpora impúdicamente en su provecho. Sin

embargo, muy poco se ha dicho aún acerca del discurso mitológico y su vivaz

filtración en el mensaje publicitario con fines persuasivos, algo de lo que son

muy conscientes los autores: “no existen apenas monografías que estudien de

manera exhaustiva las relaciones entre publicidad y mitología desde una

perspectiva persuasiva”. Entre los escasos estudios dedicados al tema, sin duda

merece la pena citar la reciente obra de José Luis León: Mitoanálisis de la

publicidad (Barcelona, Ariel, 2001), que imprime una perspectiva analítica al

estudio del mensaje publicitario en relación con el mito y sus significados.

Partiendo de las tesis de Durand, León propone una nueva perspectiva desde la

que contemplar el fenómeno publicitario a la que denomina “mitoanálisis”. Se

asume así, desde una base sólida y rigurosa de conocimiento, la importancia del

discurso mitológico en el ámbito de la creación publicitaria. ¿Es éste un

eslabón más en la constante reinterpretación y rescritura del mito que realiza

periódicamente el hombre de cultura? Dejemos la respuesta para mejor ocasión.

El trabajo de Fernández Gómez y Pineda Cachero es, en cierto modo, deudor de

este aperturismo en la investigación de las relaciones entre Mito y Publicidad

que supone la obra de José Luis León. Por supuesto, como bien se nos advierte en

la introducción, es mucho ¾casi todo¾ lo que queda por hacer en el campo de

dichas relaciones. Ya es suficientemente importante haber desviado la atención

de los estudios publicitarios hacia otros campos inexplorados, entendiendo la

saturación existente en torno a aspectos que rodean a la publicidad tales como

la estructura, la redacción, la retórica, la fotografía, etc., amén del

desarrollo de líneas teóricas divergentes que tratan de aprehender y explicar la

complejidad del fenómeno publicitario. Frente a la práctica habitual en la

investigación publicitaria, rehuyendo de las metodologías al uso, los autores de

La belleza embriagadora abordan la cuestión del mito y su injerción en el

discurso publicitario desde una perspectiva humanística, social y antropológica,

centrando la atención en el mensaje publicitario mismo, en sus contenidos y en

el modo en que expresa esos contenidos, así como en las fuentes socioculturales

y discursivas de que se nutre. “El mito es, en primer lugar, una instancia de la

psicología profunda de la humanidad ¾nos dice Adrian Huici en el prólogo a la

obra¾ y, por ello mismo, el espejo en el que se reflejan nuestros rasgos más

intrínsecamente humanos, es decir, lo mejor y lo peor del hombre”. Y algo más

adelante añade: “Como pensamiento y como lenguaje, el mito se manifiesta

constantemente en los discursos sociales, y la publicidad no puede ser la

excepción”.

Es evidente que este tipo de investigación requiere un planteamiento

histórico-cultural de envergadura que sustente y sirva de base teórica al

ulterior análisis publicitario. Así, los primeros cuatro capítulos (la obra

consta de seis) abordan esta tarea necesaria, haciendo gala de un despliegue

bibliográfico en donde no faltan nombres como los de Eliade, Graves, Detienne,

Humbert, Gadamer o Vernant, entre otros, mitólogos de obligada referencia. Tras

una sustanciosa introducción en donde quedan apuntadas las estrechas relaciones

entre el mito de Dioniso y la publicidad, el capítulo primero supone un

acercamiento a la significación del mito en cuestión a través de una dicotomía

esencial: lo apolíneo/lo dionisíaco. No es raro, pues, que Nietzsche asome con

frecuencia en este capítulo y en los subsiguientes, si se tiene en cuenta que El

origen de la tragedia, una de las obras más controvertidas del filósofo alemán,

tiene como eje fundamental el establecimiento de esos dos espíritus

contrapuestos pero complementarios. Tanto este primer capítulo como los dos que

le siguen abundan en las cualidades y símbolos que rodean al mito dionisíaco: su

relación con las artes, su moral, su representación táurica, su relación con el

vino (aspecto éste último que justifica por sí mismo la presencia del mito en

anuncios de bebidas alcohólicas). Todas estas marcas conforman una serie de

estructuras de significado que son las que va a usar posteriormente la

publicidad y que, en el caso concreto del mito de Dioniso, pueden resumirse en

dos rasgos esenciales: la seducción y la exaltación del poder místico del vino.

Respecto al primero nos dicen los autores del libro: “El mitema de la seducción

ya no es, como en la Odisea homérica, un canto de sirena a evitar por el héroe

apolíneo y monógamo, Ulises, sino una invitación a la inconsciencia”. Sobra

poner de relieve la relación entre “inconsciencia” y alcohol, el segundo de los

rasgos dionisíacos mencionados.  

Un comentario especial merece el capítulo cuarto, que lleva por título “Vida y

obra”, y en donde se rastrean, minuciosamente documentadas, las raíces

históricas, religiosas y literarias de Dioniso, así como su trayectoria vital a

través del intrincado periplo del dios por una vasta geografía: Egipto, Siria,

la India... Bien pudieran haberse ahorrado los autores del libro este capítulo

en donde se acumulan múltiples pistas y se contrastan datos, a veces

innecesarios, en pos de trazar una biografía (im)posible del dios, diluido entre

la historia y la leyenda. Sin embargo, el tono de aventura, el relato ameno de

la vida y sucesos caprichosos de Dioniso, suponen, además de un aporte cultural

enriquecedor (que nunca viene mal en los tiempos que corren), una distensión

necesaria antes de entrar de lleno en la parte analítica del ensayo. Se combina

así, perfectamente, lo dulce y lo utile.

Finalmente, la parte práctica y analítica de la obra, la de mayor interés desde

el punto de vista de la actividad publicitaria, se condensa en los dos últimos

capítulos. El capítulo cinco supone una aproximación a las relaciones

discursivas entre el universo mítico y la práctica publicitaria, y más en

concreto, entre el personaje en cuestión, el dios Dionisio, y la publicidad de

bebidas alcohólicas en prensa ¾relaciones difíciles de entender sin el

planteamiento teórico de los capítulos anteriores¾. De este modo, partiendo de

los postulados de Durand, Eliade o León, entre otras referencias fundamentales,

se desarrolla una base teórica que servirá de marco indispensable para el

posterior análisis de un corpus publicitario representativo. Por lo que se

refiere al capítulo seis, el análisis llevado a cabo por los autores nos muestra

las diferentes representaciones que la imaginería dionisíaca es capaz de

generar. Tomando el concepto durandiano de mitema, del que se ha hablado con

anterioridad, se establecen cinco núcleos básicos de significado mítico que se

ajustan perfectamente al mensaje publicitario actual, a saber: la seducción

irresistible, el vino, la fiesta, el poder del goce y el carácter subversivo

(éste último es acuñado por Vernant como lo otro). En esta última fase de la

investigación, resulta de enorme utilidad el Anexo fotográfico que Fernández

Gómez y Pineda Cachero incluyen en su obra, ofreciendo así al lector la

posibilidad de conjugar texto e imagen. 

Por último, La belleza embriagadora posee una virtud de la que, tristemente,

adolecen algunos estudios académicos, y es quizá éste uno de los mayores

aciertos de la obra: que se dirige a un público especializado ¾profesionales de

la publicidad, investigadores universitarios en el área de publicidad y

marketing, amantes de la sociología y la antropología, etc.¾ y, en otro plano de

lectura, a los jóvenes estudiantes de Publicidad, quienes encontrarán de seguro

en esta sugerente obra no sólo una base científica para el estudio de las

relaciones entre mito y publicidad, sino, aún más, un compendio antropológico de

la cultura del ocio (distensión, perversión, embriaguez rodeada de belleza...),

que es, en síntesis, su propia cultura.     

                       

 

                                                                          Aníbal

Salazar Anglada