Trabajos de Doctorado

Metodología y Tendencias del Comparatismo Literario y Cultural

Bienio 2000-2002

 

 

 

 

 

 

Alicia, El Principito y el Viaje Fantástico

 

 

 

Cristina Firmino

Josete de Sousa

 

Muchas gracias a Maria José Marques por las productivas discusiones sobre literatura para niños y Alicia, a todos los compañeros de Doctorado por sus comentarios y sugestiones y, muy especialmente, a la compañera Maria José Aguilar por la paciencia infinita en la revisión del texto.

 

 

ndice

Introducción  

 

¿Literatura infantil/para niños? 

        El Principito y la Literatura para niños 

        Alicia y la Literatura para niños 

 

El viaje 

       El viaje en El Principito

       El viaje en Alicia 

 

Lo Fantástico 

       Lo fantástico en El Principito 

       Lo fantástico en Alicia 

             La función de lo fantástico en Alicia 

 

Conclusión 

 

Bibliografía 

ntroducción

  

Este trabajo surgió en el ámbito de un seminario de Doctorado en Literatura y Comunicación, “Tendencias y métodos del comparatismo literario y cultural”, impartido por el Prof. Vázquez Medel.

El reto lanzado por el profesor ha sido de, en grupo, elegir y comparar dos obras literarias (comparatismo literario) o una obra literaria y algún otro producto cultural (comparatismo cultural). Una vez que tenemos formaciones distintas (filología inglesa y filología francesa) hemos decidido elegir una obra proveniente de cada cultura. El gusto personal ha influido en la elección: hemos optado por dos de nuestros libros preferidos: Alice in Wonderland y Le Petit Prince.

Charles Lutwidge Dodgson era el nombre verdadero del autor de Alice in Wonderland (Alicia en el País de las Maravillas). Nacido en Daresbury, Inglaterra, era el mayor de 11 hijos.  A los 18 años, ingresó en la Universidad de Oxford, en la que permaneció durante cerca de 50 años, y en la que obtuvo el grado de bachiller y trabajó de preceptor. Fue ordenado diácono de la Iglesia Anglicana y enseñó Matemáticas a tres generaciones de jóvenes estudiantes de Oxford. Sus cuentos vieron la luz con el seudónimo Lewis Carroll . La Alicia real y verdadera era la hija de su amigo el diácono Liddell. Muchos de esos cuentos caprichosos, que aún deleitan a los lectores de todas las edades y de todos los países, les fueron referidos a ella y a sus hermanas.  El 4 de julio de 1862 realiza la famosa excursión en barca por el Támesis con Alicia Liddell y sus hermanas, donde improvisó el núcleo esencial de Alice´s Adventures Under Ground (Las aventuras de Alicia bajo tierra), un libro originalmente escrito a mano e ilustrado por el propio Carroll, como regalo para Alice Liddell.

Sus amigos le animan a publicar Alicia. Trabajó el texto, añadió algunas escenas, y Alice in Wonderland se publicó, ilustrado por el famoso dibujante inglés John Tenniell, en 1864 por MacMillan. En 1871 surge aún otro libro cuya protagonista es Alicia,  Through the Looking Glass, and what Alice found there (A través del espejo y lo que Alicia encontró ahí) también ilustrado, aunque de mala gana, por Tenniel.

Estos libros han sido posteriormente ilustrados por otros muchos artistas, pero los magníficos dibujos de Tenniel continúan siendo los favoritos. Otras publicaciones de Lewis Carroll son: The Hunting of the Snark (1876) y el cuento poco leído Sylvie and Bruno (1889 y 1893). En 1889 publica aún Nursery Alice, una versión simplificada y adaptada para niños de Alice in Wonderland.

La obra El Principito fue escrita por Antoine de Saint Exupéry, nacido al 29 de junio de 1900 en Lyon, Francia, y editada al 6 de abril de 1943, en Nova York un año antes de morirse. Otras obras del autor son Terre des Hommes (1939), Pilote de Guerre (1942) y Citadelle (publicada póstumamente en 1948) entre otras. El Principito es su libro más conocido y leído, con traducciones en diversas lenguas. St. Exupéry en este libro ha complementado sus dos dedicaciones, la de escritor y la de piloto, sin embargo no podemos entender la una sin tener en cuenta la otra. El Principito es una obra única en su género.

En una primera aproximación se consideró establecer tres puntos de comparación: la literatura infantil, lo fantástico y el motivo del viaje.

Se empieza cada capítulo por un resumen de las lecturas teóricas hechas y, de acuerdo con esas pautas de análisis, se hace un estudio comparativo de las dos obras.

Esas diversas lecturas nos han planteado algunas cuestiones: si se pueden considerar obras de literatura infantil; si es pertinente hablar de fantástico en Alicia y, principalmente, en El Principito (porque se trata de una alegoría) y, finalmente, qué significa y qué función tiene el viaje en Alicia y en El Principito. Intentaremos contestar a todas estas cuestiones a lo largo del trabajo.

¿    iteratura infantil/para niños?

  

Uno de los puntos de contacto más evidentes entre Alicia y El Principito es que tanto una como la otra obra son muchas veces “catalogadas” como literatura infantil. A nuestro entender, todavía, tal clasificación es muy discutible toda vez que son, por lo menos en nuestros tiempos, más leídos por adultos que por niños. Hay una amalgama de textos que incluyen obras escritas especialmente para niños, otras que no fueron escritas para niños pero que fueron “adoptadas” por éstos y que llegan a ellos a través de adaptaciones (como es el caso de Robinson Crusoe, de William Dafoe, o de Gulliver’s Travels [1] , de Jonathan Swift) libros lúdicos, didácticos, ilustrados, etc. que son indiscriminadamente llamados de literatura infantil. No está en el ámbito de este trabajo intentar una definición  del concepto, sin embargo, hay que tratar algunas cuestiones que podrán enriquecer el análisis comparativo de las dos obras.

Uno de los grandes problemas con los cuales se debaten los estudios de esta área es el de la propia definición de Literatura Infantil. Muchos autores cuestionan que se trate de literatura, otros, a pesar de admitir su existencia, la remiten para al plano de una literatura menor. Por otro lado, la definición de Literatura Infantil está íntimamente ligada al concepto de  infancia, que varía de época en época o de cultura en cultura. Sólo más recientemente los estudios empezarán a tener un carácter más sistemático. El propio nombre “literatura infantil”, por la utilización del adjetivo “infantil” puede sugerir connotaciones negativas, relacionándolo con textos producidos con menor rigor y cuidado. Sería, tal vez, preferible, y lo haremos de ahora en delante, utilizar el término “literatura para niños”, una vez que lo que realmente la diferencia de todo el resto es la especificidad del público lector. Es ésta la posición de Maria José Marques, que, en Da criança ao adulto: “Alice’s Adventures in Wonderland” em português, empieza por hacer un recorrido de  las principales características de la literatura para niños apuntadas por los teóricos para después concluir con la cuestión de si Alicia puede o no ser considerada como tal.

La cuestión ha sido debatida desde  dos puntos de vista distintos,  el énfasis es colocado en los procesos de recepción o de producción de la obra: literatura para niños es la que los niños leen o literatura para niños es la que es escrita para los niños. (Marques, 1998, p. 10). Por un lado, el hecho de que a un niño le guste un determinado libro no hace con que sea automáticamente literatura para niños; por otro lado, es posible que un libro sea escrito para niños y no sea leído por ellos, aunque tampoco parece legítima la identificación entre literatura y suceso. Además, normalmente los adultos eligen los libros que los niños van a leer y éstos no intervienen ni en la producción ni en la selección de sus lecturas.

Una solución para esta dicotomía entre los procesos de producción y de recepción es considerar literatura para niños como un mensaje literario que puede o no ser dirigido a los niños, pero que corresponde a sus exigencias. Para eso, el libro para niños tiene que corresponder a una serie de cualidades que hacen con que los adultos la elijan y que a los niños les guste. Esas cualidades, referidas por muchos de los teóricos, son las siguientes:

-                                 debe tener en cuenta las capacidades hermenéuticas. El libro debe ser de fácil lectura para el niño y debe tener también en cuenta que muchas veces será leído en voz alta (en la antigua tradición del contador de historias).

-                                 La trama debe ser fácil de memorizar e interesante para el niño. Para eso, es muy frecuente que el narrador envuelva al lector en la historia.

-                                 La historia no deberá contener ambigüedades, distintas interpretaciones.

-                                 La distinción entre fantasía y realidad debe quedar muy clara.

-                                 Las ilustraciones tienen casi siempre un papel muy importante para la comprensión del texto.

-                                 Tiene casi siempre la función de armonización social, el carácter didáctico y moralizador está patente en casi todos los textos.

 

 

 

 

El Principito y la literatura para niños

Según James E. Higgins (Higgins, 1996, p. 11) si hay una obra importante de ficción para niños que haya salido de la segunda guerra mundial es este pequeño libro de Saint-Exupéry. En la superficie está el entretenimiento, pero por debajo encontramos la resonancia de algo mucho más profundo que va mucho más allá. Es una obra educativa que proporciona a los lectores la posibilidad de leer a un nivel más allá del simple entretenimiento. Saint-Exupéry no escribe específicamente para los niños, pues él considera que ellos disponen de los conocimientos necesarios para apreciar su historia. El autor utiliza un lenguaje directo y sencillo. (Higgins, 1996, p.13) La importancia de esta obra, El Principito, en la literatura se puede medir por la forma como los lectores se dejan conducir en ese sueño medio despierto que es la imaginación.

La historia empieza con un tono realista (incluso autobiográfico) después adquiere una alegoría irónica que ridiculiza de forma sutil la cultura del siglo XX, tanto de los Europeos como de los Americanos para al final, instaurarse en la última mitad del libro, la tristeza y para algunos, la tragedia del destino sobresale. Siempre hubo alguna dificultad en clasificar esta historia en un género concreto, debido a sus características específicas. Cada una de ellas teniendo su valor: cuento de hadas, fábula, parábola, alegoría, sátira o cuento. También han sido hechas comparaciones con el trabajo de diversos autores «clásicos». Estas comparaciones todavía fueron  hechas solamente con la mitad de la obra y no con la totalidad. La cualidad de cuento de hadas ha sido por ejemplo comparada con Andersen y Perrault. La cualidad satírica y alegórica hace recordar a algunos críticos de Lewis Carroll, otros  de Swift, y otros de Rabelais. No podemos olvidar que cuando ha sido publicado El Principito, la literatura para niños no era tan importante como lo es hoy. Todavía, El Principito en su forma es único, y es esta cualidad la que dificultará su clasificación, si es un libro para niños o un libro para adultos. Tenemos diversas posturas: los que consideran que es un libro para niños, que son todos aquellos que minimizarán la edad de los lectores y los otros que consideran que es un libro para adultos. Solamente para ejemplificar transcribiremos algunas citas elegidas por James E. Higgins, (Higgins, 1996, pp. 16, 17). Hay una  cita de John Chamberlain, en el New York Times, en la que lo considera ser un libro para adultos: «Anyway, The Little Prince will appeal to adults. And that is something.» Y por el contrario, P. L. Travers defiende que se trata de un libro para niños: «It is true in the most inward sense, it offers no explanation and it has a moral.»

André Maurois (Higgins, 1996, p. ) hace una comparación entre Alicia y El Principito, y afirma que Alicia es al mismo tiempo una historia para niñas y una sátira al mundo victoriano mientras que El Principito, en su melancolía poética contiene toda una filosofía. En nuestra opinión, esta comparación es demasiado simplista pues Alicia difícilmente será una historia para niñas, como probaremos, y,  aunque tenga un fuerte componente de sátira a la sociedad de la época, tampoco se puede reducir a ese aspecto, conteniendo todo un fondo de interés en términos de filosofía, lingüística, matemática, lógica, política, etc. Citamos a Nina Demurova [2] :

 

“Carroll’s fairy tales realize in most original and unexpected forms both literary and scientific types of perception. And this is why philosophers, logicians, mathematicians, physicists, psychologists, folklorists, politicians, as well as literary critics… all find material for thought and interpretation in the Alices.”

 

En El Principito  tenemos un dialogo con la infancia. La historia empieza por una vocecita, que no se sabe de dónde viene y que pide al piloto que le dibuje un cordero. Todo lo que ese personaje narra y pregunta a partir de entonces va a ser aceptado por el lector como normal, por inverosímil que parezca. La distinción entre fantasía y realidad no es muy clara, todo se mezcla. La trama es de fácil memorización e interesante para los niños, muchas veces el narrador envuelve al lector, como por ejemplo en la última página de El Principito.

 «Pour vous qui aimez aussi le petit prince, comme pour moi, rien de l’univers n’est semblable si quelque part, on ne sait où, un mouton que nous ne connaissons pas a, oui ou non, mangé une rose…» [3] (El Principito, p. 97).

 

 Las ilustraciones están presentes en toda la obra. El libro  comienza y termina con ilustraciones que ayudan a los lectores, sean niños o adultos a comprender mejor el mensaje. Las ilustraciones tienen esta doble función de ilustrar y de  activar la imaginación de cada uno. El aspecto didáctico y moralizador está indudablemente presente en toda la obra, constituyendo una de sus características más evidentes. Verificamos que muchas de las cualidades aquí mencionadas se refieren, en efecto, a la literatura para niños pero no es tan lineal y simplista como eso. Esta obra tiene dos niveles completamente distintos de lectura; el primer nivel de lectura se sitúa en la superficie y  un segundo nivel de lectura, más profundo, es dónde encontramos las enseñanzas que Saint-Exupéry se ha propuesto transmitir, para que la Humanidad pueda caminar hacia un mundo más justo y  humano. Esta última lectura será evidentemente hecha por los adultos, pues obliga a una interpretación más profunda del texto, que va mucho más allá. La dificultad de esta obra está en la realidad, en clasificarla en un género o en otro, pues contiene cualidades de un sistema literario y de otro.   Zohar Shavit utiliza el término “texto ambivalente” para definir textos que, como El Principito, más que tener simplemente dos niveles de lectura, funcionan en dos sistemas literarios distintos, en este caso, la literatura para niños y la literatura en general. 

 

 

 

Alicia y la Literatura para niños

 

De acuerdo con las características generalmente atribuidas a la literatura para niños y que ya referimos, Alice in Wonderland no puede ser considerado un libro para niños. Mientras que la segunda versión de la obra, Nursery Alice, está totalmente adaptada al universo de los niños y su clasificación como literatura para niños no ofrece ningún problema, Alice in Wonderland, en muchos aspectos, no se encuadra en esa definición.

 El libro no es adecuado para las capacidades hermenéuticas de los niños (especialmente de los niños de hoy). Los juegos de palabras utilizados son muchas veces demasiado complejos para que un niño los perciba. Un estudio comparativo de Alicia y de Nursery Alice fácilmente podría mostrar cómo el lenguaje de una historia para niños es distinto del que se destina a un público adulto.

La distinción entre fantasía y realidad no es clara, la ambigüedad es mantenida durante casi toda la historia y sólo al final del libro el lector se da cuenta de que todo no era más que un sueño. Por otro lado, la fantasía no es simple entretenimiento sino pretexto para sátira social y política, lo que no se encuadra en el contexto de una obra para niños.

Por último, en Alicia no hay una función didáctica y moralizante, ni tampoco los conocimientos adquiridos por Alicia en la escuela o su etiqueta le sirven de algo en el mundo subterráneo de Wonderland. Por lo contrario la educación victoriana, los currículos escolares, textos utilizados en la escuela, métodos de enseñanza y literatura moralizante de la época son constantemente parodiados y puestos en ridículo.

Hay un estudio muy interesante de Ronald Reichertz, The Making of the Alice Books, Lewis Carroll’s Uses of Earlier Children’s Literatures, en que se analizan los libros de Alicia en el contexto de la literatura para niños desde el siglo XIII hasta el siglo XIX. Reichertz argumenta que la espantosa originalidad de Carroll es el resultado de una fusión de su fértil imaginación narrativa y de las formas y temas de la anterior literatura para niños. Dando ejemplos de un corpus muy extenso de textos infantiles, Reichertz demuestra que los libros de Alicia están plagados de convenciones y alusiones a obras anteriores.  Las fantasías de Carroll incorporan una tradición literaria extensa que desde las formas más convencionales de literatura para niños (por ejemplo los morals, el didacticismo informativo, las Nursery Rhymes y los cuentos de hadas) hasta algunos topoi y formas literarias generales, como el mundo al revés o las visiones oníricas, que fueron asimiladas por la literatura para niños antes de los libros de Alicia.

Más que un libro para niños, Alicia nos es presentado como un libro que  reflexiona sobre la literatura para niños; como una reflexión sobre la incapacidad del mundo de los adultos (simbolizado por el caótico Wonderland) para reconocer los derechos  de los niños. Además  contiene aún una serie de reflexiones sobre filosofía, lingüística, lógica, psicología, política, etc., adquiriendo interés para públicos muy distintos de entonces como de hoy.

  

El      iaje

 Como punto de partida para una reflexión sobre el viaje elegimos una aproximación que, a pesar de muy específica, una vez que se trata de analizar el viaje como metáfora del Pensamiento crítico en la Filosofía Francesa del siglo XVIII (Rousseau y Montaigne), podrá darnos pistas  importantes para la comprensión del fenómeno del viaje.

El autor, Georges Van Den Abbeele, en Travel As Metaphor, from Montaigne to Rousseau cita una entrada de la Encyclopédie, escrita por Chevalier de Jeaucourt:

 

-Voyage, 5.m. (Gram.) Transport de la personne d’un lieu où l’on est, dans un autre assez éloigné. On fait le voyage d’Italie. On fait un voyage à Paris. Il faut tous faire une fois le grand voyage. Allez avant le temps de votre départ déposer dans votre tombeau la provision de votre voyage.

-Voyage, (commerce) Les allées et les venues d’un mercenaire qui transporte des meubles, du bled et autres choses. On dit qu’il a fait dix voyages, vingt voyages.

-Voyage, (éducation) Les grands hommes de l’antiquité ont jugé qu’il n’y avait de meilleure école de la vie que celle des voyages ; école où l’on apprend la diversité de tant d’autres vies, où l’on trouve sans cesse quelque nouvelle leçon dans ce grand livre du monde ; où le changement d’air avec l’exercice sont profitables au corps e à l’esprit. (Abbeele, 1992, p. VII)

                                                                                                        

A partir de esta entrada el autor va a definir el viaje desde el punto de vista de la economía y como metáfora del pensamiento crítico. (Abbeel, 1992, pp. VII a XXX) 

El viaje es inicialmente definido como el transporte de una persona de un lugar a otro más lejano, definido como tal en una perspectiva antropológica, se refiere al movimiento de los seres humanos. En seguida, surge el viaje metafórico que es la muerte “le grand voyage”.

El carácter escatológico del viaje, no es solamente un trayecto (tránsito) provisorio del hombre en el mundo, sino también un pasaje de corta extensión de otro viaje más grande, de la eventual entrada del ser en la duración absoluta de la eternidad.

Subyacente a la perspectiva antropológica emerge necesaria e inevitablemente el riesgo y la ansiedad – que el límite del movimiento del anthropos es el limite de la propia existencia: “le grand voyage”. La segunda definición del viaje es una definición comercial, se refiere al transporte de mercancías de un lado para otro y si la muerte es un viaje sin retorno, regreso, el comercio es precisamente el ir y venir de objetos móviles. La tercera definición de viaje señala su valor educacional. Se hace la comparación del viaje como ese gran libro del mundo donde se saca siempre algo de nuevo.

En todo caso el viaje es visto, en función del lucro (provecho) que pueda traer tanto intelectual como comercial. Si el viaje ocasiona el riesgo y la ansiedad de la muerte también señala el camino para la salud, la riqueza, el poder, la experiencia o el conocimiento. Esta triple definición de viaje define su objeto como una zona de potencial lucro o pérdida.

El lucro constituye el incentivo para el viaje y hasta en el modo de viaje más inocente e inocuo (el viaje turístico) están presentes motivaciones económicas e ideológicas: los turistas acumulan “experiencias culturales” que aumentan su valor social. El Imperialismo y el Colonialismo son, tal vez, los ejemplos más obvios y brutales del viaje entendido como oportunidad de lucro.

Esta perspectiva circunscribe el viaje al punto de vista económico. Sea el viaje pérdida o lucro, lo que está en cuestión es una cierta propiedad, algo que pueda ser ganado o perdido. Sin embargo, para que se pueda hablar de economía de viaje, hay que fijar algunos puntos de referencia: la economía del viaje necesita un oikos  (la palabra griega para “casa” de donde derivó “economía”) con relación a la cual toda la deambulación pueda ser comprendida. La casa es el punto de partida de donde se salió y a donde un día se espera volver. El emplazamiento de un oikos, o domus  ( la traducción de oikos en latín),  es lo que domestica el viaje  inscribiéndole ciertos límites. El oikos define o delimita el movimiento del viaje según la prescripción Aristotélica de una trama bien construida, teniendo un principio, un medio y un fin. El viaje solamente puede ser conceptual izada en termos de punto de partida y destino y de la distancia (espacial y temporal) entre ellos.

Abbeele acentúa aún el carácter paradójico del viaje: si el viaje sólo puede ser pensado desde la perspectiva de esta “economía del viaje”, es precisamente esta economía que acaba con el viaje atribuyéndole un principio y un fin en la forma de un oikos.

Por otro lado, la “casa” que dejamos cuando partimos de viaje no es nunca la misma que encontramos cuando volvemos. Puede suceder que cambie la casa o que cambiemos nosotros a través de la experiencia del viaje, pero el punto de partida y el punto de retorno nunca permanecen exactamente iguales.

Una de las más importantes investigadoras portuguesas en Literatura de Viaje y de Viaje en la Literatura, Maria Alzira Seixo, acentúa el movimiento como el corazón del viaje, el impulso y la continuidad que lo hace existir después del impulso (ímpetu) inicial que  arranca el  cuerpo al estado de inercia. Por otro lado, el viaje no es sólo movimiento sino también, a veces, el acto acabado y concluso de viajar (y, en efecto, la mayoría de los relatos de viaje describe los trayectos en textos escritos  ya después de su realización) y eso porque el discurso literario requiere un movimiento de escritura que no se contempla con el movimiento iterativo del trayecto, pero que le es en todo caso homólogo.

Viajar significa también parar en algún lado, detenerse en la vía, suspender el camino ( para una mirada, un diálogo, una escritura, paradas).

El viaje literario contemporáneo en la mayoría de los casos es un trayecto interior de un espacio exterior secundario.

Esta autora menciona también dos conceptos esenciales para el viaje que son el tiempo y el espacio; se lucha contra el discurrir del tiempo (esa pérdida) en detrimento del discurrir del espacio (ese lucro, ese progreso, esa llegada). Como si espacio y tiempo en la duración temporal que el viaje ocupa tuviese direcciones diametralmente opuestas: Se avanza en espacio, se pierde en tiempo, se enriquece en espacio, se empobrece en tiempo.

La tendencia para el mito y la evasión siempre ha existido entre los hombres, siempre se quiso alcanzar la felicidad, porque la vida cotidiana es muchas veces monótona, por su fragilidad, por la enfermedad y porque las fronteras del tiempo y del espacio convergen en la muerte, porque la existencia es muchas veces sentida como insoportable, entonces nace el deseo compensador de  vivir feliz más allá de este mundo limitado.

El acceso a la felicidad imaginaria se realiza a través del viaje y como siempre, los paraísos están lejos. El viaje se hace a las montañas inaccesibles, islas, luna, sol e otros astros (que son otras tantas islas perdidas en el universo), o entonces a lugares distantes protegidos, a donde se entra a través de extraños pozos, grutas o madrigueras.

Tan natural es la ligación de lo maravilloso con el viaje que le da acceso, que también el viaje real acaba por ser descrito en términos de ficción. Pero todavía respetando una diferencia fundamental: en la narrativa del viaje real, la estructura se apoya en la verdad o en la verosimilitud, siendo los elementos imaginarios meros adornos; en la narrativa del viaje imaginario, es a lo real a quien corresponde el papel de ornamento.

Como los viajes imaginarios son paralelos a los viajes reales, las narraciones, descripciones, itinerarios, transportes y hasta mismo el lenguaje son semejantes.

 

 

El viaje en El Principito

 Cuando hablamos del viaje en El Principito recordamos una afirmación hecha por A.Malraux en la que él considera que la civilización no es de modo alguno social, sino psicológico y que solamente existe una que sea verdadera: la de los sentimientos. En efecto, podemos encontrar en El Principito una reflexión que en sí mismo refleja eso: “Mais les yeux sont aveugles. Il faut chercher avec le cœur” [4] (Principito, p.85). El viaje literario contemporáneo, como se ha dicho ya, en la mayoría de los casos es un trayecto interior de un espacio exterior secundario. Verificamos que el autor a lo largo de la obra pone en marcha un camino iniciático de saberes fundamentados en su experiencia como piloto.

Así como lanzó aerolíneas sobre el desierto para transportar los mensajes de los hombres, Saint-Exupéry lanza en su obra estructuras esenciales para ayudar a la travesía de un desierto tanto interior “On ne voit rien. On n’entend rien”.  [5]   (Principito, p.82), como exterior “…. à mille milles de toutes les régions habitées!” [6]  (Principito, p.86), “Où sont les hommes ” [7] (Principito, p.64). Enseñanza iniciática de un despertar sobre la condición humana, en este viaje hay una identificación de la persona y del local: el viajero cuando encuentra un espacio nuevo se descubre a él mismo. El lejano deja de ser una exterioridad que someter, descubrir o soñar para volverse en uno de los caminos hacia un objetivo: alcanzar lo insondable de la vida, una dimensión de la realidad incitando al espíritu a profundizar su propio misterio.

Los primeros capítulos exploran de forma satírica, el mundo de los adultos que han perdido la mirada de la inocencia. El principito deja su planeta para superar su soledad  en búsqueda de amistad. Hace un viaje a lo largo de seis planetas, hasta llegar al planeta Tierra. En el primer planeta que visitó en busca del conocimiento, habitaba un rey, que luego, lo ha considerado su súbdito. Pues el principito aún no sabía  que, para los reyes el mundo era muy simple: todos los hombres eran sus súbditos. Tampoco sabia que no solamente era un monarca absoluto, sino un monarca universal.

El segundo planeta estaba habitado por un vanidoso, y aquí el principito fue recibido como si de un admirador se tratara. «Car, pour les vaniteux, les autres hommes sont des admirateurs.» [8] (El Principito, p.46). El principito aprendió una nueva palabra - «admirar» - y eso ha sido cuando el vanidoso le ha preguntado si él lo admiraba. Este hombre no oía más que las alabanzas, dejando al principito un poco decepcionado con los hombres y se fue diciendo para sí mismo, que en realidad las personas mayores eran decididamente muy extrañas.

El planeta siguiente estaba habitado por un bebedor, esta visita fue muy corta. Después de haber conversado con el bebedor, lo cual estaba rodeado de botellas vacías y llenas, el principito le preguntó por qué bebía, a lo que el bebedor le ha respondido, «Pour oublier,...» [9] (El Principito, p.48). El diálogo fue tan absurdo que el principito decidió partir de nuevo para otro planeta.

A cada parada, el principito aprendía algo nuevo que iba añadiendo como si fuera un puzzle, en el cual añadimos poco a poco las piezas que faltan, hasta completarlo y obtener la totalidad. 

A lo largo de su camino, irá a parar en el cuarto planeta, donde vivía un hombre de negocios. Este hombre pasaba su tiempo contando las estrellas, haciendo cuentas y  recontándolas. El principito volvió a hacer la misma pregunta: ¿por qué? (típica pregunta de un niño que necesita de una respuesta, para todo lo que le es desconocido) obteniendo la respuesta de que si él contaba las estrellas era porque había sido el primero en haberlo pensado. Para el hombre de negocios, cuando se es el primero en encontrar algo, eso pasa a pertenecerle. Este raciocinio no era muy lógico para el principito, no tenía mucho sentido porque para él, solamente cuando es útil puedes poseer algo: «C’est utile à mes volcans, et c’est utile à ma fleur, que je les possède. Mais tu n’es pas utile aux étoiles… » [10] (El Principito, p. 53). Hay un problema de posesión y de soberanía que más tarde va a aparecer en su encuentro con el zorro, ese animal que le enseñará el valor de la amistad, lo de «crear lazos», lo de «domesticar», el silencio que tiene más valor que mil palabras, lo de tener paciencia, una cualidad que hoy en día los seres humanos  van olvidando y un aspecto muy didáctico, los ritos, necesarios para descubrir la Felicidad.

El principito deja el planeta del hombre de negocios y llega al quinto planeta, un planeta muy extraño y también el más pequeño de todos. Sólo había espacio para alojar un farol y a un farolero. Para el principito fue este el menos absurdo de los planetas ya  visitados. El farolero tenía una ocupación muy linda y útil, cuando encendía el farol era como si hiciera nacer las cosas y cuando apagaba el farol las ponía a dormir. Éste sería el único de quien podría haberse hecho amigo, era el único que no  le parecía ridículo.

En el sexto planeta, penúltimo antes de llegar a la Tierra, vivía un geógrafo anciano. Después de haberle explicado en qué consistía su trabajo, el geógrafo pidió al principito para describirle su planeta. Fue cuando el niño mencionó su flor. El geógrafo le ha dicho que no se anotaban las flores pues ellas eran efímeras. La revelación del significado de esta nueva palabra, ha  sido para el principito una toma de conciencia: que las cosas son efímeras, incluso su rosa. Tenemos aquí el primer momento de nostalgia y de tristeza, así como la conciencia de que también su cuerpo es efímero. Siguiendo el consejo del geógrafo parte para el planeta Tierra, pensando en su flor.

Saint-Exupéry ha venido ayudando a los lectores a conocer mejor el mundo en que vivimos, a través del viaje del principito y de las paradas hechas  a lo largo de su trayecto.

En este libro encontramos reflexiones de cada una de las imágenes arquetipos que sostienen la trama de este relato: el desierto, el cordero, el pozo, la serpiente, el zorro, la rosa, los volcanes, el farolero... ¡e incluso los baobabs! (árboles del planeta del principito). Una de las salidas para alcanzar la felicidad será el descubrimiento en el desierto de un guía; el principito para el piloto, el zorro para el principito, donde serán transmitidos conocimientos para ayudar a la humanidad a alcanzar este grande arte:  saber ser feliz.

El viaje del principito a lo largo de los seis planetas que  atravesó hasta llegar al planeta Tierra, así como de los diferentes contactos que tuvo no solamente con las gentes sino también con el espacio donde estaban insertas, le ha dado una realidad distinta, un espacio de aprendizaje para el conocimiento. El principito descubre de la importancia de las cosas para allá do que es visible, “on ne voit bien qu’avec le cœur. L’essentiel est invisible pour les yeux” [11] (El Principito, p.76), “Ce que je vois là n’est qu’une écorce. Le plus important est invisible…” [12] (El Principito, p.82) La enseñanza de la vida es transmitida a través de toda una simbología que imprime esta dinámica del mensaje contenida en cada una de ellas, de la realización de un viaje en busca de la felicidad, lo de descubrir mundos nuevos y desconocidos, el riesgo del viaje, la incertidumbre del regreso, los cambios tanto interiores como exteriores del principito así como, de los planetas visitados y, a otro nivel de los lectores. Hay un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad, para despertar de letargo en que vivimos y apreciar las pequeñas cosas de la vida. Precisamente la diferencia está en esas pequeñas e insignificantes cosas. Lo que nos distingue a unos de los otros, es un canto a la Fe de los hombres y de toda la Humanidad, que sin embargo continúa muy actual y profética en su forma única de mensaje. Lo que es importante en la humanidad, valores como la amistad, crear lazos, reglas a respetar para que el hombre pueda ahora en su marcha buscar la serenidad, la plenitud y el bien-estar.

 

 

El Viaje en Alicia

 

 

 

El viaje en Alicia empieza con el deseo de evadirse del aburrimiento de su vida cotidiana y la curiosidad suscitada por un elemento fuera de lo común – el conejo blanco [13] . Movida, entonces, por esa curiosidad, y sin pensar en las consecuencias, Alicia sigue al conejo blanco en su mundo fantástico. Ahí, en Wonderland, en cada parada en su camino aparentemente deambulante y sin rumbo, Alicia es confrontada con la destrucción de la aparente calma, orden y coherencia del mundo. Como ya se ha dicho, todas las convenciones, incluso las que más consideramos garantizadas, como la constancia de la forma o la linealidad del espacio y del tiempo son casi cruelmente aniquiladas.

Alicia representa, ante todo, una visión al mismo tiempo cómica y terrible del mundo caótico por debajo de la construcción humana del pensamiento y convención occidental.  Es la comedia de la condición absurda del humano en un mundo aparentemente sin significado.

Alicia busca desde casi el inicio de su viaje un bonito jardín (¿el Jardín del Edén?) que entrevé por una puerta pero que sólo después de una gran caminata suele alcanzar. Cuando llega a ese jardín se da cuenta de que al final lo que encontró fue un jardín de rosas pintadas, un lugar caótico gobernado por una furiosa y injusta reina. La toma de conciencia por parte de Alicia de que no hay orden posible en el sub-mundo de Wonderland marca su rechazo de ese mundo. En una actitud de defensa, prefiere volver a su propio mundo de ilusiones, insano, de lógicas y convenciones arbitrarias, artificial, pero el único en el que sabe y puede vivir.

En su viaje por el insano mundo de las convenciones humanas, Alicia busca un significado, un orden superior. Y si es cierto que no logra encontrarlo, y que, por lo tanto, esta búsqueda no tiene éxito, y si también es cierto que Alicia concientemente no aprende nada (cuando despierta continúa su vida como si nada tuviera ocurrido) también es cierto que sobrevive a la aventura.

El hecho de que en el viaje perpetrado por Alicia, aunque en sueños, el punto de partida y el punto de llegada parecen ser absolutamente idénticos es paradójico.   Ni su hogar cambia durante su ausencia ni su experiencia la hace sentirlo de forma distinta. Alicia despierta de su sueño y corre despreocupada para tomar su té sin parecer en el mínimo consternada o traumatizada por su estancia en el caótico y agresivo Wonderland.  Tal vez la sublimación sea el único camino  para sobrepasar la conciencia de las limitaciones humanas. El viaje de Alicia por Wonderland constituye un ritual de iniciación y su búsqueda por una experiencia de razón la trae de vuelta al único mundo posible, donde sólo lo irracional le puede servir de salvaguardia de su salud.

 

 

 

Lo    antástico

 

 

Toda vez que se trata, a una primera lectura, de dos relatos fantásticos hubo la necesidad de afinar el concepto de fantástico y de literatura fantástica.

Un autor imprescindible en el estudio del fantástico es Tzevetan Todorov que plantea en su obra “Introducción a la Literatura Fantástica” un concepto interesante de fantástico: para Todorov sólo existe lo fantástico mientras exista una duda. En un mundo normal, simulacro del real, sucede algo que no se encuadra en las leyes naturales de nuestro mundo, que desafía nuestra lógica. Hay un momento de duda a partir del cual se puede seguir para una explicación racional del hecho (y no fue entonces más que algo de extraño) o pasaremos a aceptar que se trata de un hecho sobrenatural y pasamos al dominio de lo maravilloso (Märchen, cuentos de hadas, etc.) Según Todorov, hay obras que tienen el poder de mantener esta duda hasta el final de la obra e incluso continuar ambigua después del fin [14] . En otras el fantástico es sólo periódico. Para una mejor delimitación de lo fantástico se hace, entonces, importante entender los conceptos de maravilloso y de extraño.

El factor básico de distinción entre lo fantástico, lo maravilloso y lo extraño resulta, al final, de los distintos modos en que la narrativa de cada género encara la hipótesis de coexistencia de las manifestaciones “sobrenaturales” con la naturaleza conocida.

En el caso de lo maravilloso se trata de un mundo totalmente arbitrario e imposible. Las historias contadas están frecuentemente plagadas de personajes y ocurrencias en franca contradicción con las leyes de la naturaleza, pero nunca se discute la probabilidad de su existencia objetiva. No se verifica la tentativa de hacer pasar por reales los acontecimientos insólitos o el mundo más o menos alucinado donde tienen lugar. Los elementos sobrenaturales no provocan cualquier reacción especial en los personajes o en el lector  implícito.

Por otro lado, las ocurrencias extranaturales que tienen lugar en lo extraño son siempre explicadas racionalmente durante la narrativa. Los textos de este género hacen usualmente surgir la hipótesis de que determinados acontecimientos o personajes tienen origen y carácter ajeno a las leyes naturales. Sin embargo, a una determinada altura, tal conjetura es completamente destruida y se esclarece de forma lógica todos los aspectos que podrían levantar dudas respecto a la completa integración de esos fenómenos en el mundo familiar de lo cotidiano.

La esencia de lo fantástico consiste en su capacidad de expresar lo sobrenatural de una forma convincente y de mantener una constante y nunca resuelta dialéctica entre él y el mundo natural donde surge, sin que el texto alguna vez explicite si acepta o excluye enteramente la existencia de cualquiera de ellos. La narrativa fantástica mantiene una serie de elementos contradictorios de la más diversa, índole como: “real” / imaginario; racional / irracional; verosímil / inverosímil; transparencia / ocultación. (Furtado, 1980, p. 56)

Para Todorov lo fantástico puede aún ser “amenazado” por una lectura poética o por una lectura alegórica del texto. Dejemos la lectura poética, pues el concepto de alegoría nos será útil un poco más adelante.

Alegoría [15] es una metáfora extendida, continuada. El uso de una metáfora aislada denuncia solamente una forma figurada de expresarse, pero si es seguida, consistente, entonces ya revela la intención de hablar de algo que no es el primer objeto del enunciado. Lo alegórico implica la existencia de, por lo menos, dos sentidos para las mismas palabras y ese doble sentido es indicado en la obra de forma explícita.  En la alegoría el contenido literal de una obra representa ideas abstractas, sugiriendo un sentido paralelo, simbólico, más profundo. Es muchas veces utilizada para transmitir un mensaje o una lección.  Todorov (Todorov, 1970, p. 61) refiere el derecho del lector a no compartir el sentido alegórico inculcado por el autor y de leer el texto descubriendo en él otro sentido.

Otro autor, William Witte, en un artículo en Phantasie und Phantastik im Literarischen Werk desarrolla una teoría curiosa usando como fundamento la comparación entre la palabra Phantasie (fantasía) y la palabra Einbildungskraft (imaginación) en distintas lenguas europeas. En inglés fancy define un proceso de asociación en el que el espíritu humano manipula y reordena lo real. Imagination, por otro lado, está conectado a la capacidad creadora del hombre.

Jacqueline Held (Held, 1987, p.) afirma que ”pertenecerá a la literatura fantástica aquella obra en la que la temática, la situación, la atmósfera, el lenguaje mismo, o todo esto, nos introduzcan en un mundo distinto del de la percepción común; diferente, extranjero, extraño.” Claro que el extraño, el improbable y el inesperado depende de lo que consideremos probable, verosímil. Por lo tanto, lo que es fantástico para una persona no será para otra, lo que es fantástico hoy podrá no serlo mañana (algunas de las ideas de Julio Verne, como la ida a la Luna o la utilización de un submarino, eran fantástica a la época pero son una realidad en nuestros días). Otras cosas que no eran fantásticas, por ejemplo, en la Edad Media, podrán ahora parecernos bizarras y insólitas, fantásticas. Las Nursery Rhymes glosadas en Alicia por Lewis Carroll tenían un referente para los lectores de la época. Para un lector de hoy ya pueden ser leídas como algo de insólito y fantástico.

Otro autor, Eric Rabkin [16] , define lo fantástico en la literatura en términos del asombro provocado por la inversión de las reglas básicas de la estructura narrativa:

“The fantastic is a quality of astonishment that we feel when the ground rules of a narrative structure are suddenly made to turn 180 degrees. We recognise this reversal in the reaction of characters, the statements of narrator, and the implications of structure playing on and against our whole experience as people and readers”

 

Esta definición está muy cerca de lo fantástico en Alicia,  que será analizado más adelante.

 

 

 

 

 

 

Lo fantástico en El Principito

El universo de El Principito es fantástico en la medida en que nos remite al imaginario de los niños: un mundo de animales que hablan, príncipes, reyes y viajes a planetas lejanos. Todos estos motivos son recurrentes en los cuentos de hadas, fábulas o ciencia ficción para niños. Desde esta perspectiva, se podría decir que El Principito es un relato fantástico. Sin embargo, los elementos fantásticos en esta obra tienen una función muy especial: son parte de una visión alegórica del mundo y de nuestro “viaje” por él, desde el nacimiento hasta la muerte. Esta lectura alegórica elimina por sí misma lo fantástico en cuanto duda entre lo real y lo sobrenatural.

  En seguida vamos profundizar en el modo en que se desarrolla la alegoría en la obra.

Todo empieza como si de una historia real se tratara, el relato de un hecho pasado en su infancia cuando tenía seis años de edad. El desarrollo del relato parece normal, trivial en el cotidiano de un niño, que vive e interpreta el mundo de acuerdo con su universo. Todavía esta historia será interrumpida con la acción a desarrollar en un espacio / tiempo diferente del inicio, que corresponde a su accidente en el desierto, seis años atrás. Aparece entonces la introducción de un nuevo personaje, de un elemento imprevisto en el paisaje, la figura algo insólita, extraña, irreal mismo, aparecida en medio del desierto no se sabe de donde. En el libro es coadyuvado por las ilustraciones del escritor, afín de conseguir transmitir al lector una percepción más real de aquello que ha sido visto por el narrador. El escritor intenta por este medio producir el efecto de extrañeza, de perplejidad ante algo tan inesperado, el aparecimiento de una figura irreal, un pequeño príncipe vestido con unos trajes incomunes para el lugar, de cabello rubio, ¿creación de nuestra imaginación? ¿Sueño o realidad?

El narrador se queda perplejo ante la misteriosa aparición de tal personaje que en nada se parece a la imagen de alguien por él ya conocido, así como ante el pedido absurdo hecho por el principito, de  que le dibujara un cordero. Esto nos remite a la paradoja de la creación en general y del fantástico en particular, dar vida a lo que no es visible, ni siquiera existiera. Finalmente es acepto el dibujo de una caja, supuestamente conteniendo un cordero. La imaginación es instrumento de la creación tanto como de la experiencia interior, es el motor de lo real, real ése que nos llega ya penetrado por los sueños.

A lo largo de su viaje a través los seis planetas hasta llegar al planeta Tierra, el principito fue descubriendo mundos distintos del suyo, lo que le ha permitido hacer un aprendizaje y un descubrimiento del mundo de las personas mayores, aquellos que han perdido la mirada de la inocencia, característica de los niños. Se utiliza la ironía para el absurdo del mundo de los adultos en escenas humorísticas, llenas de encanto.

El Principito es una historia a dos niveles, una invitación a los adultos para volver a la niñez y a los niños para quedarse en ella. En los primeros capítulos se utiliza un tono humorístico, parodiando el mundo de las grandes personas, yuxtaponiendo y contraponiendo la mirada de los niños con la de los adultos de forma que se  ridiculiza la superficialidad de las «verdades» aceptadas por el mundo de los adultos. Utiliza la voz inocente del principito para penetrar en el mundo material a fin de revelar el espíritu de las cosas. La historia es más una sátira  que un cuento de  hadas, y su humor irónico es mejor apreciado por los adultos. La historia desarrolla de forma instintiva más  que a través de un método consciente. Es una alegoría satírica cuando examina y observa los comportamientos de los adultos en los primeros capítulos pero podremos clasificarla de una historia llena de misterio que deja perplejos tanto a los adultos como a los niños. Un misterio que se apoya más en la sugerencia que en las respuestas que providencia. Sus libros son al mismo tiempo historias de aventuras, odiseas y peregrinaciones. (Higgins, 1996, pag 42)

En El Principito tenemos un mundo lleno de símbolos muchas veces ambiguos, otras veces enigmáticos así como la vida en sí misma en que lo simbólico no nos es totalmente revelado o explicado. Los símbolos en el principito están estrechamente conectados con la vida del autor, con sus experiencias trasladadas a su libro, en que la realidad material de los objetos ordinarios se conectan unos con  otros, adquiriendo un sentido, un significado del mundo más allá del sentido material y pasando a lo que no se ve, sino que se percibe, que se vive, lo que da un sentido a la vida terrena, a la comprensión de los hombres. Su existencia, de dónde vienen, a dónde están y hacia dónde van. Saint-Exupéry utiliza entonces las metáforas, método para explicar de una forma sencilla y didáctica este camino iniciático que todos los hombres hacen en su vida, en su existencia terrena, hasta que un día desaparecen. Empieza por el desierto, la soledad del desierto no es una amenaza, simplemente es distinta. Hay una aproximación a la naturaleza que le da acceso a compartir más con ella. La aproximación se hace con el corazón y con el alma en detrimento de lo racional, de lo que es visible. El paisaje del desierto, región inhóspita, alejada de toda la civilización lo conduce a una mayor interioridad, al descubrimiento del secreto de todo: que la belleza es algo invisible.

El poder simbólico del agua en El Principito tiene una doble función: la primera,  matar la sed al piloto, una necesidad fisiológica y la  segunda, espiritual, la del principito. La conexión metafórica entre la sed por el agua y la sed por la amistad es el hilo conductor, la clave de toda la trama. La búsqueda de la amistad, de la fraternidad que encontraremos a lo largo de la obra, se materializa a través de los más distintos símbolos.

La serpiente es un elemento catalizador que encierra en sí dos tiempos, el primero que corresponde a la llegada del principito al planeta Tierra y el segundo a su partida. La esencia de la vida se realiza aquí:  todo lo que vive, muere. La historia tiene un movimiento circular, regresa al punto de partida, el regreso es inevitable. Hay una ambivalencia de sentimientos, al mismo tiempo de deseo y de temor, motor de toda la acción. Saint-Exupéry consigue a través de  su historia, lo que los padres y profesores vienen a intentar hace generaciones, lo de explicar la muerte a los niños. La muerte es  un misterio que forma parte de la existencia humana, es lo desconocido que nos atemoriza.

Los baobabs son árboles de gran porte, nativos del continente africano, que serán utilizados para demostrar la relatividad de las cosas. Lo que aquí en el planeta tierra no es una amenaza, incluso tiene propiedades importantes para el hombre, como por ejemplo para fines medicinales, en el asteroide B-612, el planeta del principito, sería un desastre completo.

Una vez más, referiéndose a las estrellas, Saint-Exupéry utiliza la simbología para transmitir la importancia de la singularidad, no importa el tamaño o su aspecto insignificante, lo que importa es ser amado. Eso es lo más importante de todo. Sin amor nada tiene significado. En el ultimo párrafo de la historia, el piloto se dirige aquellos que como él poseen la mirada de los niños y su comprensión sobre las cosas, como ya sabemos, los adultos perderán en algún lugar esa capacidad. El narrador invita a mirar el cielo y a preguntarse sí el cordero ha comido o no la rosa. Los lectores dejan de ser observadores para pasar a participantes.

El zorro es el animal elegido por Saint-Exupéry para enseñar al principito que lo más importante de todo es «domesticar», crear lazos. «Mais, si tu m’apprivoises, nous aurons besoin l’un de l’autre. Tu seras pour moi unique au monde. Je serai pour toi unique au monde…» [17] (El Principito, p. 72)

Después de haber caminado por el desierto surge un jardín florido de rosas, lo que deja al principito estupefacto y desdichado, pues él pensaba que su rosa era la única de su especie cuando en aquel lugar había un jardín lleno de ellas. Aún no había encontrado al zorro ni había descubierto uno de los mayores secretos, que era  «crear lazos». Eso lo cambiaría todo, y daría un significado distinto, en contraste con los adultos que dan valor solamente a las cosas, según sus propios deseos y necesidades. La metáfora es más fuerte debido sobretodo a la aridez del desierto. La fuerza simbólica tiene más impacto cuando sabemos que la gente antigua del desierto siempre ha considerado el jardín como una  cosa muy espiritual. James E. Higgins, en su libro The Little Prince ; A Reverie of Substance (p.62) menciona una cita de Voltaire, en su obra Candide, una historia que se asemeja al Principito en muchos aspectos: «Tis well said, replied Candide, but we must cultivate our gardens.»

La rosa es la metáfora en su forma más anímica. Según James Higgins (Higgins, 1996, p. 62) la rosa simboliza para Saint-Exupéry a todos los que ama: a su madre, a su hermana, a su amigo Léon Werth, a una pequeña niña en una quinta francesa, a todos los que se encuentran al otro lado del atlántico. En 1941, todos los que le son queridos viven en una Francia ocupada por los Nazis y él, a recuperar de un accidente, sufre con esa separación.  Verificamos que St. Exupéry nos habla de forma muy contundente y actual utilizando la simbología de la naturaleza. Como ha dicho James E. Higgins en The Little Prince; A Reverie of Substance, supera el tiempo político e histórico. Tiene todas las marcas de una buena historia. (Higgins,1996, pag. 64).

El viaje del principito es la búsqueda del significado del amor. Es un viaje espiritual lleno de misterio, viene más del corazón que de la cabeza, y son los corazones de los lectores a los que espera alcanzar.

 

 

 

 

            

 

Lo fantástico en Alicia

 

El relato empieza en una tarde de Verano con la pequeña Alicia sentada a la orilla del río, aburrida de no hacer nada. Por ahí pasa un conejo blanco que exclama: “Oh dear” Oh dear! I shall be too late”. El hecho de oír a un conejo hablar no le pareció a Alicia muy extraño. Sólo cuando vio al conejo mirar las horas se dio cuenta de que nunca había visto a un conejo con chaleco y aún menos con un reloj de bolsillo. Ardiendo de curiosidad, se puso a correr en pos del conejo y saltó por una madriguera, sin ni siquiera pensar cómo iba a salir después. Si el conejo blanco ya es un elemento fantástico, a partir de aquí todo es totalmente extraño. La madriguera se transforma en un túnel. El túnel le parece interminable. Alicia cae y sigue cayendo y cayendo. Las leyes de la gravedad son suspendidas. Haciendo unos cálculos muy graciosos, Alicia concluye que, por el tiempo que llevó la caída, debería estar en el otro lado de la tierra, en los antipathies (¡antipáticos!) donde todos andan sobre la cabeza. Y, en efecto, el mundo en él que Alicia ingresa, Wonderland, el País de las Maravillas, es un mundo al revés, un mundo de “patas arriba”, donde nada es lo que parece y nada parece lo que es.

El motivo del mundo al revés y de los antípodas era, como ya se ha dicho y según Ronald Reichertz (Reicherzt, 2000, p. 46), potencialmente familiar a sus lectores de finales del siglo XIX, lo que le permitió importar una serie de convenciones literarias, incluyendo la bases para la comparación y el contraste satíricos entre Wonderland y el mundo “real” (en la línea, por ejemplo de Houyhnhnm Land de Gulliver’s Travels de Jonathan Swift), a través de la creación de una doble visión, de la conciencia de dos mundos.

La curiosa naturaleza dual del mundo al revés deja de atraer a Alicia y empieza a cumplir la profecía de que los antípodas son “antipáticos”. Alicia experimenta sentimientos contrapuestos, la tensión entre fascinación y preocupación y, en el fin de la fantasía, esta oposición se intensifica en la aversión que le hace rechazar Wonderland.

Wonderland súrge como un mundo secundario, con reglas completamente distintas a las de este mundo primario que habitamos. Este concepto de mundo secundario ha sido definido por J. R. R. Tolkien [18] :

 

What really happens is that the story-maker proves a successful “sub-creator”. He makes a Secondary World which your mind can enter. Inside it, what he relates is “true”: it accords with the laws of that world. You therefore believe it, while you are, as it were, inside. The moment the disbelief arises, the spell is broken; the magic, or rather art, has failed. You are then out in the Primary World again, looking at the little abortive Secondary World from outside.

 

Ese mundo creado esta habitado por un cortejo de personajes fantásticos: animales y flores que hablan; cartas de jugar; un gato que desaparece dejando visible sólo su sonrisa; una Tortuga Artificial (un animal creado combinando dos partes de otros animales – tortuga y ternera – aludiendo a una receta de sopa, mock turtle soup, una imitación de sopa de tortuga hecha con ternera); un animal mítico – el Grifo – un monstruo con la cabeza y las alas de un águila y la parte inferior de un león; una gran oruga azul, “fumando un narguile”; un niño que se transforma en un cerdo, etc.

Un buen ejemplo de fantástico en Alicia (aunque toda la obra lo sea) es el juego de croquet:

 

Alice thought she had never seen such a curious croquet-ground in her life: it was all ridges and furrows: the croquet balls were live hedgehogs, and the mallets live flamingoes, and the soldiers hat to double themselves up and stand on their hands and feet, to make the arches. (…)

The players all played at once, without waiting for turns, quarrelling all the while, and fighting for the hedgehogs; and in the very short time the Queen was in a furious passion, and went stamping about, and shouting “Off with his head!” or “Off with her head” about once a minute. [19] (Alicia, p. 88-89)

 

Alicia no puede saber las reglas del juego (o de Wonderland) por mucho que intente porque las reglas son completamente inconstantes y arbitrarias. Los personajes que encuentra a lo largo de la historia siguen un código de conducta muy propio de su mundo y completamente extraño a Alicia.

En Wonderland, Alicia encuentra la total destrucción de nuestra visión aparentemente lógica, ordenada y coherente del mundo. Prácticamente todos los padrones (excepto la consistencia del caos) son aniquilados: la matemática y la lógica; las convenciones lingüísticas, mismo el espacio y el tiempo – todo pierde su validad.

A pesar de la aparente suspensión de la lógica, algunas escenas de la obra, utilizando el propio absurdo, ilustran principios básicos de la lógica. [20] Un ejemplo célebre del principio de que ni todas las manzanas son rojas ni todo lo que es rojo es manzana (lo que en lógica se llamaría la non convertibilidad de las proporciones universales) es  la merienda de locos:

 

“Do you mean that you think you can find out the answer to it?”

“Exactly so”, said Alice.

“Then you should say what you mean” the March Hare went on.

“I do”, Alice hastily replied; “at least I mean what I say – that’s the same thing you know.”

“Not the same thing a bit!” said the Hatter. “Why, you might just as well say that «I see what I eat» is the same thing as «I eat what I see»!”

“You might just as well say” added the March Hare, that »I like what I get» is the same thing as «I get what I like»!”

“You might just as well say”, added the Dormouse, which seemed to be talking in its sleep, “that «I breathe when I sleep» is the same thing as «I sleep when I breathe»!” [21] (Alicia, p.

 

En la escena de la merienda se trata también el tiempo y su suspensión:

 

Alice sighed wearily. “I think you might do something better with the time”, she said, “than wasting it in asking riddles that have no answers.”

“If you knew Time as well as I do”, said the Hatter, “you wouldn’t talk about wasting it. It’s him.”

(…)

“Well, I’d hardly finished the first verse” said the Hatter, “when the Queen bawled out ‘He’s murdering the time! Off with his head’ “

“How dreadfully savage!” exclaimed Alice.

“And ever since that”, the Hatter went on in a mournful tone, “he wo’n’t do a thing I ask! It’s always six o’clock now,” [22] (Alicia, pp. 75-77)

 

El tiempo cronológico está suspenso en Wonderland, sólo subsiste el tiempo psicológico.

Para entender lo fantástico en Alicia hay que  tener en cuenta otro concepto, el de nonsense, palabra inglesa que significa “sin sentido” y que se refiere a un fenómeno de la Literatura Inglesa, los nonsense verses, surgido a partir de la mitad del siglo XIX. El concepto designa versos que, desde la perspectiva de la lógica o del contenido, no tienen sentido. Juegan con paradojas, palabras polisémicas, palabras homófonas, etc. Surgen frecuentemente en los versos para niños, los nursery rhymes, pero el concepto, como fenómeno literario, surgió con Book of Nonsense (1846) de Edward Lear. Los libros de Alicia son también considerados grandes ejemplos del nonsense inglés.

Susan Stewart, en Nonsense, Aspects of Intertextuality in Folklore and Literature define el nonsense como contrapunto del common sense. El common sense es el modo en que organizamos el mundo, el modelo de orden, integridad y coherencia, en tanto que el nonsense es una actividad en la que desorganizamos y volvemos a organizar el mundo. En otras palabras, los conceptos definen actividades de clasificación en oposición a actividades de transformación. El principio del nonsense es el lenguaje tirado del contexto, girado hacia sí mismo, lenguaje como regresión infinita, lenguaje hecho hermético, opaco. [23]

 Stewart  describe las estrategias de creación del nonsense de las que, en seguida, destacamos algunas. El nonsense se crea por procesos de inversión. Es frecuente una violación sistemática de categorías y normas de comportamiento, o sea, la negación e inversión de esas categorías culturales que constituyen el common sense. También las clases son frecuentemente invertidas (lo humano y lo animal o lo humano y lo mecánico). Recurre incluso a la inversión de la metáfora: el metafórico es tomado literalmente.

El nonsense en Alicia es más obvio en los versos: resulta de una yuxtaposición de incongruencias, de una preservación de la forma en detrimento del contenido. El resultado final esta totalmente desprovisto de sentido. El poema de Isaac Watt “busy bee” se transforma en “the little crocodile”; el poema de James Sayles “beautiful star” pasa a “beautiful soup”. En estos ejemplos podemos verificar que la intertextualidad entre los textos es una forma de negación, de cancelación del sentido del texto original. Otro ejemplo es la parodia a los currículos escolares hecha en la triste historia de la tortuga falsa en que se invierte y anula el didactismo: el didactismo moral e informacional es transformado en nonsense a través de la utilización de palabras homófonas pero sin  sentido alguno dentro del nuevo contexto:

 

“I couldn’t afford to learn it”, said the Mock Turtle, with a sigh. “I only took the regular course”

“What was that?” inquired Alice.

“Reeling and Writhing, of course, to begin with”, the Mock Turtle replied; “and then the different branches of Arithmetic – Ambition, Distraction, Uglification, and Derision.” (…)

“Well, there was Mystery”, the Mock Turtle replied, countinf off the subjects on his flappers, - “Mystery, ancient and modern, with Seaography: then Drawling – the Drawling master was an old conger-eel, that used to come once a week: he taught us Drawling, Stretching and Fainting in Coils.” [24] (Alicia, p. 102)

 

Se está jugando con la semejanza entre estas palabras y reading, writing, addition, subtraction, multiplication, division, history, geography, drawing, sketching, y painting in oils, asignaturas de un currículo  escolar normal.

Para algunos de los críticos de Alicia todas las reglas para descifrar el nonsense en significado lógico y patrones de sentido van contra su propia naturaleza imprevisible, sin sentido, sin reglas y aleatoria. Sin embargo, pensamos, como Martín Gardner, el responsable por una de las mejores ediciones inglesas de Alicia [25] , que para mejor apreciar el refinado humor de Alicia hay que entender las relaciones del texto con los textos que constantemente parodia.

Por otro lado, tampoco compartimos la idea de que el nonsense en Alicia es una mera diversión y completamente inocuo. Ya referimos la definición de nonsense de Susan Stewart hecha en oposición a la de common sense, sentido común. La inversión del sentido común en algo sin sentido es una forma de cuestionarlo, de valorarlo. El hecho de cuestionar lo que parece incuestionable, lo que pertenece a ese dominio casi siempre intocable del sentido común, permite una perspectiva más distanciada, más crítica, una mirada desde fuera. En ese sentido, la mejor forma de obtener el distanciamiento necesario para una actitud crítica es el nonsense y el humor, la risa. Nos aproximamos aquí a la concepción de risa de Bergson [26] , que la define como una “anestesia momentánea del corazón”; se dirige a la inteligencia y su función es castigar las costumbres. También en Alicia el humor es utilizado como modo de desenmascarar las incongruencias de lo comúnmente aceptado.

 

La función de lo fantástico en Alicia

 

Para muchos críticos lo fantástico en Alicia tiene sólo una función lúdica – entretener a los niños, el público del libro según esos críticos, o para deleite de los lectores de cualquier edad. Lo fantástico será, entonces, utilizado para crear una atmósfera onírica. Nobile define la obra como “pura invención de la fantasía con la única intención de divertir” (Nobile, 1992, p. 122).

Sin querer subestimar la importancia de lo lúdico en Alicia pensamos, todavía, que lo fantástico sirve a otros propósitos, que no sólo al entretenimiento. El fantástico mundo del País de las Maravillas es caótico, insano, subversivo, liberador. Nos hemos acordado de un concepto de Bachtin – del Carnaval – que podrá ser útil para mejor entender lo fantástico en Alicia.

Michail Bachtin, en Literatur und Karneval (Bachtin, 1996), en lo que puede ser considerado un ataque al pensamiento monológico y su consecuencia – la animosidad frente a la risa, elabora un estudio de los elementos “carnavalescos” de la literatura europea, colocando especial énfasis en Rabelais y Dostojewskij. En este estudio, Bachtin divide la sociedad en una cultura seria y una cultura de risa. La primera está vinculada al estado, a la iglesia y a todo lo que está institucionalizado, mientras la cultura de la risa es una cultura del pueblo, que, en oposición a la represiva cultura seria, es siempre liberadora.

Según Bachtin, esa cultura de la risa, en la Edad Media aún se encontraba en la esfera de lo cotidiano, en todas las manifestaciones populares festivas, como el Carnaval (que en la época asumía proporciones excesivas) las ferias, mercados y días de fiesta. A partir del comienzo de la Edad Moderna fue desapareciendo progresivamente de esa esfera y apareciendo solamente en el dominio de la Literatura. La literatura adoptó, a  lo largo del tiempo, aunque inconscientemente, trazos de ese Carnaval medieval. A ese proceso llama Bachtin la “carnavalización”  de la Literatura.

 Este concepto será útil para entender el fenómeno de Alicia. No podrá olvidarse, todavía, que Literatur und Karnaval fue escrito en el contexto de un régimen totalitario y, que, como tal, Bachtin procura encontrar trazos de subversión contra el régimen, el poder represivo y serio. Para este autor la risa es algo de liberador, en el fondo, un acto subversivo. La risa es una victoria sobre los dominadores, los poderosos. Es una risa que se rebela contra lo socialmente aceptable y desenmascara las flaquezas de una sociedad que se niega a aceptar lo distinto, lo original y lo irracional. Sin embargo, la búsqueda incesante de la racionalidad que se vivió en el siglo XIX y la seriedad que caracterizó la época de la Reina Vitoria (especialmente en lo que se refiere a la infancia y educación) tiene también mucho de totalitario, represivo y monológico. Las erupciones de irracionalismo, en este caso de nonsense, pueden ser interpretadas como tentativa de rebelarse contra esa orden, procurada a cualquier precio. Es desde esa perspectiva desde la que vamos a “adoptar” el concepto de Carnaval de Bachtin.

Intentemos analizar un poco más de cerca la teoría de Bachtin para verificar hasta qué punto se puede hablar de Wonderland como un tiempo / espacio de Carnaval. Según Bachtin, el carácter universal de la risa es incuestionable: no se dirige a las partes, a los detalles, sino al todo. Este universalismo se manifiesta de una forma más nítida y consecuente en la tradición popular del Carnaval y en las parodias que le caracterizan. El período del Carnaval colocaba de forma periódica sin efecto el sistema oficial con todas sus prohibiciones y límites jerárquicos. El Carnaval se caracteriza por ser un espectáculo sin palco, donde no hay polarización de los participantes en actuantes y espectadores, todos son activos. No se asiste a un Carnaval, se vive.

El Carnaval es el mundo al revés. Las leyes, las prohibiciones y el orden de lo cotidiano son anulados durante ese período. Esto se aplica, principalmente, al orden jerárquico y todas las consecuentes formas de miedo, respecto o etiqueta. Los comportamientos, los gestos, las palabras se liberan y se vuelven excéntricos y absurdos desde el punto de vista de la lógica de la vida cotidiana. El Carnaval, no constituye, todavía, un pensamiento abstracto sobre la libertad y la igualdad, sino que su vivencia de una forma concreta y sensorial.

Una de las costumbres más características consiste en elegir a un rey y a una reina del Carnaval. El epicentro de la visión carnavalesca del  mundo se encuentra en la costumbre de, alternativamente, elevar y humillar los reyes del Carnaval: simboliza el Pathos del cambio y alternancia, de la muerte y renovación.

Otro de los elementos fundamentales e indisociables del Carnaval es la parodia. Parodiar es producir un doble profano, es criar un mundo al revés. Por ese motivo es ambivalente: la parodia no es la mera negación de lo que es parodiado. Todo puede ser parodiado, esto es, todo contiene su lado cómico, risible.

Wonderland contiene, en efecto, todas las características del “Carnaval” de Bachtin: el Rey y la Reina del Carnaval, un cortejo de personajes grotescos e insanos, la parodia, el mundo al revés, la suspensión de las reglas más básicas de la existencia.  Wonderland constituye un doble profano del mundo real donde sus flaquezas son  expuestas sin piedad.

La inversión total de las convenciones del mundo “real” acentúa precisamente cómo son profundamente arbitrarias y ridículas esas mismas convenciones. Wonderland simboliza así el mundo adulto y Alicia una niña que se debate con las incongruencias de ese mundo. Wonderland es gobernado por un Rey y una Reina que no pasan de cartas de una baraja. Las cartas tienen el valor que les convenimos dar, valor ése que depende  del juego que estemos jugando. Al fin de la historia, Alicia, en un gesto que se puede interpretar como un acto de rebeldía contra el autoritarismo de los adultos, grita «“Who cares for you?” said Alice (she had grown to her full size by this time). You´re nothing but a pack of cards!”» [27] (Alicia, p. 129) Con esta toma de conciencia despierta de su sueño y sigue tranquila con su vida de niña.

  

onclusión

 

 Como todos los trabajos de investigación, también éste transcurrió como un viaje. Y como casi todos los viajes, aun los más programados, hicimos paradas, desvíos e incluso nos topamos con algunos callejones sin salida. Sin embargo, todos estos imprevistos se revelaron muy productivos. Nuestra primera intención ha sido  analizar el topos del viaje en Alice in Wonderland y Le Petit Prince. A lo largo de las lecturas que hicimos otros puntos de comparación entre las dos obras nos fueron surgiendo como imprescindibles. Además del topos del viaje, nos pareció importante enfocar  otros dos aspectos – Alicia y El Principito como literatura infantil y como literatura fantástica.

En lo que concierne a la literatura infantil, el primer problema con el que nos hemos enfrentado ha sido con la propia definición del concepto. Los estudios en esta área son recientes y aún un tanto confusos y tampoco en la denominación se llegó a un consenso. La traducción del término inglés Children’s Literature para literatura infantil no nos parece correcta, ya  que el adjetivo “infantil” puede encerrar connotaciones negativas. El término literatura para niños nos parece más acertado. En cuanto a la  clasificación de las dos obras como  literatura para niños, constantemente encuadrada por la literatura secundaria,  hemos considerado incorrecta tal consideración

En el caso de El Principito hemos llegado a la conclusión de que más que un libro para niños que a los adultos les gusta leer, o que un libro para adultos apreciado por los niños, la obra es un texto ambivalente, perteneciente en simultáneo a los dos sistemas literarios: la literatura en general y la literatura para niños.

Respecto a Alicia, a pesar de  poder hablarse de literatura para niños en el caso de adaptaciones o de algunas traducciones adaptadas, el texto original no tiene las características de un libro para niños. El propio autor tendría conciencia de eso y publicó años más tarde una versión simplificada y adaptada al universo de los niños, donde la parodia, la sátira social, los juegos de palabras más complejos e incluso casi todo el nonsense están ausentes. Y es precisamente ese lado corrosivo e insano de Alicia el que la hace siempre apetecible para los públicos más diversos.

El motivo del viaje en Alicia no se reveló tan productivo como  habíamos presupuesto inicialmente. Se podrá decir que se trata de un viaje iniciático de una niña al caótico mundo de los adultos. Se podría aún decir que se trata de un viaje de Alicia al interior de sí misma. Pero la verdad es que en un viaje siempre existe el factor del aprendizaje y el sujeto que parte nunca vuelve al mismo lugar, ya sea porque el lugar ha cambiado entretanto, ya porque el propio sujeto que vuelve no es el mismo que ha partido. En Alicia no parece haber ningún cambio. O los cambios en el personaje se procesan a un nivel más allá de lo consciente, o el final del texto es profundamente irónico, indicando la incapacidad humana para afrontar sus propias inconsistencias.

El viaje en El Principito es un viaje iniciático en busca de la felicidad, del descubrimiento de mundo nuevos y desconocidos. Se trata de, en cada uno de ellos, descubrir algo sobre nosotros. Hay un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad, de despertar del marasmo en que nosotros vivimos y apreciar las pequeñas cosas de la vida, las pequeñas e insignificantes cosas. Es el riesgo del viaje y la incertidumbre del regreso lo que la hace única, como únicos son los momentos que la constituyen y que deben ser vividos y sentidos con toda la intensidad.

El último punto de comparación entre las dos obras que establecemos al inicio del trabajo ha sido Alicia y El Principito como literatura fantástica. Sin embargo, las lecturas teóricas que hicimos nos han revelado una percepción diferente de lo que es lo fantástico. Según Todorov y otros autores, una lectura alegórica del texto imposibilita completamente el fantástico. El Principito es, sin lugar a dudas, una alegoría del mundo y del “viaje” perpetrado por los hombres en su corto paso por él.

Si en El Principito la lectura alegórica elimina el fantástico, en Alicia su estudio encuentra un terreno muy fértil. Aunque algunos críticos hablen de Alicia como una alegoría a la sociedad victoriana, la utilización de lo fantástico va mucho más allá creando un tiempo /espacio de subversión, de aniquilación de las convenciones más enraizadas. Por otro lado, la creación de un fantástico mundo al revés nos hace tomar conciencia de que ese mundo no es más que el reflejo de nuestro propio mundo y que sus incongruencias no más que las nuestras.

Si al inicio las dos obras parecían tener tanto en común, un estudio más profundo de cada una de ellas nos ha llevado a bifurcaciones y nos ha conducido por caminos muy diferentes  donde no fue posible llegar a uno solo sino  a destinos distintos. El viaje sólo ha comenzado.

  

ibliografía

 Bibliografía Primaria

-                  Carrol, Lewis (Introduction and notes by Martin Gardner, original illustrations by John Tenniel) The Annotated Alice, The Definitive Edition, Alice’s Adventures in Wonderland and Through the Looking-Glass, London: Allen Lane, The Penguin Press, 2000.

           -    Carroll, Lewis (traducción y prólogo de Jaime de Ojeda) Alicia en el País de las Maravillas,   Madrid: Alianza Editorial, 1997.

  -                  Saint-Exupéry, Antoine de  Le Petit Prince (avec des aquarelles de l’auteur) Collection Folio, Paris: Éditions Gallimard, 1999.

  -                  Saint-Exupéry, Antoine de El Principito (traduzido por Bonifacio del Carril) Madrid : Alianza Editorial, 2000.

 Bibiografía Secundaria

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 -   Bachtin, Michail M.  Literatur und Karneval. Zur Romantheorie und Lachkultur (aus dem Russichen übersetzt und mit einem Nachwort versehen von Alexamder Kaempfe), Frankfurt am Main, 1996.

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  -                Cristovão, Fernando (coordenador)  Condicionantes culturais da Literatura de Viagem, estudos e bibliografias, Lisboa: Edições Cosmos, Centro de Literaturas de Expressão Portuguesa da Universidade de Lisboa, 1999.

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  -               Furtado, Filipe  A construção do fantástico na narrativa, Lisboa: Livros Horizonte, 1980.

  -               Haas, Gerhard (editor), Kinder- und Jugendliteratur: Handbuch, Stuttgart: Reclam, 1984.

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  -               Maier, Karl Ernst “Phantasie und Kinderliteratur” in Phantasie und Realität in der Jugendliteratur, Arbeitskreis für Jugendliteratur (editor), Bad Heilbrunn: Verlag Julius Klinkhardt, 1976.

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  -               Menninghaus, Winfried, In Praise of Nonsense, Kant and Bluebeard, Stanford California: Stanford University Press, 1999.

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  -               Mougeot, Robert Regor «Sur le chemin du Bonheur… avec le Petit Prince, Jonathan Goëland et tout les autres héros de contes » en L’ésotérisme du Petit Prince : http://perso.libertysurf.fr/.

-               Nobile, Angelo, Literatura infantil y juvenil, La infancia y sus libros en la civilización tecnológica, Madrid: Ediciones Morata, 1992.

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  -               Reichertz, Ronald  The making of the Alice Books, Lewis Carroll’s Uses of Earlier Children’s Literature, Montreal & Kingston: McGill-Queen’s University Press, 2000

  -               Rosel, Joel Franz “Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego” en Cuatrogatos, revista de literatura infantil, número 4, octubre-diciembre 2000 (http://www.cuatrogatos.org/ )

  -               Seixo, Maria Alzira e Graça Abreu (organização) Les récit de voyages, typologie, historicité, Lisboa: Edições Cosmos, 1998.

  -               Seixo, Maria Alzira  Poéticas da Viagem na Literatura, Lisboa: Edições Cosmos, 1998.

  -               Stewart, Susan   Nonsense, Aspects of Intertextuality in Folklore and Literature, Baltimore and London: The John Hopkins University Press, 1979.

  -               Todorov, Tzvetan (tradução de Maria Ondina Braga)  Introdução à Literatura fantástica, Lisboa: Moraes Editores, 1977.

  -               Witte, William “Phantasie und Phantastik im literarischen Werk” in Phantasie und Realität in der Jugendliteratur, Arbeitskreis für Jugendliteratur (editor), Bad Heilbrunn: Verlag Julius Klinkhardt, 1976.

 Algunos “sites” consultados en Internet sobre Alice’s Adventures in Wonderland:

 http://www.lewiscarroll.org/carroll.html

 http://www.student.kun.nl/l.derooy/

 http://landow.stg.brown.edu/victorian/carroll/carrollov.html

 http://magisx.addu.edu.ph/~rex/alice.htm

 Algunos “sites” consultados en Internet sobre “Le Petit Prince”:

 http://perso.libertysurf.fr/petitprince/

   http://www.saint-exupery.org/

 

 

 



[1] En el caso de Gulliver’s Travels, solo una  parte de la obra hay sido adaptada para niños: la estada del protagonista en Lilliput - es la idea de un mundo en miniatura que tanto fascina los niños. Todo el resto, (y Gulliver’s Travels es una obra tremendamente cáustica y impiedosa en la forma como critica la sociedad de su tiempo y la condición humana en general) es omitido, y ocurre el peligro que la obra sea olvidada por el público adulto que mucho ganaría en leerla.

[2] Nina Demurova  “Toward a Definition of Alice’s Genre: the Folktale and the Fairy Tale Connections” en Lewis Carroll: A Celebration (Editado por Eduard Gioliano), New York: Clarkson N. Potter, 1982, p. 86 apud Reichertz (Reichertz, 1997, p. 3)

[3] « Para vosotros, que también amáis al principito, como para mí, nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, sí o no, a una rosa...» (El Principito 2, p.111)

[4] “Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón”. (Principito 2, p. 97)

[5] “No se ve nada. No se oye nada” (Principito 2, p. 93)

[6] “…a mil millas de todas las regiones habitadas!” (Principito 2, p. 99)

[7] “Donde están los hombres” (Principito 2, p. 74)

[8] «Pues, para los vanidosos, los otros son admiradores.» (El Principito 2, p.51)

[9] «para olvidar» ( El Principito 2, p.54)

[10] “Es útil para mis volcanes y es útil para mi flor que yo los posea. Pero tú no eres útil a las estrellas...) (El Principito 2, p. 60)

[11] ”no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos” (Principito 2, p.88)

[12] “Lo que veo, aquí, es sólo una corteza. Lo más importante es invisible…” (Principito 2, p.

94)

[13] Curiosamente el motivo del conejo blanco fue retomado muy recientemente en la película Matrix, una alusión clara a Alicia. En esta película, la acción es situada en un mundo post-apocalíptico gobernado por inteligencia artificial. Los cerebros de los seres humanos han sido programados por un poderoso software y todo lo que pensamos que es real, nuestra vida cuotidiana, no pasa de una realidad virtual, de una red mundial de ilusión, un matrix, un intricado simulacro. El hacker sigue el conejo blanco (un tatuaje en un personaje de la trama) y descubre el caos bajo la aparente orden del mundo. Acepta, entonces, su misión mesiánica, de liberar los seres humanos de la alucinación para que puedan percibir el mundo tal como es. También a Alicia, a través del conejo blanco, es dada la oportunidad de entrever el caos bajo el orden.

[14] Cita como ejemplo The Turn of the Screw, de Henry James. En efecto, al final de esta obra queda la duda se los fantasmas vistos por la perceptora son reales o mero producto de su sugestionada imaginación o incluso de su locura.

[15] Del Greco allo (otro) y agora (local de encuentro). Era usual conversar en la plaza de la ciudad y muchas de esas conversaciones eran de carácter clandestino. Las personas, por miedo a castigos, hablaban de forma indirecta, o sea, decían una cosa significando otra, hablaban de “otras cosas” en la plaza pública.

[16] Eric Rabkin  The fantastic in Literature Princeton: Princeton University Press, 1976, p. 41, apud Ronald Reichertz (Reicherz, 1997, p. 34)

[17] «Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás par mí único en el  mundo. Seré para ti único en el mundo...» (El Principito 2, p. 83)

 

[18] J. R. R. Tolkien, “On fairy-stories” (1947)  en The Tolkien Reader, New York: Ballantine, 1966, p. 37, apud C. W. Sullivan III “High Fantasy” en Hunt, 1996, p. 304.

[19] “Alicia pensó que nunca había visto un campo de croquet más raro: estaba ondulado de surcos y crestas, unos erizos vivos hacían de bolas de croquet, y los mazos eran unos pájaros flamencos, igualmente vivos; y los soldados formaban arcos curvando sus cuerpos de naipe a cuatro patas. (...)  Todos  los jugadores jugaban a la vez, sin esperar su turno, discutiendo todo el tiempo y peleándose por los erizos; de forma que, en breve, la Reina llegó al paroxismo del furor y se paseaba por el campo dando patadas en el suelo y gritando “¡Que le corten a éste la cabeza! ¡Que le corten a ésa la cabeza!” a cada minuto.” (Alicia 2,  p. 119-120)

[20] Roger W. Holmes “The Philosopher’s Alice in Wonderland” (Phillips, 1971, pp. 199-216)

[21] “ -Entonces – continuó la Liebre -, debieras decir lo que piensas.

-¡Pero si es lo que estoy haciendo! – se apresuró a replicar Alicia -. Al menos..., al menos pienso lo que digo..., que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?

- ¿La misma cosa? ¡De ninguna manera! – negó enfáticamente el Sombrerero -. ¡Hala! Si fuera así, entonces también daría igual decir «veo cuanto como» que «como cuanto veo».

- ¡Qué barbaridad! – coreó la Liebre de Marzo.

- Sería como decir que da lo mismo afirmar que «me gusta cuanto tengo» que «tengo cuanto me gusta».

- Valdría tanto como querer afirmar – añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños -, que da igual decir «respiro cuando duermo» que «duermo cuando respiro.” (Alicia 2 p. 102-103)

 

[22] «- Creo que podrían ustedes hacer algo más útil para matar el tiempo que malgastarlo con adivinanzas que no tienen solución.

-¡Ay! ¡Si conocieras al tiempo tan bien como lo conozco yo – exclamó el Sombrerero -, no hablarías de malgastarlo, y mucho menos de matarlo! Se trata de un tipo de mucho cuidado, y no de una cosa cualquiera. (...)

- Bueno – siguió diciendo cuando pudo el Sombrerero -, pues apenas había acabado de cantar la primera estrofa cuando la Reina se puso a gritar: “¡Se está cargando al Tiempo! ¡Que le corten la cabeza!”

- ¡Qué barbaridad! – exclamó Alicia horrorizada.

- Y desde entonces – siguió diciendo el Sombrerero, cada vez con más pena -, el Tiempo no quiere saber nada conmigo ¡y para mí son siempre las seis de la tarde!» (Alicia 2, pp. 105-107)

[23] “And this is the beginning of nonsense: language lifted out of context, language turning on itself, language as infinite regression, language made hermetic, opaque in an envelope of language.” (Stewart, 1979, p. 3)

[24] « - ¡Nunca tuve la ocasión de aprender esa asignatura! – continuó la Tortuga Artificial con un   suspiro -. Solamente me permitieron seguir los cursos ordinarios.

- ¿Y en qué consistían? – preguntó Alicia.

- Pues nos enseñaban a beber y escupir, naturalmente, para empezar – replicó la Tortuga Artificial – y luego las diversas ramas de la Aritmética: a fumar y a reptar, y también la feificación y la dimisión. (...)

-Bueno, teníamos Histeria – replicó la Tortuga Artificial, llevando la cuenta con las extremidades de sus aletas-, Histeria antigua y moderna, con Mareografía; luego, Bidujo; el profesor era un viejo congrio que venía una vez a la semana: él fue el que nos enseñó a bidujar y a bofetear y la tintura al boleo.» (Alicia 2, pp. 135-136)

 Esta fue, según nota del propio traductor de esta versión en castellano de Alicia, Jaime de Ojeda, uno de los pasajes más difíciles de traducir de toda la obra, por la enorme riqueza de los juegos de palabras.  Claro que no intentó una traducción literal sino palabras semejantes a los nombres de las asignaturas en castellano: “beber y escupir” en vez de “leer y escribir”; las ramas de la aritmética: suma, resta, multiplicación y división, las ha dado como fumar, reptar, feificación y dimisión; “Historia” como “Histeria”; “bidujo” en vez de “dibujo”; “bofetear” por “bocetear”; y “tintura al boleo” por “pintura al óleo”. Afirma aún en su nota que: “los juegos de palabras a base de homónimos y sonidos onomatopéyicos son mucho más fáciles de hacer y sobre todo de reconocer en inglés que en los idiomas de origen romano, mucho más ideológicos que eufónicos” (Alicia 2, p. 178)

[25] «Gilbert K. Chesterton voiced his “dreadful fear” that Alice’s story had already fallen under the heavy hands of the scholars and was becoming “cold and monumental like a classic tomb”. (…) There is much to be said for Chesterton’s plea not to take Alice too seriously. But no joke is funny unless you see the point of it, and sometimes a point has to be explained. In the case of Alice we are dealing with a very curious, complicated kind of nonsense, written for British readers of another century, and we need to know a great many things that are not part of the text if we wish to capture its full wit and flavor.» en la introducción a Annotated Alice, la edición de Alicia utilizada en este trabajo.

[26] Henri Bergson, O Riso, Ensaio Sobre o Significado do Cómico (traducción para el portugués por Guilherme de Castilho) Lisboa: Guimarães Editores, 1993

[27] «-“¿Quién les va a hacer caso? – dijo Alicia (que para entonces ya había recobrado su estatura de todos los días) -.¡Si no son más que un mazo de cartas!» (Alicia 2, p. 167)