

Trabajos de Doctorado
Metodología y Tendencias del Comparatismo Literario y Cultural
Bienio 2000-2002
UNA LITERATURA ENDEMONIADA: LA INFLUENCIA DE FAUSTO DE GOETHE EN MAESTRO Y MARGARITA DE BULGÁKOV
MARTA POLICINSKA
Parte soy de esa fuerza que pretende
siempre lo malo, y siempre hace lo bueno.
(Goethe, Fausto)...¿qué haría tu bien si no existiera el mal y
qué aspecto tendría la tierra si desaparecieran
las sombras?
(Bulgákov, Maestro y Margarita)Todas las cosas son ambiguas y reversibles.
(Baudrillard, La transparencia del mal)
INTRODUCCIÓN
Pocos han sido los temas que han fascinado tanto a los hombres como el combate eterno entre el Bien y el Mal. La luz y las tinieblas, el orden y el caos, la creación y la destrucción; los símbolos de estos dos principios opuestos han sido debatidos en todas las culturas y religiones. Teólogos, científicos, filósofos y artistas intentaron responder a la pregunta: ¿Qué es el Mal y por qué existe?
Goethe y Bulgákov también buscan la respuesta a esta gran pregunta. Partiendo de la leyenda de Fausto, un hombre que pacta con el diablo, se preguntan cómo puede salvarse el hombre en un mundo en el que lo malvado está mucho más presente que lo esencialmente bueno.
Este trabajo no pretende ser un análisis o una interpretación exhaustiva de las obras maestras de dos escritores a los que separa el tiempo y la distancia. Lo que pretende es mostrar la influencia que tuvo el alemán sobre el ruso, y comparar sus visiones de este personaje inquietante y sombrío: el diablo.
En esta investigación se ha usado una traducción castellana de "Fausto" (José María Valverde), que con una gran fidelidad transmite el espíritu de la obra, aunque también se ha consultado el original alemán para algunas comprobaciones puntuales. De "Maestro y Margarita" me he servido de la primera edición en forma de libro, que se publicó en Rusia en 1973 junto a otras dos novelas de Bulgákov. Sin embargo, las citas en este trabajo proceden de una edición en castellano de Alianza Editorial traducida por Amaya Lacasa Sancha, una traducción bastante buena, aunque no exenta de algunos errores, sobre todo a la hora de trasladar con exactitud los nombres de los personajes.
1. LA LEYENDA DE FAUSTO
La historia de Fausto, un mago y astrólogo alemán que vendió su alma al diablo a cambio del saber y del poder, es una de las leyendas más vivas en el folclore de la Europa occidental. Esta leyenda tiene sus prototipos reales. Según Harold Bloom, sus orígenes se remontan hasta el siglo I d.C. y el personaje de Simón el Mago, considerado el fundador de la herejía gnóstica, con quien chocó el apóstol Pedro en Samaría. Simón se proclamaba "la potencia de Dios que se llama Grande", y por sus discípulos era adorado como el "primer Dios", mientras que a su compañera Elena, una prostituta de Tiro, la consideraban el "Pensamiento Caído de Dios"; rescatada por Simón, Elena se convirtió en mediadora de la redención universal a través de su unión con el Mago. Al llegar a Roma, Simón tomó el nombre de Faustus, el "Favorecido", afirmando al mismo tiempo que su compañera había sido en una de sus anteriores encarnaciones Elena de Troya (Bloom, 1997).
La leyenda cristiana sobre este primer hereje nos legó un duelo entre Simón y el apóstol Pedro - en Roma Simón anunció ante una multitud de espectadores su ascenso al cielo, pero la oración pronunciada por Pedro tuvo la fuerza de hacerle caer rompiéndose las piernas. A causa de su mágico vuelo Simón fue considerado ejemplo de una fuerza maligna, un brujo (Eliade, 1978).
La historia de Simón el Mago se asoció más tarde con otro personaje probablemente real, sobre el cual existen sin embargo datos muy contradictorios. Se piensa que su nombre pudo ser Georg Helmstetter y que era un estudiante de filosofía a principios del siglo XVI. Este estudiante pronto descubrió que más que otras cuestiones académicas le interesaban la magia y las ciencias ocultas, y empezó a viajar por toda Alemania de una universidad a otra bajo el nombre que adoptó según la tradición renacentista: el nombre latino de Fausto. Fueron los primeros seguidores de Lutero los que consideraron que su magia debía tener su origen en un pacto con el diablo, dado que Lutero consideraba que toda magia es un vano intento de alcanzar lo divino a través del intelecto.
La primera formulación literaria de la leyenda de Fausto nos llega de manos de un colaborador de confianza de Lutero, Melanchton, quien en su escrito de los años 40 del siglo XVI afirmaba haber conocido personalmente a Fausto. Sin embargo, la mayoría de las obras literarias que aprovecharon el personaje del mago se basan en el llamado "Libro de Fausto" (Faustbuch), editado en Francfort por el impresor Johann Spies en 1587, donde se cuenta la historia del doctor Johann Faustus (Palau Ribes, 1980).
Según narra el libro, Fausto nació en Roda, en la provincia de Weimar, en el seno de una familia religiosa. Desde la infancia estaba ávido de saber, especializándose pronto no sólo en la Santa Escritura, sino también en medicina, matemáticas, astrología y la magia negra. La búsqueda del saber le condujo a desear un pacto con el diablo, por lo que en un bosque cerca de Wittenberg conjuró al Príncipe de las Tinieblas que llegó en medio de una gran tormenta (ya veremos que la tormenta es un motivo común para las dos obras que iremos analizando).
Para conseguir su propósito, Fausto tuvo que aceptar las condiciones del maligno: renunciar a su fe cristiana, entregar al diablo su cuerpo y alma al cabo de 24 años y, como no, firmar el pacto con su propia sangre. A cambio, el demonio se comprometía a servir a Fausto hasta el final de sus días y proveerlo de toda la información que pudiera requerir, sin mentirle nunca.
Desde entonces Fausto llenó su vida con lujo y comodidades, marcados fuertemente por el exceso y la perversión. Tenía todos los bienes mortales que se podían desear y se rodeaba de mujeres de gran belleza, como Helena de Troya o las concubinas del harén del sultán de Turquía. Se hizo famoso por sus horóscopos y las predicciones que no fallaban nunca. Viajó hasta las profundidades del infierno y a las estrellas más distantes. Maravillaba a los estudiantes con su saber sobre las cosas de la tierra y del cielo.
Sin embargo, cuanto más se acercaba el cumplimiento de los 24 años estipulados en el contrato con el diablo, más se hundía Fausto en la melancolía. Se retiró de la vida y legó sus bienes mortales a uno de sus discípulos, un joven estudiante llamado Cristoph Wagner, quien fue testigo de su horrible muerte.
Después de la medianoche del último día de los 24 años, Wagner escuchó un terrible grito en el estudio de su maestro. No tuvo el valor de entrar allí hasta la mañana del día siguiente, y lo que descubrió le horrorizó: había sangre por todos los lados, de las paredes colgaban fragmentos del cerebro, mientras que el cuerpo seguía retorciéndose en un tic nervioso. Como no, el final de la historia tenía que ser moralizante.
A la edición de Johann Spies le debemos también la aparición del nombre de Mefistófeles, el representante del infierno con el que pacta Fausto; según la etimología griega significa "el que no ama la luz", lo que sería una irónica parodia del nombre del primer ángel caído, Lucifer, "el portador de la luz". Los hebreos interpretan este nombre como "destructor" y "embustero"; según los cabalistas y los teólogos que se ocupan de esclarecer las jerarquías angélicas e infernales, Mefistófeles es uno de los siete grandes Príncipes del Infierno, bajo el planeta Júpiter (Godwin, 1991).
La leyenda de Fausto se desarrolló en la tradición popular alemana de forma oral; ya en el siglo XIX se empezaron a recopilar estos cuentos que incluían nuevos elementos del mito. La leyenda salta las fronteras y aparece también en Inglaterra, primero en forma de traducción del "Libro de Fausto" en 1592, y luego ya como creaciones locales (por ejemplo en forma de nana, Dr. Faustus Was a Good Man). En estos cuentos el punto más importante son los poderes de los que diablo dota a Fausto; el mago hace florecer la vegetación en pleno invierno, sus comidas parecen deliciosas pero no sacian o luego parecen estar podridas, envía al diablo para que asuste a los que intentan salvar su alma, viaja volando en un carruaje con cuatro caballos negros. Algunos de estos elementos los aprovechará Goethe en su "Fausto".
Según Jeffrey Burton Russell, son cinco los elementos de la leyenda que apelan con una especial fuerza a la imaginación moderna: Fausto es homocéntrico, pone un gran énfasis sobre el individualismo, la historia es pesimista, revela la ambigüedad de la búsqueda del saber, y el diablo tiene un carácter mucho más irónico y menos terrible de lo que suele pintar la tradición cristiana (Russell, 1986).
Quizá por estos elementos la leyenda de Fausto inspiró a tantos artistas y escritores. La primera obra literaria basada en el "Libro de Fausto" fue "The Tragicall history of D. Faustus" de Christopher Marlowe, publicado en 1589. Marlowe hace de Fausto un personaje trágico, aunque conserva ese tono burlesco y cómico que personifica Mefistófeles, y que desde entonces será un rasgo más característico de todas las creaciones basadas sobre esta leyenda.
Más tardía es una pieza teatral inacabada del escritor alemán Gotthold Lessing, "Faust", en la que la obsesión por elsaber que tiene Fausto es presentada como el vehículo de su reconciliación con Dios y de su salvamento.
Sin embargo, la leyenda del alquimista que pacta con el diablo saltó a la fama gracias al genio de Johann Wolfgang von Goethe, uno de los más destacados románticos alemanes y creador de "Faust", cuya primera parte se publicó en 1808 y la segunda en 1833, ya después de la muerte de Goethe.
Desde su publicación el "Fausto" de Goethe fue a su vez la inspiración para otros artistas. La estela de este enigmático personaje la han seguido, entre otros, Heinrich Heine, que escribió en 1851 "Doktor Faust: Ein Tanzpoem", Paul Valéry con su "Mon Faust" de 1946 y Thomas Mann con una de sus obras más famosas, "Doktor Faustus", escrita en 1950. También los músicos han sucumbido a los encantos de la leyenda faustiana. Existen varias óperas sobre este tema, de las que la primera es "Faust" de Louis Spohr de 1816, considerada una de las primeras óperas románticas. La siguen "La Damnación de Faust" de Hector Berlioz de 1846, una cantata dramática que a veces se escenifica como ópera, basada en la versión francesa de Fausto de Goethe adaptada por Gerard de Neval; "Fausto" de Charles Gounod, la ópera basada en la primera parte de la obra de Goethe y estrenada en 1859 y "Mefistófeles", ópera de Arrigo Boito estrenada en 1868. Existen también otras obras musicales sobre el mago alemán; entre ellas se puede destacar el ballet "Faust" escrito en 1832 por Adolphe Charles Adam (más famoso por su ballet "Giselle"), obertura "Faust" de Richard Wagner del año 1840, o la "Sinfonía Faustiana" de Franz Liszt compuesta en 1854.
Puede que esta gran popularidad de la que gozaba "Fausto" en el mundo musical se debiera a una gran musicalidad de muchas de las escenas del drama goethiano, aunque Goethe mismo consideraba que era imposible componer la música que expresara todos los sentimientos de su obra, como confesó a su secretario Johann Peter Eckermann.
Este hilo musical tiene también mucha importancia en "Maestro y Margarita" de Bulgákov, personalmente fascinado por la ópera de Gounod (a la que menciona en su novela), y que utiliza mucho referencias musicales en forma de apellidos de sus personajes.
2. FAUSTO DE GOETHE
Muchas son las interpretaciones que se han hecho del "Fausto" del gran poeta alemán. El mismo Goethe dijo en las conversaciones con su secretario Eckermann que no sabía exactamente qué idea había querido encarnar en este poema que le acompañó durante una gran parte de su vida. En esta obra va entretejiendo sus experiencias personales, sus reflexiones, sus estudios, sus pasiones. La redacción de la obra es larga: Goethe empieza los proyectos de "Fausto" durante los años 1765 - 1771, para publicar en 1808 su primera parte bajo el título "Fausto I. Una tragedia". Durante los años siguientes abandona esta obra, a la que va a volver en 1824. La segunda parte de "Fausto" la concluye en 1831, apenas un año antes de su muerte.
"Fausto" tiene una construcción bastante complicada. La primera parte tiene sólo un acto y su estructura narra la historia del pacto con diablo y de amor de Fausto hacia Margarita. La uniformidad de este acto sólo se ve interrumpida por el episodio de la Noche de Walpurgis germánica, que va a tener su correspondencia también en la parte segunda.
Sin embargo, antes de empezar la parte primera Goethe introduce la acción en el Prólogo en el Cielo, una escena medio cómica en la que el diablo Mefistófeles, apareciendo entre tres arcángeles, Rafael, Gabriel y Miguel, entabla una amistosa conversación con Dios. Mefistófeles se queja que su función en la tierra es demasiado fácil, ya que todos los hombres caen antes o después en sus garras. Dios llama su atención sobre Fausto, sobre quien dice que sí conoce el camino de la verdad; Mefistófeles viendo en Fausto un desafío que puede interrumpir su existencia monótona y siempre exitosa, pide a Dios el permiso de tentar a Fausto, cosa que le es concedida.
Ya entrada la parte primera de la obra, vemos a Fausto en su cuarto de estudio durante la Noche de la Pascua de Resurrección, intentando descifrar con la ayuda de la mente el misterio de la vida y del ser. Después de largos años de estudio y de lectura Fausto pierde ya la esperanza de llegar algún día a la verdad:
...viendo que no podemos saber nada.
Esto casi me quema el corazón.Sin embargo, Fausto se siente superior al resto de los mortales ignorantes, siente que su saber, aunque no infinito, le permite controlar la naturaleza. Por eso afirma que es "una imagen de Dios", evocando al Espíritu de la Tierra del que requiere ayuda; éste sin embargo le rechaza, haciendo que el ánimo de Fausto decaiga por completo, hasta pensar en el suicidio. Son las campanas de Pascua las que le hacen resistirse a este proyecto.
¡No soy como los dioses! Bien lo noto,
como el gusano soy que escarba el polvo
...
Ahora es el tiempo de mostrar con hechos
que ni a dioses cede en dignidad
el hombre...En la siguiente escena Fausto da un paseo por una ciudad engalanada y de fiesta por la Pascua; aunque la muchedumbre le muestra su respeto, él se siente muy ajeno a ella, siente que su espíritu está cautivo en un cuerpo que no tiene alas, y sólo su mente puede volar más allá. En este paseo a Fausto se le aparece un perro negro, de un aire misterioso, al que recoge y lleva a su casa. Allí se dispone a traducir el Nuevo testamento; sin embargo ya la primera frase, "En principio estaba la Palabra", le causa problemas. Fausto se resiste a dar tanto valor a la palabra y la traduce como "acción", expresando así su deseo de experiencia directa ante el estudio. De esta manera, cambiando el orden cósmico de las cosas, Fausto comete el pecado del orgullo, dando pie a la aparición del demonio.
Mefistófeles surge de la forma del perro negro, pero no será hasta su segunda visita en el cuarto de estudio de Fausto cuando se sellará el pacto. Antes Mefistófeles tiene que convencer a Fausto de que le va a ofrecer lo que realmente desea, y que el precio por ello - su alma después de la muerte - no es demasiado alto. Fausto teme al diablo, pero al mismo tiempo desea exteriorizar la fuerza que le parece llevar dentro, aunque sea con la ayuda de un ser tan detestable como el demonio.
El dios que habita dentro de mi pecho
puede agitar muy hondo mis entrañas;
el que preside a todas mis potencias
no puede mover nada al exterior.
Por eso me es un peso la existencia,
y deseo la muerte, odio la vida.
Fausto insiste en que Mefistófeles no tiene nada que ofrecerle ("¿Tú qué podrías darme, pobre diablo?"); irónico, el diablo le recuerda que hace poco tan sólo quería morir. Al final, el pacto se parece más bien a una apuesta: Fausto entregará al diablo su alma sólo si éste logra extinguir su afán de superación y darle una felicidad incondicional:
Si a un instante le digo alguna vez:
¡Detente, eres tan bello!,
puedes atarme entonces con cadenas...Desde este momento, Mefistófeles se dedica a crear las situaciones que puedan colmar plenamente todos los deseos de Fausto. Primero, Mefistófeles le muestra todo su poder en una bodega de Auerbach, donde invita a los comensales a probar un vino que luego se convierte en fuego (este es un elemento muy común en la leyenda de Fausto al que Mefistófeles invistió del mismo poder; la comida ofrecida por el diablo siempre dejaba con hambre o se convertía en restos putrefactos). Después de rejuvenecer a Fausto en la cocina de la bruja, lo lleva al encuentro de Margarita, una joven a la que Fausto empieza a desear con locura. Con la ayuda del diablo Fausto vence la reticencia de la muchacha y consigue su amor.
Pero la unión de Fausto y Margarita está marcada por la tragedia. Para acceder a la muchacha por la noche Fausto le da una poción para su madre, de la que dice que es un somnífero, pero que en realidad es un potente veneno. Por culpa de este amor muere también el hermano de Margarita, Valentín, quien quiere vengar la deshonra de la muchacha.
Para desviar la atención de Fausto que no encuentra la felicidad por el sentimiento de la culpa, Mefistófeles huye con él a la noche germánica de Walpurgis. Esa noche, la noche del aquelarre primaveral, el 1 de mayo, se celebra una reunión de brujas en las montañas de Brocken; pero ni siquiera allí logra olvidar Fausto a Margarita a la que ve en forma de fantasma. Ésta, encarcelada por el infanticidio (ha matado al hijo que había tenido con Fausto), va a ser ajusticiada; Fausto pide a Mefistófeles que la libere, pero Margarita se niega en un arrebato de lucidez a seguir al demonio y muere en la cárcel. A la voz de Mefistófeles anunciando que está condenada responde una voz de arriba que dispone su salvación. Así concluye la primera parte de "Fausto".
La segunda parte de la obra tiene la forma del drama clásico en cinco actos. El primer acto empieza en un paraje ameno, en el que Fausto despierta de un sueño profundo y largo durante el cual ha olvidado todo lo que ha sucedido anteriormente y sus remordimientos. Esta escena, en la que las fuerzas cósmicas muestran su poder sobre el hombre, tiene un cierto paralelismo al Prólogo en el Cielo, mostrando también una irrealidad celestial, en este caso pagana.
Mefistófeles seguirá intentando procurar a Fausto la felicidad incondicional; le ofrecerá el espejuelo del poder terrenal en la corte del Emperador, al que salvan de la quiebra con su dinero falso (es otro acento popular; en las leyendas sobre el diablo éste muchas veces es guardián de un tesoro oculto, al que se puede acceder bajo una serie de condiciones - quien no las cumple, se queda con las manos vacías); en su gratitud el Emperador nombra a Fausto el Guardián de todos los tesoros que descansan escondidos debajo de la tierra en su reino. Fausto se enamora de nuevo; esta vez su elegida es Elena de Troya, cuya sombra le ha pedido que evoque el Emperador.
En el segundo acto asistimos a la Noche de Walpurgis clásica; allí entre demonios, espíritus y brujas desnudas aparecen personajes históricos, filósofos, los monstruos de la mitología griega. Es una superposición de escenas, de fragmentos de diálogos, de monólogos de personajes.
El tercer acto narra el amor entre Fausto y Elena, la cual se siente amenazada de muerte después de volver a la casa de su marido Menelaos. Su monólogo se asemeja al de Margarita encarcelada, pero Elena no rehuye la ayuda del diablo, que la traslada al castillo de Fausto. De la unión de esta pareja nacerá Euforión, un chiquillo ávido de vida y lleno de afán de superación, hasta el punto de morir en un intento de vuelo. Con la muerte de Euforión desaparece también Elena, dejando a Fausto otra vez sólo.
En el cuarto acto Fausto ayuda con sus mágicos artilugios a ganar la guerra al Emperador. Pero en vez de sentirse feliz, Fausto se siente cada vez más desgraciado, arrepintiéndose de su pacto con diablo:...si pudiera alejar de mi senda de magia,
olvidando del todo los hechizos, delante
de ti, Naturaleza, estaría como hombre
sólo, y valdría entonces la pena ser un hombre.
Es lo que he sido, antes de buscar en lo oscuro
maldiciéndome a mi y al mundo, en sacrilegio.
...
No he hecho más que anhelar y realizar,
y otra vez desear: así, potente,
con tumulto crucé la vida: grande
al principio, y hoy sabio y pensativo.En el quinto acto Fausto es un anciano; ya no quiere dar prueba de su poder y sabiduría, sino ofrecer cobijo y libertad a la gente humilde, sueña con unas masas felices. Imaginándose este momento dice: "Detente, eres tan bello", esas palabras fatales escritas en el pacto con Mefistófeles y que le conducirán a la muerte.
Sin embargo, el diablo no llega a llevarse al alma de Fausto. Los ángeles conducen a este infeliz que intentaba superase a sí mismo a toda costa, hasta el cielo, donde el espíritu de Margarita le lleva ante la Virgen María implorando por su salvación.
3. LA PRESENCIA DE "FAUSTO" EN "MAESTRO Y MARGARITA"
Mijaíl Bulgakóv tardó más de 10 años en escribir lo que se convirtió en su obra más conocida y admirada, la novela "Maestro y Margarita". Este escritor nacido en 1891 en Kiev y con estudios de medicina no tuvo nada fácil ser escritor bajo el poder omnipotente de Stalin. Perseguido por la censura, expulsado de los organismos oficiales que agrupaban a los escritores y dramaturgos soviéticos, Bulgákov vivía siempre con un cuchillo en el cuello, temiendo el momento en el que la policía secreta llamaría a su puerta.
Bulgákov empezó sus andanzas como escritor en 1919, mientras estaba movilizado como médico del ejército blanco en el Cáucaso. Su participación en la guerra civil rusa iba a ser desde entonces uno de los motivos de la continua desconfianza del gobierno soviético hacia su persona. Pero no era el único motivo: Bulgákov se negaba rotundamente a escribir la "literatura comunista", a la que aborrecía sinceramente; se sentía más bien humorista, y creía tener derecho a criticar las circunstancias de la vida en el paraíso de la Unión Soviética. Así lo expresó él mismo en un interrogatorio al que le sometió la policía política cuando intentó recuperar sus diarios, requisados en una revisión de su apartamento en 1926:
"No puedo escribir sobre temas campesinos porque no me gusta el campo. Éste se me aparece de manera mucho más desagradable de lo que se suele creer. Sobre la vida de los obreros me cuesta escribir; pero aunque me imagino este tipo de vida mejor que la campesina, de todos modos no la conozco bien. Además me interesa poco, por la razón siguiente: a mí me interesa, me atrae más que nada la vida de la intelectualidad rusa, la quiero y la considero, a pesar de su debilidad, la mejor capa del país. ...Siempre escribo con la conciencia limpia y tal como veo las cosas. Los aspectos negativos de la vida soviética atraen mi atención en mayor medida porque instintivamente observo en ellos un buen alimento para mis obras (soy un satírico).
La historia de estos diarios íntimos por los que Bulgákov se expuso a tal peligro como presentarse por sí sólo en la sede de la policía secreta confirmó ya después de su muerte una de las frases más hermosas de su gran novela: "Los manuscritos no arden...". Después de tres años los diarios son devueltos al escritor; éste por temor a que pueda ocurrir otra vez la profanación de su vida privada decide quemar las tres libretas que contenían sus revelaciones. Y sin embargo hoy en día podemos leer los diarios de Bulgákov en los que nos revela las dificultades que tenía que afrontar en su vida cotidiana. Esta vez el papel que en "Maestro y Margarita" corrió a cargo de Woland, el diablo, lo desempeño la misma policía secreta que fotografió y copió a máquina el manuscrito entero para guardarlo en sus inmensos archivos de los que emergió en los tiempos de la perestroika.
Así de accidentada iba a ser también la historia del manuscrito de "Maestro y Margarita". Bulgákov empezó a escribir la novela en 1928, pero quemó esta obra, por entonces titulada "El consultante con pezuñas", junto a otros escritos suyos en 1930, por miedo a persecuciones. Bulgákov volvió a la novela entre 1931 y 1936, escribiendo su segunda versión, esta vez bajo numerosos títulos, como "El gran consultante", "Satán", "Aquí estoy", "La teología negra" o "Las pezuñas del extranjero". La definitiva versión, ya bajo el título "Maestro y Margarita" la escribió Bulgákov entre 1936 y 1939, continuando con las correcciones del manuscrito hasta un mes antes de su muerte en 1940.
"Maestro y Margarita" no salió a la luz hasta 1966, cuando su versión censurada fue publicada en el periódico "Moskva" en forma de folletín. En esta edición se cortaron todas las alusiones a la desnudez de Margarita en el gran baile de Satanás, y también otros fragmentos referentes a las acciones de la policía secreta tanto en Moscú como en el Imperio Romano. El texto completo fue publicado por primera vez en París en 1967, de donde saltaría en traducciones a Alemania o a Estados Unidos. La primera edición completa en Rusia fue la publicada en 1973 junto a otras dos novelas de Bulgákov: "La novela teatral" y "La guardia blanca".
¿Qué es lo que hacía esta obra tan problemática? El tema del diablo, del infierno y de la salvación, y una vez más una cruda sátira a la realidad soviética fueron los motivos por los que Bulgákov podía temer por su novela.
La fascinación de Bulgákov por "Fausto" de Goethe se nota mucho en "Maestro y Margarita", hasta el punto de que algunos estudiosos de este escritor consideran la novela de Bulgákov como una antitesis o incluso parodia de "Fausto". Los dos libros tienen en común sobre todo su hilo principal: el mito de la caída y de la salvación, pero Bulgákov aprovecha también los personajes y las escenas de Goethe, a los que transforma de manera que parecen totalmente opuestos a los goethianos.
Tal como hace Goethe, Bulgákov divide su obra en dos partes; sin embargo, si en "Fausto" es la primera parte la más dinámica y la segunda ralentiza la acción, Bulgákov invierte este orden, acelerando los hechos en la segunda. De "Fausto" coge Bulgákov también la caracterización de los lugares de la acción, orientados verticalmente según la tradición de las esferas cósmicas: la superior, un refugio eterno del Bien que coincide con el cielo de Goethe; la del medio, el mundo normal en el que el Mal y el Bien se mezclan continuamente; y el inferior, que para Goethe es el infierno, y para Bulgákov la situación en Moscú en los tiempos de Stalin. Bulgákov además sitúa todas las acciones de la novela en tan sólo tres sitios: la ciudad de Moscú en los años 30, el Jerusalén de los años 30 d.C., y el asilo mental en el que se refugia Maestro.
La acción de la novela empieza un día de primavera; en los Estanques del Patriarca en Moscú un importante editor y presidente de MASSOLIT (la unión de escritores soviéticos), Berlioz, y un poeta que escribe bajo el seudónimo "Sin techo" (Bezdomny) discuten sobre un poema que escribió este último sobre Cristo. De una manera misteriosa de repente aparece allí un hombre que les pide permiso para poder participar en tan interesante charla. Aunque Berlioz y Bezdomny todavía no lo saben, están hablando con el mismo Satanás que en su periplo por todo el mundo acaba de llegar a Moscú.
Es interesante ver como caracteriza Bulgákov al diablo, ya que como Goethe escapa de la tradición popular que solía presentar al demonio como un ser terrible, medio humano - medio macho de cabra, con pezuñas y cuernos, oliendo a azufre. Goethe se aleja de este tópico en la escena de la cocina de la bruja, donde así se presenta Mefistófeles a quien no puede reconocerle:
No cabe ver aquel fantasma nórdico!
¿dónde encuentras los cuernos, rabo y garras?
Y las patas, que no puedo dejar,
me harían mucho daño entre la gente,
por eso, como un joven a la moda,
hace tiempo uso falsas pantorrillas.También Bulgákov describe al diablo como a un hombre, aunque con algunas características fuera de lo común:
... el hombre descrito no cojeaba de ningún pie, no era ni pequeño ni enorme, simplemente alto. En lo que se refiere a la dentadura, tenía a la izquierda coronas de platino y a la derecha, de oro. Vestía un elegante traje gris, unos zapatos extranjeros del mismo color, y una boina, también gris, le caía sobre la oreja con estudiado desaliño. Llevaba bajo el brazo un bastón negro con la empuñadura en forma de cabeza de caniche. Aparentaba cuarenta años y pico. La boca, algo torcida. Bien afeitado. Moreno. El ojo derecho, negro; el izquierdo, verde. Las cejas, oscuras, y una más alta que la otra. En una palabra: extranjero.
Lo curioso es que Bulgákov menciona que cada uno de los informes que se ha hecho más tarde de la presencia en Moscú de este singular personaje añade nuevas cualidades físicas a la descripción, y todas son contradictorias.
Mefistófeles le pide también a la bruja que no le de el nombre de Satán, diciendo que "lleva tiempo en el libro de fábulas". Tampoco al diablo de Bulgákov le conocemos como Satanás; va a usar el nombre de Woland, que también aparece en "Fausto". Así se presenta Mefistófeles cuando llega a la noche de Walpurgis germánica, usando uno de los nombres que se da popularmente al diablo en Alemania.
Aunque originalmente Woland se escribe con una "V", Bulgákov usa expresamente una letra que no existe en el alfabeto ruso para subrayar este carácter de extranjero que menciona Bulgákov en su descripción y que le van a dar todos los que le conocen. Ya en la primera escena de "Maestro y Margarita" Berlioz y Bezdomny llegan a la conclusión de que el desconocido no es ruso, aunque hable perfectamente este idioma. Ambos piensan que tiene que ser alemán. Preguntado por ellos Woland responde:
¿Yo...? ...Pues sí, seguramente soy alemán.
Otro de los diablos que aparecen en Moscú hace las cuentas siempre en alemán. Esta "alemanización" del diablo la podemos recibir otra vez más como un apunte hacia "Fausto"; habría que decir también que en la tradición de la mayoría de los pueblos eslavos, entre ellos el ruso, el diablo siempre es extranjero y suele proceder de Alemania.
Woland no aparece en Moscú solo; trae todo un séquito que a partir de entonces va a ayudarle en sus andanzas. También algunos de estos personajes evocan a "Fausto". Así es en el caso de Behemot, un demonio con forma de enorme gato negro. Podría parecer un nombre bastante raro para un gato - en ruso behemot significa hipopótamo - pero este personaje tiene un claro origen bíblico. En el Libro de Job Dios habla de dos criaturas demoníacas, Leviatán y Behemot, a las que Dios se enfrenta, pero al mismo tiempo dice expresamente que son sus criaturas. Según la Biblia, Behemot tiene forma del hipopótamo, lo que alude por otra parte a la mitología egipcia y el combate entre Horus y el malvado Seth en el que este último acaba convertido en hipopótamo y es arponeado por Horus (Mettinger, 1994). La referencia a "Fausto" es clara: cuando el perro negro traído por Fausto del paseo empieza a transformarse en diablo, Fausto exclama:
Parece un hipopótamo
de ojos de fuego y dientes espantosos.
Woland empieza a discutir con Berlioz y Bezdomny sobre la existencia de Dios, y cuando éstos se muestran incrédulos y le miran como a un loco, Woland empieza la historia de Poncio Pilato justo en el momento en el que éste está interrogando a un filósofo vagabundo, Yeshua Ha - Notsri (Jesús el Nazareno).
La historia de Woland difiere de lo que conocemos del Nuevo Testamento. Tal como lo señala Berlioz. El diablo nos muestra a un Yeshua que cree que no hay hombres realmente malos en la tierra, y preocupado por lo que escribe uno de sus fieles seguidores, Mateo Leví, ya que, según Yeshua, ni una palabra del texto creado en sus andanzas corresponde a la realidad. Y sin embargo, aunque se nos muestra a Yeshua como alguien totalmente corriente, éste es capaz de averiguar el dolor de cabeza que tiene Poncio y curarlo.
La historia de Poncio será una de las tres historias de "Maestro y Margarita", que al final convergen en una. Mientras el diablo y su séquito completan sus andanzas por Moscú, conocemos la tercera historia, la de Maestro y Margarita. Estos personajes tienen un claro prototipo en los de Goethe, hasta el punto de que en una de las primeras versiones de su novela Bulgákov llama al Maestro simplemente Fausto, aunque Maestro tiene también algunos rasgos del propio Bulgákov.
Al Maestro lo conocemos en la clínica mental a la que ha sido enviado también Bezdomny después de su encuentro con el diablo. Es escritor de una sola novela, la historia de Poncio Pilato, la misma que empezó a contar Woland a Berlioz y Bezdomny.
Maestro cuenta la historia de su amor con Margarita, una mujer casada que se hace su amante y le da aliento para que continúe a escribir esta misma novela que va a ser la causa de su fracaso (¡cómo podría tener éxito en el país de los soviets una novela que muestra a un Cristo tan humano!) y de su locura. Después de recibir críticas muy desfavorables de su novela, Maestro quema su manuscrito y se interna en el sanatorio mental. Este acto es un dato autobiográfico (Bulgákov también quema el manuscrito de "Maestro y Margarita"), pero también indica que este Fausto bulgakiano es muy diferente al de Goethe. El héroe del alemán es un hombre que pacta con el diablo porque quiere ser más que otros hombres y satisfacer sus deseos personales; el acto de quemar el manuscrito de Maestro no es más que un acto de cobardía, una especie de pacto con las fuerzas del Mal personificadas en el supremo poder soviético, Stalin.
Antes de que acabe la primera parte del libro tenemos que asistir todavía a la noche de Walpurgis de Bulgákov. El diablo se monta esta particular fiesta en el Teatro Varietés, donde da un espectáculo de magia negra. El séquito del diablo maravilla a los espectadores con dinero que cae del techo (analogía con la escena en la que Fausto paga las deudas del Emperador con papel - moneda) y regalando a las señoras elegantes vestidos parisinos; mientras tanto Woland parece el juez de la población moscovita, de la que realmente siente pena:
Les gusta el dinero, pero eso ha sucedido siempre...A la humanidad le ha gustado siempre el dinero, sin importarle de qué estuviera hecho: de cuero, de papel, de bronce o de oro. Bueno, son frívolos..., pero ¿y qué?...,también la misericordia pasa a veces por sus corazones...Hombres corrientes, recuerdan a los de antes sólo que a éstos les ha estropeado el problema de la vivienda...
La segunda parte de "Maestro y Margarita" es el desenlace de todas las historias contadas en la parte primera. Allí por fin conocemos a Margarita, que no sabe que hacer después de perder a su amado Maestro. En un paseo por Moscú se encuentra con otro de los diablos de Woland, Azazello. Aunque Bulgákov muestra a Azazello como al ángel de la muerte, en tradición hebrea Azazel es un ser sobrenatural que absorbía todos los pecados de los israelitas en un rito de expiación. Según E.O. James, al principio esta expiación correspondía al rey, y luego a los sacerdotes, de los que uno imponía las manos sobre la cabeza de un chivo, confesando en él las inquietudes y transgresiones de todo el pueblo. El animal era luego conducido al desierto y consagrado a Azazel, cargando con todo el mal de la nación. Azazel absorbía este mal a través del chivo (James, 1993).
Azazello propone a Margarita que venga por la noche a casa de Woland insinuando que así podrá tener noticias sobre maestro, que está vivo. Cuando Margarita acepta, Azazello le da una crema con la que debe untarse por la noche; cuando Margarita lo hace rejuvenece, se convierte en una bruja y sale volando hacia el gran baile de Satanás, que corresponde a la segunda noche de Walpurgis faustiana.
Margarita se nos muestra así como un personaje totalmente opuesto a la Margarita de "Fausto". Ya no es una muchacha frágil que no sabe luchar por su destino y que no quiere entrar en un pacto con diablo, sino una mujer fuerte y capaz de sacrificio por su amor. Contrariamente que en "Fausto", en "Maestro y Margarita" es ella la que va a pactar con el diablo, aceptando por una noche ser la reina del baile.
Según Vicente Risco, la noche de brujas tenía lugar siempre la noche del aquelarre. Antes o después del banquete o del baile tenía lugar la elección de la Reina del Aquelarre, que desnuda, coronada de flores silvestres era sentada al lado del diablo para presidir el banquete. Aquí en el Baile del Plenilunio Primaveral este rol lo tendrá que desempeñar Margarita. Así se lo explica Koroviev, el tercer diablo del séquito de Woland:
La tradición es que la dama de la fiesta tiene que llamarse Margarita, en primer lugar, y además tiene que ser oriunda del país.
Para Bulgákov uno de los prototipos de Margarita, aparte de la Gretchen goethiana y su propia mujer, fue también la reina francesa Marguerite de Valois (1553 - 1615), casada con Enrique IV de Navarra, con cuya boda empezó la tristemente famosa noche de San Bartolomé. A Margarita le llaman por ello reina Margot, y además Koroviev insinúa que lleva en las venas la sangre de esta reina del siglo XVI:
Una de las reinas de Francia, que vivió en el siglo XVI, se hubiera sorprendido muchísimo si alguien le hubiera dicho que yo acompañaría a su encantadora tataratataratataratataranieta por una sala de baile en Moscú...
Los diablos preparan a Margarita para la fiesta; tiene que estar desnuda (recordemos aquí la desnudez en la noche de Walpurgis clásica, cosa que no gustaba demasiado a Mefistófeles) y recibir a todos los invitados. Si en Goethe en la gran fiesta aparecían personajes de la mitología, historia y filósofos aquí, en un pequeño piso de Moscú que hace de sala de baile aparecen asesinos, ahorcados, cadáveres, mujeres y hombres cuyo destino ha sido el infierno. Koroviev indica también un grupo de "juergistas de Brocken", montañas en las que se celebró la noche germánica de Walpurgis.
Una de las mujeres invitadas al baile es Frida, una mujer que ahogó a su propio hijo, tan parecida a la Margarita de Goethe, sobre la cual también pesaba un infanticidio. Ya cuando el baile se acaba y Woland concede a Margarita el cumplimiento de un deseo, ésta pide el perdón para Frida, encontrando así la paz para la heroína goethiana.
Woland también devuelve a Margarita a su amado Maestro, y a éste su manuscrito quemado, ya que, como dice, "los manuscritos no arden". De este manuscrito Margarita nos leerá los dos últimos capítulos de la historia de Poncio Pilato, la misma historia que empezó a contar Woland, y luego soñó Bezdomny en la clínica mental. Pero esto no es todavía el final de la historia: Woland recibe la visita de Mateo Leví, quien le pide por parte de Yeshua la paz para Maestro y Margarita. Woland con un veneno les ayuda a abandonar sus cuerpos mortales y les lleva a un refugio en el que podrán gozar de su amor eternamente. Pero esto ya pertenece al gran mito de la caída y de la salvación.
4. EL BIEN Y EL MAL, LA CAÍDA Y LA SALVACIÓN
Las discusiones sobre el diablo y su naturaleza recaen necesariamente en la naturaleza de Dios mismo. Si Dios es omnipotente y bueno, ¿cómo es que en el mundo existe el Mal? La gran pregunta, por tanto, es: ¿Es el Diablo, el Mal una fuerza que un día se sublevó contra Dios, una fuerza que existe por sí misma y en contra de Dios? ¿O al contrario, es una parte íntegra de Dios, que sería el Bien y el Mal al mismo tiempo, y el Mal cumple los designios del Ser Supremo? Todas las religiones intentan responder a estas preguntas, y cada una halla una respuesta diferente.
Según los babilonios, la creación del mundo se debe a la lucha de la diosa Tiamat (el mar primordial) y el dios Marduk. Tiamat intentaba vengar a su esposo Apsu, que quería destruir su propia creación para volver al estado de espíritu puro y fue derrotado. En la lucha con Marduk Tiamat utiliza monstruos, demonios y al dios malvado Kingu; cuando Marduk vence a Tiamat, de las partes del cuerpo de la diosa forma la tierra y el cielo, y de la sangre de Kingu a los humanos. El cosmos tiene por tanto una doble naturaleza: una materia ambivalente, demoníaca, y una forma divina, obra de Marduk. Como dice Mircea Eliade, es mezcla de primordialidad caótica y demoníaca por una parte y de creatividad, presencia y sabiduría por otra. Esta misma mezcla la tienen los hombres, formados de la materia demoníaca, pero creados por un dios (Eliade, 1978).
Una concepción dualista del bien y mal aparece en una época muy temprana (probablemente 1000 a.C. o antes) en Irán, con el zoroastrismo o mazdeísmo. Según esta religión, el mundo ha sido creado por Ahura Mazda, un espíritu bondadoso, mediante el pensamiento. Es padre de dos espíritus gemelos, Spenta Mainyu y Angra Mainyu, de los que uno eligió el bien y la vida, y el otro el mal y la muerte. Son los principios eternos e iguales, el bien y el mal, la vida y la no vida, que luchan por el dominio del mundo. Sin embargo, aunque ambos proceden de Ahura Mazda, éste no es responsable de la aparición del mal ya que esto es una libre decisión de Angra Mainyu. Así mismo ocurre con el hombre, por lo que la existencia del mal constituye la condición previa de la libertad humana.
Ya más tarde en Irán se desarrollará la religión zurvista. Zurván, llamado a veces "Tiempo" y otras "Espacio", es la fuente de dos principios, el del bien y el del mal, representados por Ohrmazd y Ahrimán; los dos son creadores, pero uno de cosas buenas, y otro de malas. Ambos existen desde la eternidad, pero el malo dejará de existir en futuro. El mundo y el tiempo fueron creados para posibilitar la destrucción de Ahrimán. Ohrmazd, infinito en el tiempo, es delimitado por Ahrimán en el espacio, pero Ahrimán es limitado tanto en el tiempo como espacio, por lo que dejará de existir. Cuando Ahrimán ataca a Ohrmazd, éste le responde creando el mundo, lo que le permite hacerse infinito también en el espacio; de este modo Ahrimán contribuye a la perfección de Ohrmazd, el mal ayuda involuntariamente al triunfo del bien.
En la religión politeísta griega no existen ni los demonios que incitan al pecado, ni tampoco una diferenciación entre los buenos y malos después de la muerte. La caída es irremediable, pero los griegos no la achacan a la tentación de un poder maligno, sino a las acciones de un hombre, Prometeo, por cuyas acciones los dioses han puesto el fin a la era paradisíaca en la tierra. Los griegos no necesitan un diablo para condenarse, lo hacen ellos mismos (Risco, 1985) . Como la caída ya está consumada, después de la muerte todas las almas vagarán eternamente en el mundo subterráneo. Esta concepción variará con la llegada del orfismo, según el cual la vida en la tierra es un castigo para el alma por un crimen primordial. Después de la muerte el alma es juzgada conforme a sus méritos o sus faltas, y pasados mil años se encarna de nuevo. Mientras tanto, los malos son castigados y los buenos gozan del paraíso.
La explicación hebrea de la aparición del Mal en el mundo evoluciona con la historia del pueblo israelí. Según el Génesis, Dios crea el cielo y la tierra del caos y las tinieblas por la potencia de su palabra. Dios crea un mundo "bueno" y no tiene la responsabilidad por el deterioro de su obra maestra, consecuencia de una serie de errores y pecados de los antepasados. El hombre pues, es el resultado de sus propios actos.
Significaría esto que el Mal tenía que ser concebido por Dios en el momento de la creación, si realmente es omnipotente. El árbol del conocimiento del bien y del mal es la prueba de ello. Este árbol da a los humanos la posibilidad de descubrir el árbol de la vida y hacerse inmortal, o sea igual a Dios. Así lo dice el propio Génesis: "Y el Señor Dios dijo: Si el hombre es ya como uno de nosotros, versado en el bien y el mal, ahora sólo le falta echar mano al árbol de la vida, coger, comer y vivir para siempre". Este es el pecado de los hombres: querer ser iguales a Dios. Y Yahvé, expulsándoles del paraíso actúa por egoísmo y por miedo a estos seres que el mismo ha creado.
Según Mircea Eliade, Yahvé es concebido en un sentido antropomórfico: da muestras de poseer cualidades y defectos específicamente humanos: compasión y odio, alegría y tristeza, perdón y venganza, aunque no muestra debilidades y defectos de los dioses homéricos ni tolera ser ridiculizado. Pero la violencia de Yahvé rompe a veces este marco del antopomorfismo. Su ira a veces es tan irracional que parece demoníaca. Esta irracionalidad de sus actos lo aleja de todo "ideal de perfección" en la escala humana, y sin embargo Yahvé se muestra muy estricto respecto a los principios éticos y la moral (Eliade, 1978). Así, Yahvé en la cultura israelí antes del exilio fue percibido como un ser dualista, que con una mano daba las gracias y con otra, las desgracias.
Uno de los escritos bíblicos que con más nitidez muestra las dudas del pueblo israelí sobre la presencia y el triunfo del mal en el mundo es el Libro de Job. En él Dios permite que a Job, un hombre justo y honrado, le caigan varias desgracias, ante las cuales Job al principio se rebela, para luego aceptarlas con resignación. Según Tryggve Mettinger, la lectura del Libro de Job era bastante pesimista, ya que si la lógica de causa - efecto no funciona, el mundo carece de orden moral, por lo que Dios es un criminal. Otra explicación de los sufrimientos de Job es que Dios está ausente, o que ha creado un mundo carente de significado (Mettinger, 1994).
El Libro de Job es el primer escrito bíblico en el que aparece la figura de Satanás, ha - satan, "El Adversario", pero este nombre no parece indicar al que luego vamos a conocer como el diablo. Más que el nombre de uno de los ángeles (luego caídos) parece ser una función en la corte celestial. También Zacarías lo presenta de esta manera.
El Eclesiastés es también considerado generalmente un testimonio de la conmoción provocada por el fracaso de la doctrina de la retribución. Parece que los actos de Dios no tienen explicación; Dios está lejos de los hombres y no se interesa por su suerte.
Otro de los textos del Antiguo Testamento que tiene mucha importancia en la discusión sobre la naturaleza de Dios son las profecías de Isaías. En una de ellas Dios dice al profeta: "Yo hago surgir la Luz y origino las Tinieblas; Yo construyo la Paz y genero el Mal". Parece ser una afirmación del carácter monista del Dios, que a la vez es bueno y malo. Pero a Isaías le debemos también una descripción de la caída de los ángeles. Es Isaías quien nos brinda el nombre de Lucifer, el ángel que intentó alzar su trono por encima de Dios y que en castigo fue arrojado al infierno. De esta manera, la caída de Lucifer, "El que trae la luz", se debe a su orgullo, aunque también existen otras leyendas acerca de ello.
Es probable que la figura de Satán se desarrollara bajo la influencia del dualismo iraní, un dualismo mitigado, eso sí, ya que Satán no coexiste con Dios desde principio, ni tampoco es eterno. Puede ser también que Satán sea el resultado de una escisión de la imagen arcaica de Yahvé, en la que coexistían todos los contrarios, incluido el mal.
El cristianismo desarrolla estas cuestiones, aunque centrándose sobre todo en las causas de la caída de los ángeles y también en el juicio final y sus consecuencias. Así se crean, por ejemplo, las doctrinas que desarrollan la idea del mal como la ausencia del bien; en consecuencia el mal no es inherente a una sustancia que le sea propia, sino que aparece en virtud de la mutilación del alma, idea que encontraremos en San Agustín y Basilio el Grande.
Ya más tarde aparecerán las ideas sobre el mal necesario para el libre albedrío de los hombres. Eso es lo que escribe Milton en su "Paraíso perdido"
El espíritu es su propia morada, en ella puede hacer
De los infiernos el cielo y del cielo un infierno.¿Cómo ven a Dios y al diablo Bulgákov y Goethe?
Goethe nos presenta toda un teodicea en su prólogo en el cielo de "Fausto", una escena inspirada, como admite propio Goethe, en el bíblico Libro de Job. Mefistófeles aparece en el cielo entre los arcángeles, y habla con Dios que se le muestra muy benévolo. Vemos claramente que Dios no repudia al diablo; es más, parece considerarle necesario. "El hombre puede errar mientras se afana", dice Dios, como votando por el libre albedrío de los seres humanos para elegir entre el bien y el mal.
Podrás venirme a ver con libertad:
nunca odié a los demonios como tú.
De todos los espíritus que niegan,
el pícaro es quien menos me molesta.
La actividad del hombre se adormece,
y le gusta el descanso sin estorbos;
por eso es bueno darle un compañero
que empuje y pinche y le haga de demonio.Parece, por lo tanto, que el diablo es necesario para que los hombres se esfuercen en superarse. Ese es el plan divino, que incluso Mefistófeles parece aceptar con resignación. Así podemos interpretar estas palabras que Mefistófeles dice a Fausto:
Parte soy de esa fuerza que pretende
siempre lo malo, y siempre hace lo bueno.Mefistófeles admite aquí que sus propósitos no son nada comparados con la voluntad de Dios, y que muchas veces fallan, muy a pesar suyo. Podemos encontrar en esta afirmación el eco de las antiguas creencias zurvanistas, en las que el malvado dios Ahrimán inconscientemente ayudaba a Ohrmazd atacándole. El diablo no logra nunca enteramente sus propósitos - así podemos resumir el papel que da Goethe al diablo.
El diablo es parte del plan divino, pero no tiene fuerza para oponerse a la voluntad del Dios; éste decide salvar a Fausto a pesar de que el hombre mismo se había condenado. Es, como dice Harold Bloom, una salvación injusta, poco católica y que no encaja en ninguna de las ortodoxias del cristianismo. Al fin y al c